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martes, 24 de noviembre de 2015

10 grandes lecciones que aprender de los niñ@s, no hay maestro pequeño...

Una vez, una madre primeriza le preguntó a Alejandro Jodorowsky cómo debía educar a su hijo, a lo que el artista chileno le respondió sin vacilar: “Deja que él te eduque a ti”. Esta anécdota, más allá del inteligente juego de significados, encierra una gran verdad que en muchas ocasiones se pasa por alto. Y es que los niños tienen mucho que enseñar y los adultos tenemos mucho que aprender. 

Carlos Goñi y Pilar Guembe, en su libro Aprender de los hijos, lo resumen de forma brillante al asegurar que “cada hijo nos trae el mismo mensaje: a partir de ahora, todo va a ser al revés: aprende el que enseña, recibe el que da, queda lleno el que se vacía". 

El poeta inglés George Herbert decía que un padre vale por cien maestros; nosotros pensamos que la frase también se puede aplicar a los hijos”.
Sí, se puede aprender de los hijos, pero también de los niños en general. Incluso podemos reaprender del niño que sigue estando dentro de nosotros. 


Decía Novalis, el gran poeta del romanticismo alemán, que “ahí donde está la infancia se encuentra la edad de oro”. Una edad de oro en la que crecemos, nos desarrollamos y aprendemos con naturalidad, sin ningún esfuerzo. Lo que ocurre es que llega un momento en el que olvidamos aquellos valores y actitudes que teníamos incorporados y que nos hacían descubrir el mundo de una forma apasionada y apasionante. 

Existe un momento en nuestra vida en el que toda actitud infantil es rechazada con frases del tipo “no seas niño” o “parece mentira, es peor el padre que el hijo” y cosas por el estilo que seguro que suenan familiares. Así, poco a poco, estas sanciones verbales van calando en el interior y hacemos eso que solo deberían hacer las frutas, es decir, madurar. Si nos apartamos de nuestra infancia, también lo hacemos de las grandes posibilidades de instruirse, desarrollarse y crecer. Son muchas y variadas las grandes lecciones que se pueden aprender observando a estos pequeños maestros. 

A continuación, 10 de ellas, aunque, como suele pasar con el aprendizaje, sea del tipo que sea, lo mejor es que cada uno observe y saque sus propias conclusiones.


1. Ahora es lo que cuenta. 

Los niños viven el momento con total intensidad, sin reservarse nada para después. Ponen toda su energía, empeño y corazón en lo que están haciendo ahora. Cuando están corriendo, cuando están construyendo una torre de piezas de madera, cuando se bañan en la playa… son capaces de estar inmersos en el presente. Ese es su tiempo y ahí es donde viven, sin dejarse agobiar por pensamientos del pasado ni preocupaciones del futuro que es posible que jamás lleguen.
2. Preguntar aquello que no se sabe.

Sentenciaba Confucio que la verdadera sabiduría está en “saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe”. Sin duda, en la infancia, conscientes de todo aquello que se ignora, no paramos de preguntar y preguntar. No nos da vergüenza admitir que no sabemos esto o aquello con tal de obtener respuestas, y una vez conseguidas aparecen los “por qué” tan temidos por los padres, porque es muy posible acabar en un callejón sin salida o en cuestiones metafísicas. Pero es siendo capaces de preguntarse el porqué de todo como se crece y se sigue adelante.
3. Asombrarse de lo que nos rodea.

Si no se ejercita, la capacidad de asombro disminuye con el paso del tiempo. Y con ella, la creatividad. Pero se puede practicar, podemos obligarnos a que las cosas nos sorprendan. Decía Proust que “la verdadera felicidad no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con otros ojos”. Esos nuevos ojos son los mismos que tuvimos cuando éramos pequeños. Porque si mirásemos el mundo con los ojos de un niño, sería un lugar absolutamente maravilloso y mágico. No habría espacio para las rutinas, ni el aburrimiento, ni la desidia.

4. Caerse es parte del aprendizaje.

Observando lo que ocurre en un parque cualquiera se puede ver con qué naturalidad los niños y niñas que allí juegan se caen y se levantan y se vuelven a caer como si no hubiera pasado nada. Tejanos rasgados, vestidos manchados, alguna pequeña heridilla que requiere de un poco de agua y ya está. El juego continúa. Ellos se caen sabiendo que se van a levantar y que se van a volver a caer. Si de mayor es tan difícil aprender a ir en bicicleta no es por una cuestión de habilidad o equilibrio, es por el miedo que da caer. Y quien dice bicicleta dice cualquier desafío que requiera de superar los miedos propios.
5. Y mancharse también. 

La suciedad asusta. Queremos vivir, pero salir impolutos del intento. Tocamos la comida con cubiertos, nos sacudimos enseguida la arena o la nieve en el abrigo. Los adultos crean un mundo aséptico que huele a consulta de médico y que los alergólogos alertan de que es pernicioso para el desarrollo del sistema inmunitario. Pero además esta cruzada en contra de la suciedad hace tomar distancia del mundo, pero cuando este se vive con total intensidad salpica. Experimentar ensucia. Explorar ensucia. Construir ensucia. Es parte del aprendizaje.


6. Liberados de la obsesión por lo nuevo. 

Ver una película y volver a verla una y otra vez. Querer escuchar ese cuento que ya ha sido contado en cientos de ocasiones. Repetir la misma camiseta porque es su favorita. Los niños reinciden. No están sujetos por la espiral de la novedad constante. Por esa ansia que produce el incesante bombardeo publicitario que dice que lo nuevo es mejor. Son inmunes, aún, a ello. 

7. Seguir el propio instinto. 

Los más pequeños actúan y deciden por instinto. Por instinto se acercan y confían. Por instinto crecen y se desarrollan. Esta conducta en muchas ocasiones es la que da las respuestas correctas. Pero luego aparece el cálculo de posibilidades. El qué pasaría si… La duda constante y, en definitiva, la parálisis por análisis. Debemos reaprender a seguir nuestro instinto.


8. Orgullo de los logros propios. 

“¡Mira, mamá, lo que sé hacer!”. Seguro que esta frase nos suena. Y es que estos grandes maestros no esconden sus progresos. Saben felicitarse cuando tienen que hacerlo, estar alegres por las cosas que aprenden, y son capaces de celebrar sus éxitos y compartirlos con sus seres queridos. Una actitud de entusiasmo por la superación que les lleva a querer conquistar nuevas cimas y afrontar nuevos desafíos. ¿Cuánto hace que no nos felicitamos a nosotros mismos? ¿Cuánto que no somos capaces de compartir un logro personal?



9. Si río, río. Si lloro, lloro. 

Saber expresar los sentimientos y no tener miedo o reparo en ello es una gran lección de inteligencia emocional. Los niños son capaces de llorar en público, de reír a carcajadas, de entregarse a sus emociones. Y no esperan a que les adivinemos los sentimientos. No. Si requieren de un abrazo, de un beso de buenas noches, de un consuelo… lo piden, y así la vida es mucho más sencilla. También son capaces de admitir el miedo o que algo les asusta, y de esta manera, con ayuda, es mucho más sencillo afrontarlos y superarlos.

10. ¿Amigos? 

Hacer amigos es una cuestión de confianza, aceptación, generosidad, espontaneidad… Cuando se es pequeño cuesta muy poco hacer amigos, compartir, jugar, divertirse, explorar juntos. Es una actitud alegre y despreocupada que hace que el mundo sea un lugar menos solitario. ¡Con lo poco que nos cuesta pedir amistad en Facebook y lo duro que se hace decir “¿amigos?” en la vida real! A ellos no.

11. Yo creo. Los niños creen. 

En los Reyes Magos, en las hadas y en cualquier tipo de magia, incluso la propia. ¿Nos suena cuando vienen y tratan de convencernos de que este objeto o este otro tiene propiedades mágicas? Claro, es posible que piensen que eso les hace vulnerables, ingenuos tal vez. Pero ya nos advertía Roald Dahl, el famoso escritor de libros infantiles: “El que no cree en la magia nunca la encontrará”. Sea como sea, la verdadera cuestión es mantenerse despierto a lo desconocido, a las posibilidades, al misterio, a lo que no entendemos. Por ejemplo, abrirnos a la magia de volver a ser niños.

Pequeña lección histórica

Cuando Donato d’Angelo Bramante hubo terminado por fin los planos de la basílica de San Pedro, envió a su hijo de siete años para que se los entregara al papa Julio II. El Papa, satisfecho por el trabajo, puso ante el niño una caja llena de monedas de oro y dijo: “Mete la mano y toma todas las monedas que puedas”. “Creo que será mejor que usted tome las que pueda y se las dé a mi padre”, contestó el niño. “¿Por qué no crees que eres capaz de hacer esto?”. “Sí que me creo capaz, pero usted tiene las manos más grandes”.

Fuentes: GABRIEL GARCÍA DE ORO (elpais.com)
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viernes, 20 de noviembre de 2015

Extraordinario vídeo de obras de arte en 3D interactivas

Art in Island, es el museo en 3D donde los espectadores interactúan con las obras, siendo un reclamo turístico.
Es un museo de arte tridimensional interactivo que invita a los visitantes a formar parte de las obras que se exponen, siendo una experiencia única para disfrutar del arte de una manera diferente, pudiendo ser la parte del cuadro que falta o cambiando el significado del mismo, según como te pongas. 


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lunes, 16 de noviembre de 2015

¿Cómo puedes buscar empleo, sin perder oportunidades, con la aplicación Google Maps?


En la orientación laboral se observa comportamientos que acaban por convertirse en auténtica “comodidad”. Por ejemplo: - “Estaría bien que entregaras curriculums en este polígono que está a las afueras de tu población y que además tiene muchas empresas relacionadas con lo que estás buscando”. 

Respuestas varias: “Ya, pero es que está lejos”, “No tengo coche y no puedo llegar”, “Como está tan apartado nunca encuentro el momento”, “No puedo permitirme el gasto de transporte”. Algunas de las respuestas, como los temas económicos o la falta de transporte, pueden ser más o menos aceptables, mientras otras como la lejanía, a veces a 10-15 minutos de su casa se convierten en una excusa que esgrimen para justificarse.

Finalmente se acaban perdiendo muchas oportunidades por no cubrir un territorio que tienen al lado de casa y la verdad es que es una pena, porque ante la pregunta: “¿Pero si te contratan irías hasta allí?” la respuesta, casi el 100% de las ocasiones es: “Ya encontraría la forma de llegar”. 
Quizá esta debería ser la respuesta siempre si estamos buscando trabajo realmente ¿no? (que nos acerque un amigo, organizar excusión a pie-picnic de todo el día…o cualquier otra idea creativa que se nos ocurra  para ir a dejar nuestro CV).
Hay que agudizar el ingenio de tal forma que no pueda existir una excusa que no hayas explorado ya y que no tenga una alternativa fácil y efectiva. Así pues, cuando se me plantea como algo imposible llegar a un polígono mi propuesta es: “Haz que Google Maps llegue por ti.” ¿Cómo?
Fácil: Abrimos Google Maps y acercamos la vista, usando el zoom, te darás cuenta de que las empresas empiezan a identificarse inmediatamente. Cuanto más acerques el zoom más empresas aparecerán en la vista.

Una vez que tenemos la vista, si hacemos clic encima de los cuadrados que aparecen junto al nombre de la empresa, veremos como a la izquierda de la pantalla aparece toda la información de la empresa: dirección, Web, teléfono y horario.
Con esta información podemos hacer clic encima del nombre de su página Web, entrar en ella y localizar un correo electrónico (generalmente se encuentran al final de la página o en el apartado contactar. 
También podemos mirar si tienen un apartado de “trabaja con nosotros” que nos permita enviar nuestro currículum de forma específica a recursos humanos.

Teniendo en cuenta que el correo electrónico al que estamos accediendo, probablemente es un correo de la empresa que puede o no estar relacionado con recursos humanos. Siempre hemos de adjuntarle un escrito en que se comente que: “en caso de que este no sea el correo al que debo dirigirme, agradecería me facilitara el correo de la persona adecuada”, lo ideal sería obtener el nombre de la persona de recursos humanos, se trata de conseguir oportunidades o contacto con la empresa. 

Otra opción sería llamar por teléfono y pedir el teléfono de recursos humanos y la persona de contacto.

Una vez finalizada esta búsqueda en el polígono en concreto, podemos añadir un repaso “a pie”. Podemos coger el “muñequito” que aparece en el lateral de la pantalla.

Lo arrastramos hasta el polígono y lo dejamos caer.
Podremos ver entonces esta pantalla con la imagen del polígono y es muy importante verificar la fecha de las fotos (no vaya a ser que hayan construido un edificio nuevo y la empresa ya no exista). 

Si la fecha es muy antigua convendría verificar que la empresa que estamos visualizando existe aún en el polígono.
Con el “muñequito” podemos desplazarnos por el polígono (haciendo clic en la calzada) y ver el nombre de algunas empresas (mirando en los carteles que aparecen en las fachadas y haciendo clic en ellos).
En este caso, haremos labor de investigación. Será necesario buscar el nombre de la empresa en Internet y ver si podemos conseguir su teléfono, correo electrónico, página Web, etc.
La idea de este método de búsqueda,que igual muchas personas hace tiempo que ya utilizan, es conseguir llegar a donde uno no puede (por el motivo que sea). Seguramente para los que sigan inmersos en “su comodidad” no será un buen método porque en realidad es una labor detectivesca. 

Aquí tenéis una forma de evitar trasladarse y conseguir los nombres de la mayoría de las empresas de un espacio al que nos puede costar acceder pero que queremos cubrir.

Fuente: Mireia Gargallo (mgargallo@interconexiona.com)
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