sábado, 21 de febrero de 2015

¿Cómo superar con éxito tu periodo de adaptación y prueba en una empresa?

Progresa adecuadamente. Siempre recuerdo el PA y el NM (necesita mejorar) de las calificaciones cuando cursaba EGB, si porque soy de EGB, la ESO no me pilló, nunca dos palabras calificaron tanto. ¿Por qué recurro a ellas como primera idea? Muchos candidatas/os superan el período de selección y creen que se acabó, que ya está todo hecho. Iniciar un período de prueba es marcarse un progresa adecuadamente cada día, ya que muchos de los/las “elegidos/as para la gloria” sacan el “lado más deplorable de su personalidad” y se olvidan que ese período también está siendo objeto de evaluación (en realidad es un contínuo)
Donde fueres haz lo que vieres. Los primeros días tienes que ser como Bob Esponja, ni amarillo, ni “apalancarte” en la máquina del café sino absorber, investigar todos los elementos del “nuevo ecosistema” en el que vas a moverte.  Dress code, dónde tiene lugar las reuniones informales, cómo son los procesos, qué tipo de actividades hacen después… Se trata de adaptarte a su rutina y procedimientos, no pretendas convertirte en el más listo/a del lugar, se trata de hacer amigos, no enemigos…

Cultura del detalle. Tu trabajo, tus tareas hazlas con sumo cuidado y mimo, repasa tus proyectos, comunicaciones, relaciones… La primera impresión es la que cuenta y es muy difícil de borrar. No obstante, por mucho que te empeñes en parecer profesional, es tu trabajo el que te dotará de las competencias a ojos de tus compañeros/as y superiores.
No te metas en charcos y aguas procelosas. Tus compañeros/as llevan ya mucho tiempo relacionándose y conociéndose, evita participar en escarnios públicos, rumores, cotilleos u otra información de dudosa procedencia. Se trata de adaptarse al entorno, pero no de incluirse en la “manada” a cualquier precio.
Entrena tu memoria. Apréndete los nombres de las personas con las que trabajas. Si, ya sé que puede que tengas “memoria pez”, pero a todos nos gusta que nos llamen por nuestro nombre, rompemos barreras y damos importancia a los que nos rodean, son personas, no “departamentos”.
Ofrece más, supera sus expectativas. Una de las frases que he oido muchas veces es: no me han contratado para esto (salvo excepciones, que las hay por aquello de sobrepasar ciertos límites) tu disposición a resolver problemas, tu capacidad para asumir nuevas responsabilidades están en asumir nuevas tareas y salir de tu “zona de confort”. Ya tendrás tiempo de marcar cuáles son tus funciones, cuando sea necesario.
Pregunta, pregunta, pregunta ¿te he dicho que preguntes?. Muchos candidatos/as salen con ese mal vicio universitario de no preguntar por aquello de parecer tonto/a, por qué pensarán los demás sobre si pregunto algo que no sé. ¡Albricias!, resulta que no sabes algo, es normal ¿no? Todos/as estamos en continuo aprendizaje tanto en nuestros trabajos como en la vida, por tanto, preguntar es mejor que pasar por “sabihondo/a” y hacer las cosas mal, te aseguro que la cara que se te queda es mucho peor.
Los últimos serán los primeros. Olvídate del “síndrome del boli caído a las siete de la tarde en punto”, no salgas de tu trabajo como alma que lleva el diablo, como si te hubiesen prendido fuego en los pantalones…


Pedir de más… Que tus superiores o compañeros/as sean educados y corteses, no es motivo de “barra libre” para solicitar o pasarse de “frenada”. Olvídate de pedir favores, permisos para salir antes (en la medida de lo posible). No se trata de que te cojas el pie en lugar de la mano.
Si te equivocas, no hagas una tragedia. Es normal que en los primeros meses, tengas algún traspiés o te equivoques en algo, repite: “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”. Si hasta “Él” se equivoca … ;) No te centres en el error, sino en cómo solucionarlo, no se trata de pedir disculpas, sino de  cómo te enfrentas a situaciones de error o difíciles.
En definitiva, piensa que es una gran oportunidad, que has conseguido el trabajo al que te presentabas, pero que el proceso aún no ha terminado, en realidad, no termina nunca.

Fuente: Belén Claver 
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