Cuando empieces a valorarte de verdad,
te cambia la forma de empezar algo nuevo.
Ya no te ilusionas con cualquiera,
ya no vas tan rápido…
y no es por miedo,
es por respeto.
A ti.
Porque creciste.
Porque entendiste que no todo lo que brilla es vínculo,
que no todo lo intenso es real.
Y ahora, si alguien llega,
no te lanzas:
observas,
escuchas,
te escuchas.
Y puede que funcione,
o puede que no…
Pero esta vez, llegas desde otro lugar:
uno donde ya no necesitas que alguien te complete…
solo que te acompañe bien.
Porque aprendiste a estar contigo.
Y desde ese amor, todo lo que llega… sana.
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