domingo, 28 de diciembre de 2014

Tres tipos de factores de riesgo y protección frente al bullying

Diversos estudios certifican una preocupante incidencia de los casos de bullying en las aulas españolas, principalmente durante los cuatro cursos de la ESO. Prácticamente uno de cada cuatro alumnos manifiesta haber sido víctima de algún episodio de violencia o de acoso escolar.
Ante esta situación, la prevención del bullying se ha convertido en un objetivo prioritario de la comunidad educativa, en general muy concienciada y preocupada ante el gran sufrimiento que puede provocar en la víctima, además de contribuir intensamente en el deterioro del clima escolar.

 
Factores de riesgo y factores de protección en el bullying
 
Para prevenir y detectar el bullying es importante tener en cuenta que existen una serie de factores de riesgo (personales, familiares, escolares, sociales, culturales, etc.) cuya presencia provoca que aumente la probabilidad de que se presenten fenómenos de violencia escolar. En el otro extremo, se encontraría los factores de protección: circunstancias que dificultan la aparición del bullying y facilitan su resolución en las etapas tempranas.
Tanto los factores de riesgo como los de protección se pueden clasificar o dividir en: factores personales, familiares y sociales.

Factores de riesgo de carácter personal


En la víctima
Existen una serie de características que pueden aumentar las probabilidades de convertirse en víctima de acoso y, sobre todo, ayudan a que la situación permanezca invisible para profesores y padres, haciendo muy complicada su resolución:
  • Rasgos físicos o culturales distintos a los de la mayoría: minorías étnicas, raciales y culturales.
  • Sufrir alguna discapacidad física o psíquica.
  • Personalidad introvertida, poco comunicativa.
En el agresor
 
Los factores relacionados con el perfil del agresor son:
  • Ausencia de empatía: incapacidad para ponerse en el lugar de las otras personas.
  • Baja autoestima: percepción negativa de sí mismo.
  • Impulsividad: falta de control de los impulsos que lleva a actuar y decir las cosas sin pensar.
  • Egocentrismo: exagerada exaltación de la propia personalidad, por lo que la persona se considera el centro de atención.
  • Fracaso escolar: bajo rendimiento en los estudios, que puede llevar al absentismo y/o abandono escolar o a la repetición de curso.
  • Consumo de alcohol y drogas.
  • Trastornos psicopatológicos: trastornos de conducta, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDH), trastorno negativista, desafiante y trastorno disocial.
  • Antecedentes familiares de violencia.
  • Asociado con estos factores, el perfil tipo del acosador sería el siguiente: persona físicamente fuerte, impulsiva, dominante, con conductas antisociales y con una ausencia total de empatía con sus víctimas.

Factores familiares


Aunque no siempre es así, a veces los acosadores imitan comportamientos y pautas aprendidos de sus padres, por lo que los entornos familiares desestructurados o con antecedentes de violencia doméstica favorecen la aparición de la figura del agresor escolar o la refuerzan.
Así mismo, un ambiente familiar excesivamente proteccionista o con escasa comunicación pueden constituir factores de riesgo para las víctimas.


Factores socio-culturales


El acoso escolar no puede considerarse un hecho aislado e independiente del entorno y los estímulos sociales.

Muchas veces se trata de manifestaciones en el aula de conductas aprendidas directamente de los comportamiento sociales o percibidas a través de los medios de comunicación. 

Estos serían los principales factores de riesgo:
  • Entorno socio económico precario.
  • Bajo nivel cultural.
  • Baja calidad de la enseñanza.
  • Alta presencia de contenidos violentos en medios de comunicación, vídeo juegos, etc.
  • Justificación social de la violencia como medio para lograr ciertos objetivos.


Factores de protección


En él ámbito estrictamente personal un correcto desarrollo de la inteligencia emocional y de la resiliencia o capacidad para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas, constituyen las principales barreras contra el bullying. 

Si además la familia se muestra comprensiva,  dialogante y colaboradora, con un alto grado de confianza y comunicación, para la víctima será mucho más fácil denunciar una situación de acoso desde el principio, lo que supone un factor clave para su rápida resolución, sin que se produzcan consecuencias irreparables.

Un contexto social normalizado, con un aceptable nivel cultural y económico y, sobre todo, que en ningún caso se utilice ni justifique la violencia es sin duda el entorno ideal para disminuir la frecuencia del bullying, al ser percibido por la mayoría como un comportamiento totalmente negativo, repudiable e intolerable, que se debe poner en conocimiento de padres y profesores ante la mínima sospecha.

Fuente: Universidad de Valencia (VIU) 
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