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El que conoce el arte de vivir consigo mismo, ignora el aburrimiento

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Disfruta con lo que haces, sin que sea un sacrificio

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La mejor forma de predecir el futuro es creándolo

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La fuerza no proviene de la capacidad física, si no de la voluntad del alma

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La vida son los lugares que nos quitan la respiración

martes, 30 de septiembre de 2014

Emotivo Corto: Los colores de las flores


Spot de la ONCE, en el que se aboga por la inclusión
 en el sistema educativo de los niños invidentes...


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jueves, 25 de septiembre de 2014

Tierno montaje audiovisual del libro por cuatro esquinitas de nada.

Bello cuento animado para niños y adultos 
que trata sobre la educación en las diferencias. 
La integración y la diversidad... Un vídeo que permite la reflexión.


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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Maravilloso Cortometraje Educativo: El viaje de María


El viaje de María es un cortometraje de animación realizado por el dibujante Miguel Gallardo, padre de una hija con autismo.
El viaje de María es una pequeña excursión al mundo interior de una adolescente con autismo, un viaje lleno de color, amor, creatividad y originalidad, que nace en el recorrido de unos padres que ven cómo su hija se comporta de una manera especial hasta confirmar el diagnóstico: autismo.


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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Interesantes estudios sobre la felicidad y nuestro entorno.


  1. La felicidad activa todo el cuerpo
Al contrario de lo que sucede con los pensamientos, las emociones no residen en la mente, sino que están asociadas a sensaciones en el cuerpo.

Gracias a un nuevo estudio, por primera vez contamos con un mapa que ilustra la relación entre las emociones y las sensaciones en el cuerpo.

Lo que revela el estudio es que la felicidad es la única emoción cuya activación se refleja en todo el cuerpo, incluso en las piernas. Esto podría explicar que las personas felices tengan mayor predisposición para saltar a la acción.

  1. La felicidad cambia el código genético
La felicidad, además de ser una sensación muy agradable, también beneficia considerablemente nuestro código genético.

Se ha demostrado que las personas que experimentan un nivel mayor de felicidad poseen un sistema inmunitario más saludable. 

Así, las células responsables de defender el cuerpo contra las enfermedades están presentes en mayor medida en personas que se sienten felices con sus vidas.


  1. Ayudar a los demás, nos hace feliz
Una mayor cohesión social como participar en programas de voluntariado o ayudar a las personas que nos rodean en el día a día nos hace sentir más competentes.

Esta sensación de competencia a su vez mejora nuestra autoestima, y consecuentemente nos hace sentir más felices.

  1. Actuar de forma extrovertida...
Un estudio reciente sugiere que las personas, incluso las que son introvertidas por naturaleza, exponen sentir emociones más positivas en situaciones en las que actúan o se sienten más extrovertidas.


  1. La felicidad se contagia online
Las emociones expresadas online (pero también en la vida real), tanto positivas como negativas, son contagiosas según las conclusiones de un nuevo estudio realizados sobre Facebook.

Además, las emociones positivas resultaron ser más contagiosas que las negativas.


  1. La influencia de la edad...
Las personas mayores son capaces de disfrutar en mayor medida de las experiencias relativamente ordinarias que las personas más jóvenes.

Disfrutan simplemente pasando tiempo con su familia o dando un paseo en el parque por ejemplo. Las personas jóvenes, en cambio, buscan experiencias más extraordinarias o estimulantes.

  1. Personas materialistas son menos felices
La razón por la que las personas materialistas son menos felices es porque se centran en lo que quieren y que no tienen, lo que hace todavía más difícil apreciar lo que ya se tiene.

Además, un estudio reciente muestra que las personas materialistas también sienten menos gratitud, lo que a su vez, está asociado con un nivel de satisfacción menor.


  1. El poder de las conexiones sociales
Las interacciones sociales positivas están más altamente relacionadas con la felicidad que los logros académicos, según un estudio.

Mientras que las relaciones sociales en la infancia y la adolescencia con nuestra familia de origen determinan en gran medida la felicidad en la edad adulta, la influencia de los logros académicos es mucho menos significativa.

  1. Las metas que nos llevan a la felicidad
Sorprendentemente, la gente está a menudo equivocada sobre el tipo de metas que creen les va a procurar más felicidad.

Se ha demostrado que tener metas concretas para la felicidad funciona mejor que tener metas abstractas.

El estudio revela que intentar sacarle una sonrisa a alguien por ejemplo hace que la persona que lo hace se sienta más feliz que si se propusiera hacer feliz a alguien.

Así, pensar en nuestros objetivos en términos concretos puede minimizar el intervalo entre nuestras expectativas y lo que realmente es posible.

  1. Placeres inesperados de la vida cotidiana
Las experiencias mundanas de la vida cotidiana nos pueden proveer de una alegría inesperada.

Tendemos a subestimar la felicidad que podemos obtener de los momentos aparentemente simples del día a día.



Fuente: http://www.spring.org.uk/2014/09/happiness-10-fascinating-new-psychology-studies-everyone-should-know.php
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lunes, 15 de septiembre de 2014

Precioso Corto Animado Educativo: La Caída de la Luna / Falling Moon

Una joven madre soltera está luchando entre abandonar a su pequeño bebé o no.

Cuando parece estar decidida a abandonarlo y todo esta perdido en una decisión injusta para ambos, la Luna cae sobre ella mostrándole el gran cariño y amor al que ella quiere renunciar. 

Momentos difíciles donde se requiere valentía, tolerancia y amor para superar la prueba y ser la mejor mamá del mundo, como en su gran mayoría, todas lo intentan. 



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Curioso Cortometraje Animado: El Color de la Maldad


La historia se centra en una pequeña y oscura niña, que es constante víctima de bullying de otra niña de su clase

Cansada de tanto abuso, decide hacer un rito satánico para invocar un demonio que la pueda vengar, así que realiza la invocación y en vez de salir un malvado demonio, llega un demonio un tanto adorable, colorido y cariñoso, sus intentos de volver malo son casi nulos, pero un día el demonio es testigo del maltrato de su invocadora, así que decide vengarse de la malvada niña, de una manera muy colorida. Un cortometraje de animación bien realizado y con una historia genial.

Los animadores Phillip Simon y Alyse Miller quieren cambiar su percepción del mal con este corto animado.




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domingo, 14 de septiembre de 2014

Divertido Corto Animado: Amistad / FriendSheep

La divertida historia de un lobo ante la oportunidad laboral de su vida. 

Día tras día, dentro de la cabeza del peludo protagonista, se repite lo mismo: "Un lobo limpiando cristales, quién lo habría dicho". 

Son tiempos duros, pero la suerte y un buen plan le llevarán a conseguir el trabajo soñado: Una oficina llena de suculentas ovejas. Aunque las cosas no siempre salen como uno espera.

El título es un juego de palabras: Cambia la palabra "Friendship" (amistad) por "FriendSheep" ("sheep": oveja) que se pronuncia igual. 


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sábado, 13 de septiembre de 2014

Poema: Tiempo


Tiempo es lo que necesito para olvidarte,
tiempo es lo que me faltó para demostrarte,
tiempo es lo que quiero para decirte...
que mi amor te pertenecerá
hasta el fin de la eternidad. 

Dicen que el tiempo es fuente de vida;
para mi el tiempo es un verdugo.
es el que llega y se lleva
lo que más amo en esta vida. 

Dame un poco de tu tiempo
y déjame amarte.
Sólo dame tiempo...
aunque sea un instante... 
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viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Por qué no me ayudas...?


Desde niños siempre se nos ha enseñado que debemos ser buenos y ayudar a los demás. Al principio no entendemos muy bien por qué, pero poco a poco vamos comprobando que ayudar a otros no está tan mal, uno se siente bien cuando consigue que otro deje de sentirse mal, pero ¿por qué unas veces actuamos para resolver el problema de otra persona y en cambio hay ocasiones en que nos mostramos pasivos ante la necesidad del que tenemos al lado?


Proceso en la toma de decisiones a la hora de ayudar

La decisión de ayudar pasa por  un proceso que se puede resumir en cinco pasos que conducen a tomar la elección de ayudar o mostrarse indiferente ante una persona que necesita ayuda.

Paso 1: Lo primero que tiene que ocurrir para que se de la conducta de ayuda es darse cuenta de que alguien la necesita. 

Al no poder anticipar cuándo o dónde puede surgir un problema inesperado, no estamos atentos a la situación, estamos haciendo o pensando otra cosa, no nos damos cuenta de que el problema existe. Debido a la atención selectiva, muchas escenas, sonidos u otro tipo de señal, la podemos ignorar porque no son significativas ni relevantes, o porque estamos preocupados por otros asuntos ya que si no lo hiciéramos así, estaríamos abrumados por una sobrecarga de información, de manera que si no te das cuenta, el problema no existe y como consecuencia, no actúas. Por lo tanto, una persona que está demasiado ocupada para prestar atención a los estímulos que existen a su alrededor no se da cuenta ni siquiera de una emergencia obvia. En este caso, no se ofrece ayuda porque no hay ninguna conciencia de que la demanda de esta exista.

Paso 2: Ver a alguien que necesite ayuda y que lo interpretemos así. 

A veces ocurre que aunque estemos prestando atención a lo que ocurre a nuestro alrededor, la información que tenemos de una persona o acción  es extraña para nosotros, limitada e incompleta. También podemos interpretar que eso no nos importa o que no es asunto nuestro.

Por ejemplo, si escuchamos gritos entre un hombre y una mujer, podemos pensar que es una simple pelea de novios  o que puede tratarse de un caso de violencia de género.Lo más acertado en este caso y también lo más probable, es esperar a tener más información ya que pensar otra cosa sería menos usual y suele ser poco probable (violencia)  y tendemos a dar una explicación rutinaria (pelea de novios). Si percibimos que necesita ayuda, pasamos al paso siguiente, si no, inhibimos la respuesta y no ayudamos, esperamos  a tener más información ya que no estamos seguros de lo que está pasando. Cuando somos testigos de algo, ya sea un problema serio o algo sin trascendencia y la información que tenemos es ambigua, tendemos a aceptar una interpretación tranquilizadora y no estresante que nos indique que no hay necesidad de hacer nada. (Wilson y Petruska, 1984), ya que puede resultar realmente embarazoso interpretar erróneamente una situación y actuar inapropiadamente y pueden etiquetar nuestra conducta como estúpida, exagerada o absurda.


Paso 3: Para poder ayudar, tienes que asumir que es tu responsabilidad hacerlo.

Una vez que  prestamos atención a algún evento externo y lo interpretamos como que es necesario ayudar, se llevará a cabo la acción  sólo si la persona toma la responsabilidad de ayudar.
Cuando una persona está sola ante una situación que requiere su ayuda es más probable que actúe ya que no hay nadie más que pueda hacerse responsable.
Sin embargo, si los espectadores de una escena son un grupo, hay difusión de la responsabilidad, es decir, la responsabilidad asumida  se comparte así; si hay sólo un espectador, éste tiene total responsabilidad. Si hay dos espectadores, cada uno tiene el 50 por ciento de la responsabilidad. Si hay cien espectadores, cada uno tiene sólo el 1 por ciento de la responsabilidad. A mayor número de espectadores, menos responsable a actuar se siente cada uno de ellos.
Puede ocurrir también que si otras personas no parecen estar alarmadas por lo que ocurre y no están haciendo nada para intervenir, es más seguro seguir su ejemplo y así evitan dar una respuesta que puede ser inapropiada, hacer el ridículo o parecer que han perdido la calma ante los demás. Así, estar con otras personas que no responden parece ser un poderoso inhibidor de la conducta de ayuda. La tendencia de aquellos que están en un grupo de extraños a dudar y no hacer nada se basa en lo que se conoce como ignorancia pluralista, es decir, como ninguno de los espectadores sabe con seguridad lo que está ocurriendo, cada uno depende del ejemplo de los demás, y como resultado, nadie responde. Muy a menudo, los espectadores se refrenan y se comportan como si no hubiera ningún problema, y utilizan esta «información» para justificar el hecho de que no actúen.

Paso 4: Tenemos que saber cómo ayudar.  

Incluso si un espectador alcanza el Paso 3 y asume la responsabilidad, nada útil puede hacerse a menos que esa persona sepa cómo ayudar.
A veces, las situaciones que requieren ayuda  son lo suficientemente simples que casi cualquier persona tiene las destrezas necesarias: si ves a un niño que se cae en la calle, tienes la destreza necesaria para ayudarlo a levantarse o si eres testigo de un robo, puedes encontrar la forma de llamar a la policía, pero hay otras situaciones que   requieren de un conocimiento y destrezas especiales que la mayoría de los espectadores no poseemos. Por ejemplo, tú puedes ayudar a alguien que se está ahogando sólo si  sabes nadar o a alguien que se está atragantando, sólo si tienes conocimiento en primeros auxilios.

Paso 5: Tomar la decisión de ayudar.

Incluso si la respuesta  a los primeros cuatro pasos es sí, la ayuda no ocurrirá a menos que  tomes la decisión final de actuar. La ayuda en este último paso puede verse inhibida por miedo (a menudo realista) a las posibles consecuencias negativas. Los costes potenciales son muchos. Por ejemplo, si te paras a ayudar a una persona que se está ahogando, puede que te ahogues  tú también en el intento, o que  la persona que parece necesitar ayuda sea un criminal que sólo está fingiendo que tiene un problema. Ted Bundy, el asesino en serie, era bien parecido, un hombre bien educado que se aprovechó en repetidas ocasiones de las simpatías de mujeres confiadas. Algunas veces cojeaba, le pedía a una mujer joven que lo ayudara a llegar hasta su coche y luego la secuestraba, pasando a ser su próxima víctima (Byrne, R. L., 2001).

¿Cómo influyen los costes y beneficios de ayudar?

Desde un enfoque de la conducta humana, que supone que el individuo sopesa los pros y los contras antes de actuar, y está movido fundamentalmente por su propio interés. Si suponemos que   los costes de proporcionar ayuda a otro ( tiempo y esfuerzo empleado, peligro, sensación embarazosa ante la presencia de otros observadores, etc.) tienen más peso que los beneficios (reconocimiento social, sentimiento de orgullo, agradecimiento de la víctima, posibilidad de entablar una relación reforzante o el placer intrínseco por haber ayudado a otro), decidiremos  no actuar, a menos que los costes de no ofrecer ayuda, tales como el sentimiento de culpabilidad, la sensación desagradable al saber que otro está sufriendo, la amenaza a la propia imagen o la desaprobación social, sean todavía mayores.
Cuando los costes de no intervenir en ayuda de la persona necesitada son altos y los de proporcionar ayuda son bajos, la respuesta más probable será ayudar directamente. Cuando ambos costes son altos, el observador se encuentra ante un grave dilema y para resolverlo tiene varias opciones:

La ayuda indirecta: buscando a otra persona que pueda asistir a la víctima. Reduce cognitivamente los costes de no ayudar reinterpretando la situación. Aquí entrarían las estrategias de difusión de la responsabilidad (si no ayudo, otro lo hará) y de atribución de responsabilidad a la víctima (se merece lo que   le está pasando). El resultado de estos mecanismos es un descenso de los costes de no intervenir, con lo cual podemos abandonar la escena sin muchos escrúpulos de conciencia. La situación más difícil es aquella en que tanto los costes de ayudar como de no hacerlo son bajos. Aquí tienen mucho más peso otros factores como las normas sociales y personales, las diferencias de personalidad, las relaciones entre el observador y la víctima y otras variables situacionales.
Un tipo especial de consecuencia desagradable puede surgir cuando observas a un individuo que está siendo amenazado por alguien de su propia familia. El desconocido bien intencionado que intenta ayudar a menudo sólo provoca ira. Es posible que esto explique por qué los espectadores rara vez ofrecen ayuda cuando creen que una mujer está siendo atacada por su pareja o que un niño está siendo maltratado físicamente por uno de los padres. Incluso la policía se muestra recelosa cuando se les llama para lidiar con una airada escena doméstica. 

 
Entonces, por algunas muy buenas razones, los espectadores pueden decidir refrenarse y evitar los riesgos que pueden estar asociados con llevar a cabo acciones de ayuda.

Más allá de los cinco pasos de toma de decisiones que influyen en la conducta prosocial, hay otros factores adicionales que también tienen un efecto en la probabilidad de que un espectador ayude o no. Los más importantes de ellos son:

Ayudar a aquellos que te agradan. 

Si la persona que se está ahogando en lugar de un extraño, fuera un gran amigo, hijo o hermano tuyo hace  que estés más dispuesto a ir en su ayuda. Esto es obvio. Los riesgos que uno está dispuesto a correr por alguien querido, inhiben las consecuencias que comentábamos anteriormente.
Si la víctima es un extraño pero debido a la similitud, atractivo físico y otros factores  tú sientes que es alguien que te agrada, influye en tu tendencia a prestarle ayuda. Cualquier factor que incremente la atracción del espectador hacia la víctima aumenta la probabilidad de una respuesta  si ésta necesita ayuda (Clark et al., 1987). La apariencia es un ejemplo: una víctima atractiva físicamente recibe más ayuda que una no atractiva (Benson, Karabenick y Lerner, 1976). Igualmente, no te sorprenderá saber que es más probable que los espectadores ayuden a una víctima que es similar a ellos que a una disímil (Dovidio y Morris, 1975; Hayden, Jackson y Guydish, 1984)..

Las atribuciones influyen en las emociones, y éstas en la conducta. 

Por ejemplo, si vemos a  un hombre tendido inconsciente en la acera, tu tendencia a ayudar  se verá influida por la atribución que hagas sobre esa situación, es decir,  ¿Por qué creo que este hombre está tendido ahí?. Lo primero que hacemos es observar  las señales que le rodean, (si su ropa está sucia o rota, si hay presencia de una botella al lado de él, etc.) y empezamos a hacer atribuciones (bebió demasiado y como consecuencia perdió el conocimiento, está en ese estado por su culpa y se podría haber evitado). En este caso, lógicamente estarás menos motivado a ayudarlo, ya que atribuyes este estado a su propia responsabilidad.  Si por el contrario, ves a este mismo desconocido bien vestido, con un golpe y con señales de haber sido atacado, tendrás más tendencia a ayudarlo ya que parece ser una víctima inocente de un accidente o atraco y no atribuyes que la responsabilidad sea suya. Culpar a la víctima es una de las maneras de recuperar tu propio sentido de control percibido sobre los hechos y así aliviar tus sentimientos de ansiedad en caso de no ayudar. Las personas escogen muy a menudo ignorar a la víctima por una variedad de razones,  tales como «no es mi responsabilidad» y «es su culpa».

El poder del ejemplo en la conducta de ayuda.
En una situación de emergencia,  la presencia de otros espectadores que no ayudan inhibe la ayuda. La mayoría de nosotros no escogería deliberadamente ser cruel y poco compasivo, pero podemos vernos impulsados en esa dirección si nos convencemos a nosotros mismos de que no hay razón para ayudar.
Sin embargo, también es verdad que la presencia de un espectador que ayuda provee un fuerte modelo social que da como resultado un aumento en la conducta de ayuda entre los otros espectadores.
Así mismo, los modelos que muestran conductas de ayuda en los medios de comunicación también contribuyen a la creación de una norma social que estimula la conducta de ayuda.

¿Y si existe un dilema moral, cuáles son los motivos que nos impulsan a ayudar?

Hay tres motivos principales que son relevantes cuando una persona se enfrenta con un dilema moral: Interés propio, integridad moral e hipocresía moral.

Interés propio (algunas veces llamado egoísmo): nuestro comportamiento se basa en la búsqueda de lo que nos proporciona la mayor satisfacción. Las personas para quienes este es el motivo principal no se preocupan por cuestiones relacionadas con el bien y el mal o con lo justo y lo injusto simplemente hacen lo que es mejor para ellos.
Integridad moral; los que están motivados por la integridad moral, toman en cuenta la bondad y la justicia, sacrificando el interés propio con el fin de hacer “lo correcto”. Las posibilidades de tomar una decisión moral aumentan si el individuo reflexiona sobre sus valores o alguien se los recuerda. Algunas veces el motivo de comportarse con integridad moral se ve derrotado en una situación específica si el interés propio es suficientemente fuerte.
Hipocresía moral; quieren parecer morales pero evitando los costes de ser morales en realidad, estas personas están motivadas por la hipocresía moral, es decir, están impulsadas por el interés propio pero también están preocupadas por las apariencias externas. Esta combinación significa que para ellos es importante parecer que se preocupan por hacer lo correcto, cuando en realidad continúan guiándose por sus propios intereses.

La conducta de ayuda desde el punto de vista del que la recibe

Si damos por supuesto que ayudar a alguien es siempre beneficioso para él, cometemos un error, ya que en muchos casos puede ser contraproducente.
Hay que distinguir entre la ayuda que alguien pide y la que se ofrece sin haber sido solicitada.
Pedir ayuda
La petición de ayuda a otra persona es el resultado de un proceso de decisión en el que el individuo se plantea tres cuestiones:

El problema que tengo ¿se solucionaría si alguien me ayuda?. En la decisión de pedir ayuda o no, sopesamos dos factores: los beneficios que se esperan de la ayuda, como mejorar nuestra situación personal, resolver el problema que tenemos o sentirnos mejor, y los costes de pedir ayuda, que pueden ser personales, como sentimientos de pérdida de autoestima, o sociales, relacionados con la imagen que damos a los demás.
¿Pido ayuda a alguien o no? El simple reconocimiento de que existe un problema no es suficiente para motivar a la gente a pedir ayuda. Según Nadles, (1991) el que una persona decida pedir ayuda o no pedirla depende de 1) sus características personales (edad, género, rasgos de personalidad), 2) la naturaleza del problema y el tipo de ayuda que se necesita, y 3) las características del potencial donante de ayuda.
¿A quién pido ayuda?. Muchas veces preferimos pedir  ayuda a alguien que pueda ayudar sin ser demasiado amenazante  para nuestra autoestima, antes que a la persona más competente. Otras veces, la conducta se mueve por consideraciones de estricta reciprocidad: el que hace algo por otro espera que el favor le sea devuelto, y si recibe algo de otro sabe que debe corresponder. También no poder devolver el favor al otro cuando creemos que se espera de nosotros que lo hagamos es un factor disuasor a la hora de pedir ayuda.



Reacción ante la ayuda recibida si no ha sido solicitada.

Aunque lo normal según el sentido común es que la persona que necesita ayuda la pida y la que la recibe la agradezca, la realidad no siempre es así de sencilla. Cuando ofrecemos nuestra ayuda a alguien, en especial si no nos la ha pedido, deberemos tener cuidado con la forma en que lo hacemos ya que puede derivar en un sentimiento de amenaza para quien la recibe. Recibir ayuda puede disminuir la autoestima, especialmente si quien ayuda es un amigo o alguien similar a nosotros en edad, educación u otras características Cuando la autoestima se ve amenazada, el afecto negativo que resulta crea un sentimiento de desagrado hacia la persona que la ofrece.
En general, la persona tenderá a percibir una ayuda como amenazante para su autoestima cuando:
Procede de alguien socialmente comparable a ella (es decir, alguien semejante en alguna característica relevante).
Cuando amenaza la propia libertad y autonomía (al quedar obligada a corresponder).
Cuando además de implicar una obligación de devolver el favor no da ninguna oportunidad para hacerlo (impidiendo al receptor cumplir las normas de reciprocidad y equidad).
Cuando sugiere que la persona que recibe la ayuda es inferior a la que la ofrece y dependiente de ella.
Cuando se refiere a un problema central para la identidad del receptor (por su repercusión en la imagen de sí mismo y hacia los demás).
Cuando no coincide con los aspectos positivos del autoconcepto del receptor.
En todos estos casos, la persona experimentará sentimientos negativos hacia la ayuda y hacia el que la ofrece.
Por lo tanto, una persona que recibe ayuda puede experimentar emociones negativas como incomodidad y sentirse resentida hacia la persona que la ayudó. Otras pueden sentirse deprimidas como consecuencia de recibir ayuda (las personas mayores discapacitadas físicamente, por ejemplo.)
La ayuda también puede ser percibida como un insulto (cuando un miembro de un grupo estigmatizado  recibe ayuda no solicitada de un miembro de un grupo no estigmatizado).

El recibir ayuda de amigos, familiares o vecinos en el caso de problemas serios (por ejemplo, dificultades financieras) puede conducir a sentimientos de inadecuación y resentimiento.
Cuando una persona responde negativamente a recibir ayuda, hay también un aspecto positivo que no es obvio. Cuando recibir ayuda es lo suficientemente desagradable como para que la persona quiera evitar volver a parecer incompetente, de nuevo, ella estará motivada a autoayudarse en el futuro (Fisher, Nadler y Whitcher- Alagna, 1982; Lehman et al., 1995). Esta motivación puede reducir los sentimientos de dependencia, entre otros beneficios (Daubman, 1995).
Si consideras que ayudar no está tan mal, has superado los cinco pasos en la toma de decisiones a la hora de prestar tu ayuda , has puesto en una balanza los costes y beneficios y aún así quieres ayudarme………..

Autora: María Teresa Vallejo Laso



Referencias Bibliográficas
Robert A. Baron; Donn Byrne Psicología Social 10ª Edición Pearson Educación, S.A., Madrid, 2005
Expósito, F. (1998), “Observando la conducta altruista” en M. Moya y cols. (eds.). Prácticas de Psicología Social, Madrid, UNED, PP.199-207.
J.F., Morales, Huici, C., Moya, M.; Gaviria, E.; López-Sáez, M.; Nouvillas, E. en Psicología Social. Mc Graw Hill, 2001.
Wright, R. (1994). The moral animal:The new science of evolutionary psychology. New York: Pantheon.
Gladwell, M. (Eds.) (2000). The tipping point: How little things can make a difference. New York: Little, Brown

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Poema: Pasión y sueños

Abrasa este frío que siento
con las ascuas de tu cuerpo,
sacia esta sed que tengo
con el agua de tus besos.


Me desnuda tu mirada,
me deshago entre tus dedos,
y a cada palabra tuya
siento que me estremezco.


Las caricias de tus manos
son lo que más anhelo;
nota como mi piel
se torna terciopelo.


La pasión ya se desborda
del fondo de nuestros cuerpos,
en un abrazo nos fundimos,
pasarán minutos muertos...


El fuego de mis labios
ya no se apaga con besos,
necesito que me llenes
de tu esencia y tu deseo.


Que me dejes por un instante
sentir que rozo el cielo
mientras digo entre susurros
dos palabras, te quiero.


Lara B. Gómez
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martes, 9 de septiembre de 2014

Extraordinaria Publicación: Aplicaciones educativas de la psicología positiva.


libro editado por la Conselleria d'Educació de la de la Generalitat Valenciana, 2010. 

Nos habla de la Psicología Positiva. y esto, ¿qué es , tiene algún significado?. Se trata de una rama de la Psicología de reciente aparición que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano.

Igualmente representa un nuevo punto de vista para comprender la Psicología y la Salud mental que viene a complementar y apoyar al ya existente.

Coordinado por Agustín Caruana Vañó, Asesor del CEFIRE de ELDA ( Alicante ). Ya es un libro de referencia para cualquier persona interesada en las aplicaciones de la Psicología Positiva (PsPos) a la tarea Educativa. 

 Temas tratados en el libro: 
  • Felicidad y alegría.
  • Psicología Positiva y promoción de la salud mental. Emociones positivas y negativas.
  • Psicología Positiva. Aplicaciones para Educación Primaria.
  • Emoción y conflicto.
  • El optimismo. Aplicaciones educativas.
  • Curiosidad, interés por el mundo y amor por el conocimiento.
  • El control ambiental. Desarrollando el locus de control interno
  • Adaptabilidad. Flexibilidad para afrontar los cambios y los nuevos desafíos.
  • Establecer metas. Proyecto de vida.
  • Motivación de logro. Iniciativa.
  • La creatividad.
  • Resolución de problemas.
  • El pensamiento crítico.
  • Psicología Positiva y relaciones interpersonales.
  • Inteligencia emocional. Inteligencia personal. Inteligencia social.
  • Comunicación. Saber dar y recibir información.
  • Trabajo en equipo. Establecer vínculos. Lealtad.
  • Hardiness, Resiliencia y crecimiento post-traumático.



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lunes, 8 de septiembre de 2014

Aprende a ser consciente de las cuatro emociones básicas: Miedo, rabia, alegría, tristeza...

Las emociones básicas, son vivencias comunes a todas las personas, de cualquier época y cultura y que desempeñan un papel fundamental en el desarrollo psíquico del individuo y de la especie humana en general.

Las emociones son información, un aviso y una guía al servicio de la conservación, la relación y la socialización del individuo.


¿Qué es una emoción?

Una emoción es información, información sobre “cómo estoy ahora”. En este sentido, la emoción es una guía para nuestra vida y para nuestra relación con los demás. Contrariamente a lo que se piensa, no existen emociones buenas o malas, sino emociones que nos pueden resultar más agradables que otras. Lo importante es saber que cada una de ellas cumple una función específica. La emoción puede considerarse también una cualidad energética, energía que nos permite actuar expansivamente hacia el mundo (rabia/alegría) o a retraernos en nosotros mismos (miedo/tristeza).

¿Cuáles son las 4 emociones básicas y qué función cumplen?

Las 4 emociones básicas son el miedo, la tristeza, la rabia y la alegría. Son consideradas como básicas por tratarse de vivencias internas comunes a personas de distintas épocas, lugares y culturas, y porque desarrollan un papel protagonista en el desarrollo psíquico de toda persona.

Cada emoción cumple una función específica:

El miedo es una emoción de repliegue. Tiene como función advertirme de la existencia de un peligro, de recibirlo o de causar daño. Me permite evaluar mi capacidad para afrontar las situaciones que percibo como peligrosas. Reconocer en mí el miedo y gestionarlo adecuadamente me lleva a la prudencia, lejos del pánico o la temeridad.
La alegría es una emoción de apertura. Tiene como función crear vínculos hacia el otro, es por tanto una emoción expansiva. Se manifiesta en tres formas: ternura, sensualidad y erotismo. Una buena gestión de la alegría está íntimamente ligada a la gestión de la frustración. Bien gestionada, alcanzamos la serenidad, tan alejada de la tristeza como de la euforia.
La tristeza es una emoción de repliegue, reflexiva, siempre relacionada con el pasado. Su función está en que nos permite tomar conciencia de la pérdida de algo y aflojar, soltar eso que ya no tenemos. También cumple la función de dejarnos acompañar por el otro cuando experimentamos esa sensación de fragilidad que provoca la pérdida.
La rabia es otra emoción expansiva, un impulso que nos lleva a sacarnos de encima algo o a alguien. Su función es la de apartar de nosotros lo que nos molesta. Reconocida, aceptada y bien gestionada, la rabia me ayuda a determinar qué es lo que me molesta y, así, poner espacio entre lo que me perturba y yo mismo.


¿Por qué es importante saber gestionarlas?

Las emociones son siempre información, aviso y guía al servicio de la conservación, la relación y la socialización del individuo. Marcelo Antoni y Jorge Zentner afirman en su libro Las cuatro emociones básicas que la mala gestión de esa información genera un sufrimiento inútil. En esta obra, a través de numerosos ejemplos, se muestra cómo aprender a gestionar las emociones mediante su reconocimiento en los tres niveles que se manifiestan: el emocional, el de terapeutas especializados en Gestalt y en terapias corporales.


Sobre los autores

Marcelo Antoni Lobo es abogado y terapeuta. Postgraduado en Psicoterapia Cognitivo-Social por la Universidad de Barcelona y en Coaching para Gestaltistas, se formó asimismo en Psicoterapia Integrativa con Claudio Naranjo, y fue colaborador suyo. Es especialista en técnicas de encuentro y psicodramáticas y miembro de la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG) y de la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP). Posee amplia experiencia como formador

Jorge Zentner es escritor, guionista y terapeuta. Ha publicado cómics y libros infantiles, con los que ha obtenido numerosos premios, así como novelas, cuentos, poemas y artículos. En los talleres de expresión creativa, autoconocimiento y educación emocional comparte su experiencia en literatura, meditación zen y psicoterapia. Ha creado y dirige Decirme Sí, un espacio exclusivamente dedicado a la práctica de la autoestima a través del reconocimiento y gestión de las 4 emociones básicas.

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viernes, 5 de septiembre de 2014

Poema: Hoy Aprendí...

Que el día más bello es hoy                                
Que el obstáculo más grande es el miedo      
Que el mayor error es darse por vencido  
  Que el sentimiento más vil es la envidia  
      Que el defecto más grande es el egoísmo
 

Que el mayor reto es aprender                      
Que la mayor distracción es el trabajo      
    Que la mejor enseñanza es la experiencia
        Que acumular experiencia es sabiduría    
 

Que el afecto más grande es la amistad             
Que lo más maravilloso del mundo es el amor
Que el regalo más hermoso es el perdón    
Que la felicidad más grande es la paz      
  Que el mayor conocimiento es Dios...

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Cómo captar la atención de los alumnos en el aula?

 
Encontrar estrategias para conseguir captar la atención de los alumnos es una de las mayores preocupaciones que tiene los docentes cuando enseñan algún contenido.

Muchos docentes centran sus clases más en explicar que en enseñar, y son los que con frecuencia presentan mayores dificultades a la hora de poder captar la atención de los estudiantes. Es más, les culpan a ellos de no estar atentos a sus explicaciones cuando en muchos casos aquello que explicamos o cómo lo explicamos no reviste el menor interés para el alumno, bien porque le parece aburrido, bien porque no le encuentra ninguna utilidad.

Pero hay ocasiones en que ni tan siquiera enseñando se consigue que los alumnos presten atención.

¿Cómo captamos su atención?

1. Desplazamiento y rotación. En muchas ocasiones, cuando se enseña a los alumnos, nos colocamos en frente de ellos en la parte central y de espaldas a la pizarra.

De lo que se trata es, sin dejar de hablar, nos iremos desplazando hacia el centro del aula e iremos dando vueltas muy lentamente sobre nuestro cuerpo a medida que vamos avanzando. Poco a poco nos iremos desplazando hacia la parte opuesta de la pared donde está la pizarra y desde allí seguiremos enseñando nuestros contenidos.

¿Qué conseguimos con ello?, que los alumnos pronto se den cuenta que hemos desaparecido de su campo de visión. Esto les causará sorpresa y curiosidad. Y ahí está la clave. Su centro de interés que hasta aquel momento era la conversación con otro compañero, se desplazará hacia nosotros, porque habremos hecho algo fuera de lo común, pero con total normalidad y sin interrumpir nuestra sesión lectiva.

Cuando los alumnos se giren, lo que habremos conseguido no es sólo captar su atención, sino que, al tener que girarse para poder localizarnos, dejarán de hablar automáticamente con su compañero porque a partir de ese momento volveremos a ser el centro de interés y de atención. Cuando el alumno se gira para mirarnos y escucharnos, dejará de interesarle lo que le esté contando a su compañero. Además estará en una posición poco natural que favorecerá que nos preste mayor atención.

2. Aproximación y contacto. Otro recurso muy efectivo para captar la atención de determinados alumnos de un aula, consiste en acercarse al alumno que en ese momento está hablando o distorsionando la clase por algún motivo. Al igual que el primer truco es muy importante que nos acerquemos a ese alumno mientras estamos enseñando al grupo, es decir, sin interrumpir la sesión lectiva. Debemos mantener el mismo tono de voz y desplazarnos de una forma natural y calmada. Mientras hablamos y caminamos hacia ese alumno en concreto, en ningún momento fijaremos la vista en él. De lo que se trata es de no llamar la atención o interrumpir el ritmo de lo que estemos enseñando. Cuando estemos al lado del alumno en cuestión, lo que haremos será seguir hablando con total normalidad al resto de la clase, no le hablaremos ni le diremos nada al alumno que hasta ese momento estaba distorsionando. Nos pondremos a su lado y, mientras seguimos hablando, le tocaremos levemente el hombro o la muñeca durante unos segundos y sin hablarle ni mirarle. En ese preciso momento el alumno en cuestión captará el sentido del mensaje que le estamos transmitiendo y nosotros no tendremos la necesidad de interrumpir aquello que estemos enseñando.

3. Invasión sutil del espacio. Otro recurso para captar la atención de un alumno con una conducta disruptiva es acercarnos otra vez hacia él. Como en las otras dos ocasiones de lo que se trata es de acercarnos de una forma natural y sin dejar de hablar. Nos iremos acercando hasta colocarnos a su lado y en ese momento haremos algo totalmente imprevisto: nos sentaremos encima de su pupitre. Se trata de una actuación invasiva, pero que también resulta muy efectiva para captar la atención de nuestros alumnos y disminuir la conducta disruptiva. Es muy importante que permanezcamos encima del pupitre del alumno durante unos minutos y sigamos hablando y dando la clase de la forma más natural posible. De lo que se trata nuevamente es de no interrumpir la sesión lectiva. No hace falta decirle nada al alumno, no hay necesidad de dirigirle la palabra. Simplemente el alumno entenderá que su conducta no es la adecuada, le habremos causado cierta sorpresa y entenderá el mensaje no verbal que le estamos enviando a él y al resto de la clase.

¿Qué finalidad se persigue?

  • No interrumpir bajo ningún concepto lo que estemos explicando en ese momento.
  • Desviar la atención de nuestros alumnos situándonos en posiciones inusuales cuando enseñamos algo.
  • Modificar la posición inicial de los alumnos, es decir, hacer que se giren hacia nosotros y dejen de hablar con sus compañeros porque hay algo que les interesa más y es vernos qué estamos haciendo en ese preciso momento.
  • Evitar que el grupo o determinados alumnos se conviertan el el foco de atención. Si lo consiguen, en ese momento se interrumpe la sesión lectiva y todo el protagonismo recae sobre ellos.
  • Utilizar el factor sorpresa cambiando nuestra posición habitual de enseñar.
  • Nunca dejar de hablar sobre lo que estamos enseñando y hacerlo de la forma más natural posible.
  • No entrar en ningún tipo de enfrentamiento con el grupo o determinados alumnos.

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lunes, 1 de septiembre de 2014

La psicología positiva lleva las emociones positivas a la empresa, a través del aula.

Con la felicidad de jefes y empleados, las empresas ganan un 30% de productividad 

Las emociones positivas tienen un efecto terapéutico, pues al mantener el ritmo cardiaco, la salud de la persona no se resiente. ¿Y qué emoción es más positiva que la felicidad?

"Todo el mundo cree que la felicidad es innata. Y no es así. Es una competencia y, por tanto, se puede aprender",

¿Cómo? A su juicio, sencillamente realizando actividades repetitivas que eleven el grado de felicidad, algunas muy simples, como el agradecimiento a los demás o como el repaso consciente a las cosas buenas que cada uno tiene en su vida. Técnicas fáciles que también son aplicables al mundo de la empresa, pues, la dinámica del negocio se basa en las relaciones humanas.

"La psicología positiva quiere llevar las emociones positivas a la empresa. Pues el gran descubrimiento científico es que estas emociones se convierten en un nutriente, en el abono a partir del cual se genera creatividad, que es lo que todas las compañías quieren".

"Esta disciplina trata de descubrir la serie innata de fortalezas que tiene cada persona y que están dormidas",

"Al sacarlas a la luz, los empleados aumentan su productividad, trabajan de forma más autónoma, y ello genera confianza en las organizaciones",  como por ejemplo Google, Nestlé y Facebook que han puesto en práctica estas teorías.

IE Business School, ha lanzado un programa innovador para ejecutivos con experiencia y mediante el que se pretende cambiar la mentalidad y los hábitos de los dirigentes para crear las compañías del futuro.

De hecho, según la Universidad de Wisconsin, una mente positiva es un 31% más productiva que una negativa o estresada, y también que una neutral.

Harvard ha demostrado que los empleados satisfechos elevan un 37% sus ventas sobre el resto de la plantilla. Y cuando están contentos con su trabajo, los días de baja por enfermedad descienden más de la mitad.
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