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El que conoce el arte de vivir consigo mismo, ignora el aburrimiento

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Disfruta con lo que haces, sin que sea un sacrificio

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La mejor forma de predecir el futuro es creándolo

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La fuerza no proviene de la capacidad física, si no de la voluntad del alma

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La vida son los lugares que nos quitan la respiración

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martes, 28 de junio de 2016

Magnífico corto educativo que enseñará tanto a tus hijos como a ti, a controlar las emociones: Solo respira


No sólo los adultos pueden estar estresados, dolidos o irritados. Como todas las personas, los niños y niñas son propensos a sufrir estas emociones y sus síntomas.

Afrontar un mundo que aún no comprenden, no conseguir satisfacer sus caprichos y cumplir con una apretada agenda académica y extraescolar pueden hacer que se frustren y sus emociones estén a flor de piel.

Es entonces cuando es más fácil sufrir un ataque de ira y tremendas rabietas, golpear a un amigo o familiar o perder el control.



Solo respira, es un original cortometraje en el que varios chic@s hablan de sus emociones y de cómo se sienten cuando se enfadan, para presentarnos un buen ejercicio para volver a la calma.

La idea surgió cuando Julie Bayer Salzman y Josh Salzman escucharon a su hijo de 5 años hablar con un amigo sobre cómo sus emociones afectaban a su cabeza y cómo se calmaba respirando, un excelente ejercicio valido tanto para niños, como para adultos.


Fuente: Kike Pérez
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miércoles, 23 de marzo de 2016

Magnífico Cortometraje educativo animado: Motivación con David Fischman

¿Cómo puedo motivarme a mí mismo para tener más energía y estar más realizado en la vida diaria? 

Nos enseña didácticamente cómo impulsarla en nosotros mismos y en nuestros compañeros en el ámbito laboral y cómo podemos motivar a nuestros hijos en sus estudios. 


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martes, 24 de noviembre de 2015

10 grandes lecciones que aprender de los niñ@s, no hay maestro pequeño...

Una vez, una madre primeriza le preguntó a Alejandro Jodorowsky cómo debía educar a su hijo, a lo que el artista chileno le respondió sin vacilar: “Deja que él te eduque a ti”. Esta anécdota, más allá del inteligente juego de significados, encierra una gran verdad que en muchas ocasiones se pasa por alto. Y es que los niños tienen mucho que enseñar y los adultos tenemos mucho que aprender. 

Carlos Goñi y Pilar Guembe, en su libro Aprender de los hijos, lo resumen de forma brillante al asegurar que “cada hijo nos trae el mismo mensaje: a partir de ahora, todo va a ser al revés: aprende el que enseña, recibe el que da, queda lleno el que se vacía". 

El poeta inglés George Herbert decía que un padre vale por cien maestros; nosotros pensamos que la frase también se puede aplicar a los hijos”.
Sí, se puede aprender de los hijos, pero también de los niños en general. Incluso podemos reaprender del niño que sigue estando dentro de nosotros. 


Decía Novalis, el gran poeta del romanticismo alemán, que “ahí donde está la infancia se encuentra la edad de oro”. Una edad de oro en la que crecemos, nos desarrollamos y aprendemos con naturalidad, sin ningún esfuerzo. Lo que ocurre es que llega un momento en el que olvidamos aquellos valores y actitudes que teníamos incorporados y que nos hacían descubrir el mundo de una forma apasionada y apasionante. 

Existe un momento en nuestra vida en el que toda actitud infantil es rechazada con frases del tipo “no seas niño” o “parece mentira, es peor el padre que el hijo” y cosas por el estilo que seguro que suenan familiares. Así, poco a poco, estas sanciones verbales van calando en el interior y hacemos eso que solo deberían hacer las frutas, es decir, madurar. Si nos apartamos de nuestra infancia, también lo hacemos de las grandes posibilidades de instruirse, desarrollarse y crecer. Son muchas y variadas las grandes lecciones que se pueden aprender observando a estos pequeños maestros. 

A continuación, 10 de ellas, aunque, como suele pasar con el aprendizaje, sea del tipo que sea, lo mejor es que cada uno observe y saque sus propias conclusiones.


1. Ahora es lo que cuenta. 

Los niños viven el momento con total intensidad, sin reservarse nada para después. Ponen toda su energía, empeño y corazón en lo que están haciendo ahora. Cuando están corriendo, cuando están construyendo una torre de piezas de madera, cuando se bañan en la playa… son capaces de estar inmersos en el presente. Ese es su tiempo y ahí es donde viven, sin dejarse agobiar por pensamientos del pasado ni preocupaciones del futuro que es posible que jamás lleguen.
2. Preguntar aquello que no se sabe.

Sentenciaba Confucio que la verdadera sabiduría está en “saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe”. Sin duda, en la infancia, conscientes de todo aquello que se ignora, no paramos de preguntar y preguntar. No nos da vergüenza admitir que no sabemos esto o aquello con tal de obtener respuestas, y una vez conseguidas aparecen los “por qué” tan temidos por los padres, porque es muy posible acabar en un callejón sin salida o en cuestiones metafísicas. Pero es siendo capaces de preguntarse el porqué de todo como se crece y se sigue adelante.
3. Asombrarse de lo que nos rodea.

Si no se ejercita, la capacidad de asombro disminuye con el paso del tiempo. Y con ella, la creatividad. Pero se puede practicar, podemos obligarnos a que las cosas nos sorprendan. Decía Proust que “la verdadera felicidad no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con otros ojos”. Esos nuevos ojos son los mismos que tuvimos cuando éramos pequeños. Porque si mirásemos el mundo con los ojos de un niño, sería un lugar absolutamente maravilloso y mágico. No habría espacio para las rutinas, ni el aburrimiento, ni la desidia.

4. Caerse es parte del aprendizaje.

Observando lo que ocurre en un parque cualquiera se puede ver con qué naturalidad los niños y niñas que allí juegan se caen y se levantan y se vuelven a caer como si no hubiera pasado nada. Tejanos rasgados, vestidos manchados, alguna pequeña heridilla que requiere de un poco de agua y ya está. El juego continúa. Ellos se caen sabiendo que se van a levantar y que se van a volver a caer. Si de mayor es tan difícil aprender a ir en bicicleta no es por una cuestión de habilidad o equilibrio, es por el miedo que da caer. Y quien dice bicicleta dice cualquier desafío que requiera de superar los miedos propios.
5. Y mancharse también. 

La suciedad asusta. Queremos vivir, pero salir impolutos del intento. Tocamos la comida con cubiertos, nos sacudimos enseguida la arena o la nieve en el abrigo. Los adultos crean un mundo aséptico que huele a consulta de médico y que los alergólogos alertan de que es pernicioso para el desarrollo del sistema inmunitario. Pero además esta cruzada en contra de la suciedad hace tomar distancia del mundo, pero cuando este se vive con total intensidad salpica. Experimentar ensucia. Explorar ensucia. Construir ensucia. Es parte del aprendizaje.


6. Liberados de la obsesión por lo nuevo. 

Ver una película y volver a verla una y otra vez. Querer escuchar ese cuento que ya ha sido contado en cientos de ocasiones. Repetir la misma camiseta porque es su favorita. Los niños reinciden. No están sujetos por la espiral de la novedad constante. Por esa ansia que produce el incesante bombardeo publicitario que dice que lo nuevo es mejor. Son inmunes, aún, a ello. 

7. Seguir el propio instinto. 

Los más pequeños actúan y deciden por instinto. Por instinto se acercan y confían. Por instinto crecen y se desarrollan. Esta conducta en muchas ocasiones es la que da las respuestas correctas. Pero luego aparece el cálculo de posibilidades. El qué pasaría si… La duda constante y, en definitiva, la parálisis por análisis. Debemos reaprender a seguir nuestro instinto.


8. Orgullo de los logros propios. 

“¡Mira, mamá, lo que sé hacer!”. Seguro que esta frase nos suena. Y es que estos grandes maestros no esconden sus progresos. Saben felicitarse cuando tienen que hacerlo, estar alegres por las cosas que aprenden, y son capaces de celebrar sus éxitos y compartirlos con sus seres queridos. Una actitud de entusiasmo por la superación que les lleva a querer conquistar nuevas cimas y afrontar nuevos desafíos. ¿Cuánto hace que no nos felicitamos a nosotros mismos? ¿Cuánto que no somos capaces de compartir un logro personal?



9. Si río, río. Si lloro, lloro. 

Saber expresar los sentimientos y no tener miedo o reparo en ello es una gran lección de inteligencia emocional. Los niños son capaces de llorar en público, de reír a carcajadas, de entregarse a sus emociones. Y no esperan a que les adivinemos los sentimientos. No. Si requieren de un abrazo, de un beso de buenas noches, de un consuelo… lo piden, y así la vida es mucho más sencilla. También son capaces de admitir el miedo o que algo les asusta, y de esta manera, con ayuda, es mucho más sencillo afrontarlos y superarlos.

10. ¿Amigos? 

Hacer amigos es una cuestión de confianza, aceptación, generosidad, espontaneidad… Cuando se es pequeño cuesta muy poco hacer amigos, compartir, jugar, divertirse, explorar juntos. Es una actitud alegre y despreocupada que hace que el mundo sea un lugar menos solitario. ¡Con lo poco que nos cuesta pedir amistad en Facebook y lo duro que se hace decir “¿amigos?” en la vida real! A ellos no.

11. Yo creo. Los niños creen. 

En los Reyes Magos, en las hadas y en cualquier tipo de magia, incluso la propia. ¿Nos suena cuando vienen y tratan de convencernos de que este objeto o este otro tiene propiedades mágicas? Claro, es posible que piensen que eso les hace vulnerables, ingenuos tal vez. Pero ya nos advertía Roald Dahl, el famoso escritor de libros infantiles: “El que no cree en la magia nunca la encontrará”. Sea como sea, la verdadera cuestión es mantenerse despierto a lo desconocido, a las posibilidades, al misterio, a lo que no entendemos. Por ejemplo, abrirnos a la magia de volver a ser niños.

Pequeña lección histórica

Cuando Donato d’Angelo Bramante hubo terminado por fin los planos de la basílica de San Pedro, envió a su hijo de siete años para que se los entregara al papa Julio II. El Papa, satisfecho por el trabajo, puso ante el niño una caja llena de monedas de oro y dijo: “Mete la mano y toma todas las monedas que puedas”. “Creo que será mejor que usted tome las que pueda y se las dé a mi padre”, contestó el niño. “¿Por qué no crees que eres capaz de hacer esto?”. “Sí que me creo capaz, pero usted tiene las manos más grandes”.

Fuentes: GABRIEL GARCÍA DE ORO (elpais.com)
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martes, 9 de junio de 2015

¿Cuáles son libros de psicología que te conectan con la inteligencia emocional?


Recopilación de algunas de las obras más destacadas en inteligencia emocional para ayudarte a ti, en la educación de los niños y en la mejora en la forma en la que te comunicas, relacionas y estableces metas positivas con los demás.

Cómo hablar para que los niños escuchen. Y cómo escuchar para que los niños hablen

Adele Faber y Elaine Mazlish proponen en Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y escuchar para que sus hijos le hablen, consejos prácticos para mejorar la comunicación familiar. 

educacion niños siquia

El libro complementa los ejercicios con ilustraciones para explicar en detalle su propuesta y facilitar la puesta en práctica de los ejercicios planteados para reducir el estrés, promover la apertura, la fluidez de la comunicación, eliminar la rabia, decepciones, gestión de las expectativas, establecimiento de límites… 

Una obra interesante para padres, hijos, familias y educadores. 

Educar con inteligencia emocional  

Tomando como base los cinco principios básicos del libro Inteligencia emocional de Daniel Goleman, Maurice J. Elias, Steven E. Tobias y Brian S. Friedlander cuentan en Educar con inteligencia emocional cómo aplicar los métodos expuestos por Daniel Goleman en la educación infantil. 
libros inteligencia emocional siquia

Para ello, el libro recoge sugerencias, actividades y consejos prácticos para ayudar a los padres a utilizar sus emociones del modo más positivo en asuntos tan cotidianos como las riñas entre hermanos, las relaciones con los amigos, los conflictos dentro y fuera de casa, los problemas en el colegio y la relación familiar dentro de los hogares. 

Las gafas de la felicidad. Descubre tu fortaleza emocional

Rafael Santandreu es conocido por su obra El arte de no amargarse la vida. 

En Las gafas de la felicidad, el autor  ofrece a sus lectores un método práctico, accesible para aprender a superar con éxito los problemas y las complejidadses del día a día, pero que a menudo nos convierten en seres infelices. 
libro las gafas de la felicidad
Como dice el título, Santandreu te invita a descubrir tu fortaleza emocional con ejemplos sencillos con los que te sentirías identificados y que sirven también para resolver dificultades más complejas como entender la ansiedad, resolver miedos, complejos infundados, malestar, mala comunicación, desazón, enfados continuados,… 

A través de un método basado en la psicología positiva, Rafael Santandreu presenta una obra llena de ejemplos y gráficos con respuestas para poner en práctica.

Fuente: Siquia
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sábado, 7 de febrero de 2015

Inteligencia Emocional: Ésta es la clave para que tus hijos triunfen en el futuro

La empatía es la llave del éxito que ya poseen los emprendedores sociales y que es necesario estimular desde las edades más tempranas

Si te preocupa que tu hijo no saque buenas notas en inglés; le cuesta resolver los problemas de matemáticas o no acaba de aprender la tabla periódica, no te alarmes. Todo ello son cuestiones secundarias en la formación de los pequeños. Hay cosas más importantes en las que debe brillar desde las edades más tempranas. Una habilidad que le va a permitir ser un buen profesional y triunfar en la vida. ¿Quieres saber cuál es? La empatía.
«Si tu jefe o tu compañero de trabajo no es empático, no querrás trabajar con él; crecer con él, seguir sus pasos… En definitiva, no son buenos líderes», explica Ana Sáenz de Miera, directora de Ashoka en España y Portugal, la mayor red de emprendedores sociales del mundo. De ahí la importancia de ser empáticos. «Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro», dice la RAE, es decir, la capacidad de una persona de ponerse en el lugar del otro.
¿Y por qué es más importante la empatía que hablar un idioma? «Lo único que sabemos del futuro - explica Ana Sáenz de Miera- es que vamos a seguir trabajando con personas. Por tanto, tendremos que organizarnos, trabajar en equipo, ser líderes, creativos… Y todo ello solo es posible si trabajamos la empatía, una habilidad con la que todos nacemos pero que hay que practicar y estimular. De lo contrario, no conseguiremos nada».
El mercado laboral ha cambiado y las necesidades profesionales también. No sabemos si en un futuro se necesitarán más médicos, profesionales en TIC o profesores y también es cierto que la organización empresarial está cambiando: las grandes organizaciones ya son historia y las startups y emprendedores pisan cada vez más fuerza. «Se trata de un cambio de ‘chip’ en la mentalidad de la sociedad que acabaremos viendo», afirma Sáenz de Miera.

Empatía con acción


Pero no sólo hay que ser capaces de ponerse en el lugar del otro. Sino de hacer algo por mejorar esa situación. ¿Nadie se acuerda de cuando el ébola era solo una cuestión en África? ¿Algún español era capaz de ponerse en la situación de un guineano? ¿De los voluntarios de Médicos Sin fronteras que, por ejemplo, trabajan desde hace tiempo contra el virus? Hasta que no llegó a España, los españoles no nos pusimos en acción. Y lo mismo ha pasado en otros países. Ahora, el objetivo es conseguir que la epidemia del Ébola no se convierta en una crisis de salud mundial a largo plazo. Y en ello estamos.
Precisamente de eso se trata. De la empatía en acción. «Porque, de lo contrario, no vale de nada», reseña la directora de Ashoka. «Todos los emprendedores sociales tienen un alto grado de empatía», asegura, puesto que son capaces de detectar un problema y de ponerse en marcha para solucionarlo. A gran escala, podríamos seguir hablando del virus Ébola pero, a pequeña, Ana Sáenz de Miera ejemplifica: «Un grupo de emprendedores que monta una empresa pensando en la necesidad que tiene el parque del barrio de que tenga agua».
Familias, colegios, profesionales de la educación y la sociedad en general son los responsables de este cambio social cuyas raíces se sitúan en Toronto, Canadá, en 1996. Allí, Mary Gordon puso en marcha el programa «Raíces de la Empatía» en colegios, principalmente con alumnos conflictivos, para reducir niveles de violencia y agresión estudiantil y promover comportamientos sociales que aumentasen los niveles de empatía, tal y como explica su fundación «Roots of Empathy».

Un bebé para ser empáticos


En cada aula, siguiendo las indicaciones de Gordon, se trabaja con un bebé, que actúa de «laboratorio emocional» para los estudiantes. Como estos no articulan palabra, los alumnos aprenden a identificar si el bebé está contento, triste, por qué llora… De esta manera, los niños aprenden a reconocer sus propios sentimientos, para después ser capaces de explicarse, y comprender cómo sus acciones afectan a los sentimientos de quienes les rodean.
Los resultados son realmente asombrosos: se reducen las actitudes violentas en el aula, los niños comprenden las emociones de sus compañeros, aumenta la capacidad de integración de los menores y desarrollan otras habilidades.
«Las empresas no demandan un buen electricista sino a alguien que sepa trabajar en equipo. En definitiva, buenas personas que, al final, son buenos profesionales porque el que es capaz de ser un buen líder, de trabajar en equipo, etc., gracias a la empatía, será la persona más feliz del mundo y obtendrá éxito», asegura Ana Sáenz de Miera.
¿Es tu jefe una persona empática? «Si es un gran líder, si es una persona capaz de desarrollar la empatía, su equipo le seguirá. De lo contrario, acabará cayendo», explica. Muchos ya han caído. Otros caerán porque, al fin y al cabo, las empresas las forman las personas.

El futuro está en la educación


Y para que cada vez haya mejores personas dirigiendo equipos y compañías, hay que «educar con éxito», recuerda directora de Ashoka en España y Portugal, que además es madre, y por esta razón están trabajando ya para que la empatía se trabaje en los colegios de España (aunque en Canarias existe una asignatura obligatoria), junto a otro tipo de habilidades y de forma transversal, como ya hacen muchos centros educativos de Reino Unido, Canadá, Alemania o Irlanda.
Sólo así conseguiremos tener en el futuro buenos profesionales, capaces de trabajar en equipo, buenas personas, preocupadas por los problemas sociales… «Las ventajas competitivas tradicionales ya no son suficientes», escribía en su blog la antigua directora general de ING DirectCarina Spinka, una defensora de la empatía, que habla de «Adaptive Advantage», es decir, «la capacidad de identificar rápido las señales del entorno, capacidad de experimentar, capacidad de conectar con las personas y con la sociedad, etc. Y cómo no, la necesidad de generar ‘Adaptive leaders’ como clave para desarrollar estas nuevas dimensiones estratégicas en las organizaciones. 
Personas que favorecen que se experimente en su organización, que gestionan el entorno y no se dejan gestionar por él, que buscan multitud de opiniones y no sólo la suya y con mucha, mucha empatía y un claro sentido del propósito».
Fuente: Ana Martínez (abc)
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miércoles, 31 de diciembre de 2014

La educación en valores: la principal asignatura de la vida

Hay que educar a los hijos y conseguir que en el equipo de trabajo se deje de decir ‘es que’ y se traduzca en ‘hay que’.

La educación en valores

Educar en valores es una misión que tenemos todos los que educamos, amamos, jugamos o interactuamos con niños, adolescentes y adultos. La educación en valores no se limita a la educación de niños, sino que es un eje transversal para el resto de nuestras vidas.

Cada vez que alguien se convierte en padre inicia su labor de educar en valores. Es el momento de responsabilizarse de la educación para minimizar el impacto de otras fuentes de influencia sobre el niño. Profesores y entrenadores también tendrán en este campo una gran responsabilidad.

No siempre coincidirán las escalas de valores que compartimos en casa con las que los niños reciben en otros ámbitos educativos. Los valores son frutos de la educación, el ambiente, las amistades o las circunstancias que nos rodean a todos.

En una familia, lo que es importante es decidir qué valores quieres para tu hijo y poder construir y cimentar vuestra escala de valores.

Crisis de valores

Estamos ante una crisis en la que padres y educadores conviven con las consecuencias nocivas de una educación sin valores.

Faltas de respeto o de disciplina, denuncias en el propio seno familiar, violencia física y verbal, acoso por las redes sociales y un largo etcétera describen una vida sin límite. Límites o ausencia de los mismos, cuyas consecuencias pueden condicionar la vida desde una edad temprana.

Debemos alejarnos de los estilos autoritarios o sobreprotectores que impiden educar con paciencia, rigor y rutina.

Los niños necesitan una misma dirección y que todos eduquemos con una base similar. La coherencia es importante para no despistar y desorientar al niño con lo que sí o con lo que no está permitido. Tenemos que tener claro qué queremos y hacia dónde vamos. Si no sabemos “el qué” no podemos practicar “el cómo”.

Acompañar y apoyar como padres a nuestros hijos en su crecimiento personal, educativo, deportivo y emocional implica la educación práctica de los valores que posibilitarán ese crecimiento.

De la misma manera que os preocupáis de que lleven los deberes hechos, de que se laven las manos antes de comer o de que se abriguen en invierno, os tenéis que preocupar diariamente de la educación en valores.

No vale con decir “tienes que ser respetuoso”. Debemos animar al niño y educarle en lo que hace mal, y reforzar todas las conductas apropiadas con el fin de que las repita. Tiene que ver, en sus figuras adultas de referencia -padres, hermanos y abuelos-, esa coherencia entre lo que se les pide a ellos y lo que hacen.

¿Cuántas veces se ha dicho que los niños son esponjas? Una forma de educar, además del ejemplo, es la lectura de cuentos sobre valores que les hagan pensar.

Es una propuesta abierta para que, con iniciativa, decidáis, según vuestras necesidades, qué valores y en qué orden se trabajan. Tenéis además que adaptarlos a la edad de cada miembro de la familia. El reto es trabajar los valores en familia.

Tipos de valores

Es importante tener en cuenta que existen:

-Valores intrapersonales, que analizan el propio comportamiento y sus consecuencias. Por ejemplo, el respeto o la perseverancia.

-Valores interpersonales, que favorecen la convivencia con los demás. Por ejemplo, ser tolerante o generoso.

-Valores ambientales, que fomentan la responsabilidad y el respeto con el entorno. Por ejemplo, la responsabilidad con conductas de reciclado, no mal usar recursos como el agua, la luz o la calefacción o no dejar residuos en la naturaleza.

12 meses, 12 valores

A partir de esta clasificación, preparad vuestra lista de valores.

Os proponemos 12 valores: uno para cada mes de este nuevo año.

Enero: Respeto
Febrero: Cooperación
Marzo: Diálogo
Abril: Humildad
Mayo: Paciencia
Junio: Sinceridad
Julio: Responsabilidad
Agosto: Tolerancia
Septiembre: Esfuerzo
Octubre: Creatividad
Noviembre: Amistad
Diciembre: Generosidad

Quedan muchos más: prudencia, justicia, igualdad, honestidad, autonomía, gratitud…

Utilizad la creatividad: podéis diseñar tablas, cartulinas, collages. Tratad de que el resultado esté a la vista para que facilite el entrenamiento del valor.

Pasos para elaborar la tabla

- Anota el valor que hay que trabajar.
- Dedica espacio a cada miembro de la familia, incluidos vosotros, los padres.
- Define el valor y pon ejemplos para que el niño lo asimile.
- Id anotando cada paso que dais en relación al valor. Apuntad los logros.
- Si queréis reforzar el trabajo, pintad o pegad recortes que ilustren cómo se ha sentido el niño cuando cumple con el valor elegido.
- Anotad el refuerzo que se da a cada miembro de la familia. Se puede hacer una lista de palabras de agradecimientos, gestos o premios conseguidos.
- Hablad en el día a día de ejemplos de personas que practican los valores. Cuéntales historias que ocurren y pregúntales cómo actuarían ellos. No en grandes sermones, porque no los escuchan.

Los padres deseamos hijos que sean personas de bien, y para ello tienes que implicarte en la educación en valores. No olvidemos que sin valores no se puede vivir ni convivir.

Alguna bibliografía de interés sobre valores

A continuación os dejamos títulos de libros que educan en valores que os pueden ayudar en vuestra labor, ésta lista está abierta a otros libros.

- Valores para la convivencia.
- Valores de oro.
- El gran libro de Cuentos con valores.
- Cuentos para educar niños felices.
- Cuentos para sentir: educar en emociones.
- Cuentos para sentir: educar en sentimientos.
- Cuentos para educar con Inteligencia emocional.


Fuente: Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas (elportaldelhombre.com)
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miércoles, 20 de agosto de 2014

Educa a tu hijo, sin llegar a la sobreprotección...


Una de las tareas difíciles a las que se enfrentan los padres cuando educan a sus hijos es evitar sobreprotegerles y darles dependencia para que puedan ir enfrentándose a la vida por ellos mismos desde  pequeños. Queremos lo mejor para nuestros hijos y a veces, no somos conscientes, de que protegerles o cuidarles demasiado sólo va a traer consecuencias negativas para el pequeño a largo plazo.

El desarrollo emocional de nuestros hijos depende en gran medida del afecto, los cuidados y la atención que recibe de los padres.

Una conducta protectora desmesurada sólo puede traer problemas de madurez e inseguridad en nuestros hijos a largo plazo.

Cómo educar sin sobreproteger

1- Deja que tus hijos disfruten de cierta autonomía y se enfrenten solos a las dificultades, de acuerdo a su edad. Debes dejarle que se equivoquen alguna vez, a que se adapte al entorno y desarrollar habilidades por sí mismo.

2- No les atosigues ni quieras controlar todo lo que hacen. Evita hacer un exceso de preguntas o preocupaciones por su salud o bienestar que estén fuera de lugar.

3- Fomenta que aprenda a pensar por él mismo y llegue a conclusiones. Deja que asuma nuevas retos, hazle sugerencias y ten en cuenta su opinión siempre, ofrécele alternativas y que se pare a pensar en cada una de ellas,  para que de esta forma pueda opinar por él mismo. Nosotros como padres, valoraremos sus puntos de vista.


4- Potencia sus relaciones sociales, que tenga amigos y quiera conocer gente fuera de su hogar. Planea meriendas con sus compañeros de clase, sugiérele que vaya a jugar con sus amigos y sin supervisión de adultos. Debemos permitir que pasen tiempo y estrechen lazos con otras personas que no sean sólo los padres como, por ejemplo, sus compañeros de clase, sus abuelos, sus primos…es una forma de conseguir independencia.

5- No darle todo lo que pida, ya que debe de aprender que en la vida no se va a conseguir siempre lo que uno quiera y además así aprenderá a calibrar mejor los fracasos desde una edad temprana. Muéstrale el valor del esfuerzo y las enseñanzas que se pueden obtener de la frustración y las dificultades que hay en la vida.

6- Apóyale pero no soluciones sus problemas por él ni hagas sus tareas. El papel de los padres es apoyar a sus hijos desde su experiencia pero jamás deben de solucionarles sus problemas, podemos guiarles pero no enfrentarnos por ellos a los problemas que puedan surgirles.

7- Tratarle de acuerdo a su edad. Si tiene diez años no le trates como si tuviera cinco o seis, esto quiere decir, que como padres debemos adaptarnos y tener en cuenta los cambios naturales de nuestros hijos. Permítele que coma solo o se vista cuando ya sea capaz de hacerlo, por ejemplo.
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miércoles, 11 de junio de 2014

10 Fallos al educar a los hijos...

Todos cometemos fallos a la hora de educar a los hijos.
Vamos a resaltar de un modo general los 10 fallos 
más habituales que se suelen cometer como padres.



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