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jueves, 8 de septiembre de 2016

¿Qué claves llevan a la desesperación a los parados de larga duración?


Perder el empleo en un país con un 21% de paro es una tragedia por sí misma. Pero la desesperacion de agotar las prestaciones o la impotencia de que nadie conteste a tus solicitudes es todavía más duro de digerir. Cuando por fin, se encuentra un puesto... las condiciones pueden no ser aceptables. 

Éste es el decálogo de la desesperación de un parado de larga duración.
1-La no respuesta. Cuatro de cada diez parados ha enviado más de 10 currículums en los últimos tres meses y sólo siete de cada 100 solicitudes han tenido respuesta, para bien o para mal. Lo señala una encuesta que la OCU ha realizado entre 1.111 españoles de entre 18 y 65 años. 

2-Olvidarse de lo 'suyo'. Trabajar en lo que uno ha tenido experiencia puede llegar a ser una quimera para un parado de larga duración. El 84% de los parados que busca empleo lo hace en sectores que no tienen que ver con lo suyo. Cualquier área profesional es aceptable. 

3-El tiempo que pasa. Más de cuatro millones de españoles se encuentran ahora en una situación de desempleo, un 21 de la población en edad de trabajar. Un millón más si se tienen en cuenta los datos de la EPA. El paro en menores de 25 años supera el 50,9%. Y la situación tiende a perdurar. Más de un tercio de los parados encuestados por la OCU lleva más de tres años sin trabajar, a pesar de buscarlo activamente.  


4-El estrés de la espera. Trabajar supone, en algunos casos, una importante cota de estrés para el trabajador. No tener trabajo, sin embargo, no sólo no elimina esta cota sino que la agrava. Un 20% de los empleados considera que su empleo afecta negativamente a su salud, pero los niveles de estrés, salud o felicidad son bastante peores en el caso de los parados. 

5-El horizonte precario. Cuando una persona lleva mucho tiempo en paro acepta casi cualquier cosa si tiene necesidad de trabajar. La precariedad acecha a los parados cuando, por fin, consiguen reintegrarse en la vida laboral. A la mitad de los encuestados por la OCU les ofrecieron empleos que no llegaban a los 889 euros mensuales de media. A uno de cada cuatro, de menos de 650 euros. En una de cada cinco, ni siquiera se planteó la existencia de un contrato laboral. 

6-Sin red para salir del paso. La opinión de los parados de larga duración sobre la asistencia que se les brinda desde el Estado es más bien nefasta. Consideran que la información y ayuda que reciben es insuficiente y que se ofrecen muy pocos trabajos.

7-Una ayuda escasa. El 66% de los desempleados no recibe ningún tipo de subsidio en la actualidad, pese a que más de un tercio de los encuestados encadena tres años sin trabajar. El otro 34% que sí percibe ayudas, tiene una media de 635 euros al mes. 

8-Cuando las barbas de tu vecino... Otro de los factores que contribuye a la desesperación de los desempleados es comprobar cómo sus familiares, amigos o vecinos que sí trabajan lo hacen ahora por mucho menos que antes. El 27% de los trabajadores ha visto, según la OCU, cómo su salario ha menguado en los últimos cinco años de implacable crisis. Más de la mitad trabaja más horas de las que marca su contrato y dos de cada tres no cobran nada por las horas extra que realizan.


9-El abismo de la falta de formación. Si encontrar trabajo cuando se tiene algún tipo de formación es muy difícil, hacerlo sin ella es toda una quimera. De los encuestados, el salario que se ha ofrecido en las entrevistas que han realizado oscila en función de su nivel de preparación: 771 euros a quien tiene estudios primarios; 878 para quien tiene estudios medios; y 1.036 para quienes cuentan con estudios superiores. Los que no tenían ningún tipo de estudio, aspiraron a mucho menos. 

10-El lujo del 'mileurismo'. "Para los parados el mileurismo es un lujo y la precariedad se ha instalado con fuerza entre quienes han perdido su empleo o nunca lo han tenido", denuncia la OCU.





  • Fuente: Marcos Iriarte (elmundo)
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    lunes, 20 de junio de 2016

    ¿Cómo evitar a las personas tóxicas que te complican la vida?, aquí tienes un Decálogo.


    Celosos, paranoicos, infantiles, egoístas y, en definitiva, asfixiantes. Las denominadas personalidades tóxicas son muchas y variadas, pero todas coinciden en que no aportan nada positivo a una relación, ya sea sentimental, de amistad, laboral o, incluso, familiar.

    Más bien, destruyen cualquier intento de crear vínculos sanos y mínimamente cordiales. Suelen traer consigo los malos rollos, todo les molesta, terminan por absorberte psíquicamente porque te requieren sólo para ellos, vacían tu cartera, no paran de pedir y, principalmente, te manipulan.

    Lo más peligroso de estas personas, como advierte el psicólogo Albert J. Bernstein, autor de Vampiros emocionales (Edaf), es que nos roban la energía y apenas nos dejan respirar sin que ni siquiera nos demos cuenta.

    Y es que son expertos en entablar relaciones hiperabsorbentes y maestros del arte de intoxicar, como su propio nombre indica. Por tanto, no es fácil identificarlos a primera vista, y muchas veces no reparamos en su personalidad hasta que comprobamos que después de estar con ellos siempre se repiten las mismas sensaciones negativas: agotamiento, frustración, estrés o alivio por estar solos.

    En muchas ocasiones, somos nosotros mismos los que nos autoengañamos negando que sean ‘vampiros emocionales’ porque se trata de nuestra pareja, de un familiar o un amigo. “Será cosa mía” o “puede ser mi culpa” son pensamientos que no hacen más que prolongar una relación insana. Tanto, como para que los demás te pierdan el respeto, se aprovechen de ti y abusen de tu confianza.

    La fábrica moderna del ‘homo manipulador’

    El psicoanalista y divulgador francés Dominique Barbier explica en La fabrique de l’homme pervers (Odile Jacob) por qué vivimos en un contexto propicio para la propagación de este tipo de personalidades tóxicas. Una incipiente ola de neomaquiavelismo a la que es preciso poner freno para, al menos, ganarse el aprecio y el respeto de quien nos rodea.




     "Después de estar con ellos siempre se repiten las mismas sensaciones negativas: 
    agotamiento, frustración, estrés o alivio por estar solos"



    “Las personalidades tóxicas también son contagiosas y contribuyen a que se generalice una especie de paranoia social”, utilizándonos los unos a los otros como si fuésemos las piezas de un tablero que, cuando dejan de servir a nuestros fines, simplemente dejamos de lado.

    Para evitarlo, hay una serie de indicios, a modo de Decálogo, para identificar y reconocer a las personas tóxicas a primera vista.

    1. Los amigos tóxicos tienen una gran capacidad psicológica, adivinan los temores y fantasmas de sus presas para saber cómo seducir a sus víctimas. Primero nos hacen creer que, con ellos, todo es posible, para luego manipularnos a su antojo. Como buenos manipuladores que son, saben adaptar su comportamiento, pero también sus principios y valores, en función de sus víctimas.

    2. Saben darle la vuelta a una situación con mucha habilidad, llegando a presentarse como víctimas cuando en realidad son verdugos. Se trata de una falsa victimización, con el objetivo de seducir y limpiar el terreno para servirse de los demás cuando lo necesiten.

    3. Son expertos en deformar la realidad mediante las mentiras parciales y el juego del doble lenguaje, puesto que controlar el discurso es una forma de controlar el pensamiento. Pueden mezclar insultos y halagos amables en la misma frase sin apenas inmutarse.

    4. Son como depredadores, vampiros que no respetan la autonomía de los demás y les imponen sus propios criterios. Si al estar con ellos, una y otra vez nos sentimos cansados mentalmente, entonces debemos tomar nota porque es una alarma de que estamos siendo intoxicados.

    5. No tienen principios o estos varían en función de sus objetivos o contexto y tratan de que los demás se alejen de su particular escala de valores.

    6. Son impermeables a la culpabilidad y logran que seamos nosotros quienes nos sintamos mal.

    7. Son excelentes estrategas, pacientes y constantes hasta que consiguen sus objetivos, pero poco creativos.

    8. Les gusta sembrar la duda sobre las cualidades y las competencias de los demás para descalificarlos y eliminar su autoestima.

    9. Esconden una incoherencia entre su discurso y su comportamiento: por un lado se llena la boca con propuestas altruistas, mientras que luego actúan sólo en base a su interés personal.  
      
    10. Los tabúes morales no existen para los “buenos intoxicadores”, puesto que conciben a los demás no como una persona digna de respeto o compasión, sino sólo como un objeto más o menos útil.



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