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martes, 13 de septiembre de 2016
lunes, 7 de marzo de 2016
¿Qué 10 cosas te haran ser más eficaz en tu búsqueda de empleo?
9:01:00blog, busqueda, carta, citar, contacto, cosas, Currículum, datos, empleo, entrevista, facebook, internet, Linkedin, preguntar, presentación, redes, requisitos, sociales, trabajo, twitter
Buscar un empleo hoy día es un trabajo duro que requiere mucho esfuerzo. Organízate y aprovecha bien tu tiempo.
- Ántes de ponerte a buscar pregúntate: ¿Qué sé hacer?, ¿Qué tipo de empleos hay disponibles?, ¿Estoy suficientemente preparado?, ¿Cuáles son mis puntos débiles?, ¿Puedo mejorar mis posibilidades de encontrar un empleo?
- Usa Internet para hacer tu búsqueda de empleo y planificar tus acciones. Puedes empezar viendo que ofertas de empleo hay disponibles cerca de tu lugar de residencia, qué requisitos piden para los trabajos que mejor preparado estás, etc.
- Anota todas las ofertas de empleo en las que te inscribes para no repetir. No queda bien y quien recibe dos candidatos verá en ello a una persona desordenada y poco cuidadosa
- No te molestes en presentar tu solicitud en una oferta de empleo para la que no cumples los requisitos. Ahórrate la molestia y el tiempo.
- Asegúrate que envías tus datos de contacto. Al menos tu dirección de email y un teléfono móvil. Aunque parezca mentira hay personas a la que o bien no envían datos de contacto o son erróneos
- Comprueba que tu CV está actualizado y no contiene faltas de ortografía. Con lo fácil que es pasarle el corrector a un texto antes de guardarlo! Un CV con faltas de ortografía no tiene excusas.
- Si te piden una carta de presentación procura hacerla personalizada para esa oferta. No te puedes imaginar la cantidad de personas que envian cartas de presentación a una empresa con el nombre de otra
- Si te citan para una entrevista de trabajo, ve al lugar de la cita unos días antes para asegurarte de que llegarás a tiempo
- Crea un blog y publica tu Curriculum vitae online. El blog te permitirá relacionarte en Internet, te ayudará a conocer más gente y permitirá que los demás te conozcan.
- Usa las redes sociales (Facebook, Twitter, Linkedin…) para darte a conocer y pedir a tus amigos que te recomienden. Cuantos más contactos tengas, más posibilidades de conseguir un empleo.
martes, 24 de noviembre de 2015
10 grandes lecciones que aprender de los niñ@s, no hay maestro pequeño...
8:00:00aprendizaje, Creer, hijos, instinto, Lecciones, liberación, Logros, maestro, niños, preguntar
Una vez, una madre primeriza le preguntó a Alejandro Jodorowsky cómo debía educar a su hijo, a lo que el artista chileno le respondió sin vacilar: “Deja que él te eduque a ti”. Esta anécdota, más allá del inteligente juego de significados, encierra una gran verdad que en muchas ocasiones se pasa por alto. Y es que los niños tienen mucho que enseñar y los adultos tenemos mucho que aprender.
Carlos Goñi y Pilar Guembe, en su libro Aprender de los hijos, lo resumen de forma brillante al asegurar que “cada hijo nos trae el mismo mensaje: a partir de ahora, todo va a ser al revés: aprende el que enseña, recibe el que da, queda lleno el que se vacía".
El poeta inglés George Herbert decía que un padre vale por cien maestros; nosotros pensamos que la frase también se puede aplicar a los hijos”.
Sí, se puede aprender de los hijos, pero también de los niños en general. Incluso podemos reaprender del niño que sigue estando dentro de nosotros.
Carlos Goñi y Pilar Guembe, en su libro Aprender de los hijos, lo resumen de forma brillante al asegurar que “cada hijo nos trae el mismo mensaje: a partir de ahora, todo va a ser al revés: aprende el que enseña, recibe el que da, queda lleno el que se vacía".
El poeta inglés George Herbert decía que un padre vale por cien maestros; nosotros pensamos que la frase también se puede aplicar a los hijos”.
Decía Novalis, el gran poeta del romanticismo alemán, que “ahí donde está la infancia se encuentra la edad de oro”. Una edad de oro en la que crecemos, nos desarrollamos y aprendemos con naturalidad, sin ningún esfuerzo. Lo que ocurre es que llega un momento en el que olvidamos aquellos valores y actitudes que teníamos incorporados y que nos hacían descubrir el mundo de una forma apasionada y apasionante.
Existe un momento en nuestra vida en el que toda actitud infantil es rechazada con frases del tipo “no seas niño” o “parece mentira, es peor el padre que el hijo” y cosas por el estilo que seguro que suenan familiares. Así, poco a poco, estas sanciones verbales van calando en el interior y hacemos eso que solo deberían hacer las frutas, es decir, madurar. Si nos apartamos de nuestra infancia, también lo hacemos de las grandes posibilidades de instruirse, desarrollarse y crecer. Son muchas y variadas las grandes lecciones que se pueden aprender observando a estos pequeños maestros.
A continuación, 10 de ellas, aunque, como suele pasar con el aprendizaje, sea del tipo que sea, lo mejor es que cada uno observe y saque sus propias conclusiones.
1. Ahora es lo que cuenta.
Los niños viven el momento con total intensidad, sin reservarse nada para después. Ponen toda su energía, empeño y corazón en lo que están haciendo ahora. Cuando están corriendo, cuando están construyendo una torre de piezas de madera, cuando se bañan en la playa… son capaces de estar inmersos en el presente. Ese es su tiempo y ahí es donde viven, sin dejarse agobiar por pensamientos del pasado ni preocupaciones del futuro que es posible que jamás lleguen.
Los niños viven el momento con total intensidad, sin reservarse nada para después. Ponen toda su energía, empeño y corazón en lo que están haciendo ahora. Cuando están corriendo, cuando están construyendo una torre de piezas de madera, cuando se bañan en la playa… son capaces de estar inmersos en el presente. Ese es su tiempo y ahí es donde viven, sin dejarse agobiar por pensamientos del pasado ni preocupaciones del futuro que es posible que jamás lleguen.
2. Preguntar aquello que no se sabe.
Sentenciaba Confucio que la verdadera sabiduría está en “saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe”. Sin duda, en la infancia, conscientes de todo aquello que se ignora, no paramos de preguntar y preguntar. No nos da vergüenza admitir que no sabemos esto o aquello con tal de obtener respuestas, y una vez conseguidas aparecen los “por qué” tan temidos por los padres, porque es muy posible acabar en un callejón sin salida o en cuestiones metafísicas. Pero es siendo capaces de preguntarse el porqué de todo como se crece y se sigue adelante.
Sentenciaba Confucio que la verdadera sabiduría está en “saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe”. Sin duda, en la infancia, conscientes de todo aquello que se ignora, no paramos de preguntar y preguntar. No nos da vergüenza admitir que no sabemos esto o aquello con tal de obtener respuestas, y una vez conseguidas aparecen los “por qué” tan temidos por los padres, porque es muy posible acabar en un callejón sin salida o en cuestiones metafísicas. Pero es siendo capaces de preguntarse el porqué de todo como se crece y se sigue adelante.
3. Asombrarse de lo que nos rodea.
Si no se ejercita, la capacidad de asombro disminuye con el paso del tiempo. Y con ella, la creatividad. Pero se puede practicar, podemos obligarnos a que las cosas nos sorprendan. Decía Proust que “la verdadera felicidad no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con otros ojos”. Esos nuevos ojos son los mismos que tuvimos cuando éramos pequeños. Porque si mirásemos el mundo con los ojos de un niño, sería un lugar absolutamente maravilloso y mágico. No habría espacio para las rutinas, ni el aburrimiento, ni la desidia.
Si no se ejercita, la capacidad de asombro disminuye con el paso del tiempo. Y con ella, la creatividad. Pero se puede practicar, podemos obligarnos a que las cosas nos sorprendan. Decía Proust que “la verdadera felicidad no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con otros ojos”. Esos nuevos ojos son los mismos que tuvimos cuando éramos pequeños. Porque si mirásemos el mundo con los ojos de un niño, sería un lugar absolutamente maravilloso y mágico. No habría espacio para las rutinas, ni el aburrimiento, ni la desidia.
4. Caerse es parte del aprendizaje.
Observando lo que ocurre en un parque cualquiera se puede ver con qué naturalidad los niños y niñas que allí juegan se caen y se levantan y se vuelven a caer como si no hubiera pasado nada. Tejanos rasgados, vestidos manchados, alguna pequeña heridilla que requiere de un poco de agua y ya está. El juego continúa. Ellos se caen sabiendo que se van a levantar y que se van a volver a caer. Si de mayor es tan difícil aprender a ir en bicicleta no es por una cuestión de habilidad o equilibrio, es por el miedo que da caer. Y quien dice bicicleta dice cualquier desafío que requiera de superar los miedos propios.
Observando lo que ocurre en un parque cualquiera se puede ver con qué naturalidad los niños y niñas que allí juegan se caen y se levantan y se vuelven a caer como si no hubiera pasado nada. Tejanos rasgados, vestidos manchados, alguna pequeña heridilla que requiere de un poco de agua y ya está. El juego continúa. Ellos se caen sabiendo que se van a levantar y que se van a volver a caer. Si de mayor es tan difícil aprender a ir en bicicleta no es por una cuestión de habilidad o equilibrio, es por el miedo que da caer. Y quien dice bicicleta dice cualquier desafío que requiera de superar los miedos propios.
5. Y mancharse también.
La suciedad asusta. Queremos vivir, pero salir impolutos del intento. Tocamos la comida con cubiertos, nos sacudimos enseguida la arena o la nieve en el abrigo. Los adultos crean un mundo aséptico que huele a consulta de médico y que los alergólogos alertan de que es pernicioso para el desarrollo del sistema inmunitario. Pero además esta cruzada en contra de la suciedad hace tomar distancia del mundo, pero cuando este se vive con total intensidad salpica. Experimentar ensucia. Explorar ensucia. Construir ensucia. Es parte del aprendizaje.
La suciedad asusta. Queremos vivir, pero salir impolutos del intento. Tocamos la comida con cubiertos, nos sacudimos enseguida la arena o la nieve en el abrigo. Los adultos crean un mundo aséptico que huele a consulta de médico y que los alergólogos alertan de que es pernicioso para el desarrollo del sistema inmunitario. Pero además esta cruzada en contra de la suciedad hace tomar distancia del mundo, pero cuando este se vive con total intensidad salpica. Experimentar ensucia. Explorar ensucia. Construir ensucia. Es parte del aprendizaje.
6. Liberados de la obsesión por lo nuevo.
Ver una película y volver a verla una y otra vez. Querer escuchar ese cuento que ya ha sido contado en cientos de ocasiones. Repetir la misma camiseta porque es su favorita. Los niños reinciden. No están sujetos por la espiral de la novedad constante. Por esa ansia que produce el incesante bombardeo publicitario que dice que lo nuevo es mejor. Son inmunes, aún, a ello.
7. Seguir el propio instinto.
Los más pequeños actúan y deciden por instinto. Por instinto se acercan y confían. Por instinto crecen y se desarrollan. Esta conducta en muchas ocasiones es la que da las respuestas correctas. Pero luego aparece el cálculo de posibilidades. El qué pasaría si… La duda constante y, en definitiva, la parálisis por análisis. Debemos reaprender a seguir nuestro instinto.
8. Orgullo de los logros propios.
“¡Mira, mamá, lo que sé hacer!”. Seguro que esta frase nos suena. Y es que estos grandes maestros no esconden sus progresos. Saben felicitarse cuando tienen que hacerlo, estar alegres por las cosas que aprenden, y son capaces de celebrar sus éxitos y compartirlos con sus seres queridos. Una actitud de entusiasmo por la superación que les lleva a querer conquistar nuevas cimas y afrontar nuevos desafíos. ¿Cuánto hace que no nos felicitamos a nosotros mismos? ¿Cuánto que no somos capaces de compartir un logro personal?
9. Si río, río. Si lloro, lloro.
Saber expresar los sentimientos y no tener miedo o reparo en ello es una gran lección de inteligencia emocional. Los niños son capaces de llorar en público, de reír a carcajadas, de entregarse a sus emociones. Y no esperan a que les adivinemos los sentimientos. No. Si requieren de un abrazo, de un beso de buenas noches, de un consuelo… lo piden, y así la vida es mucho más sencilla. También son capaces de admitir el miedo o que algo les asusta, y de esta manera, con ayuda, es mucho más sencillo afrontarlos y superarlos.
10. ¿Amigos?
Hacer amigos es una cuestión de confianza, aceptación, generosidad, espontaneidad… Cuando se es pequeño cuesta muy poco hacer amigos, compartir, jugar, divertirse, explorar juntos. Es una actitud alegre y despreocupada que hace que el mundo sea un lugar menos solitario. ¡Con lo poco que nos cuesta pedir amistad en Facebook y lo duro que se hace decir “¿amigos?” en la vida real! A ellos no.
11. Yo creo. Los niños creen.
En los Reyes Magos, en las hadas y en cualquier tipo de magia, incluso la propia. ¿Nos suena cuando vienen y tratan de convencernos de que este objeto o este otro tiene propiedades mágicas? Claro, es posible que piensen que eso les hace vulnerables, ingenuos tal vez. Pero ya nos advertía Roald Dahl, el famoso escritor de libros infantiles: “El que no cree en la magia nunca la encontrará”. Sea como sea, la verdadera cuestión es mantenerse despierto a lo desconocido, a las posibilidades, al misterio, a lo que no entendemos. Por ejemplo, abrirnos a la magia de volver a ser niños.
Ver una película y volver a verla una y otra vez. Querer escuchar ese cuento que ya ha sido contado en cientos de ocasiones. Repetir la misma camiseta porque es su favorita. Los niños reinciden. No están sujetos por la espiral de la novedad constante. Por esa ansia que produce el incesante bombardeo publicitario que dice que lo nuevo es mejor. Son inmunes, aún, a ello.
7. Seguir el propio instinto.
Los más pequeños actúan y deciden por instinto. Por instinto se acercan y confían. Por instinto crecen y se desarrollan. Esta conducta en muchas ocasiones es la que da las respuestas correctas. Pero luego aparece el cálculo de posibilidades. El qué pasaría si… La duda constante y, en definitiva, la parálisis por análisis. Debemos reaprender a seguir nuestro instinto.
8. Orgullo de los logros propios.
“¡Mira, mamá, lo que sé hacer!”. Seguro que esta frase nos suena. Y es que estos grandes maestros no esconden sus progresos. Saben felicitarse cuando tienen que hacerlo, estar alegres por las cosas que aprenden, y son capaces de celebrar sus éxitos y compartirlos con sus seres queridos. Una actitud de entusiasmo por la superación que les lleva a querer conquistar nuevas cimas y afrontar nuevos desafíos. ¿Cuánto hace que no nos felicitamos a nosotros mismos? ¿Cuánto que no somos capaces de compartir un logro personal?
9. Si río, río. Si lloro, lloro.
Saber expresar los sentimientos y no tener miedo o reparo en ello es una gran lección de inteligencia emocional. Los niños son capaces de llorar en público, de reír a carcajadas, de entregarse a sus emociones. Y no esperan a que les adivinemos los sentimientos. No. Si requieren de un abrazo, de un beso de buenas noches, de un consuelo… lo piden, y así la vida es mucho más sencilla. También son capaces de admitir el miedo o que algo les asusta, y de esta manera, con ayuda, es mucho más sencillo afrontarlos y superarlos.
10. ¿Amigos?
Hacer amigos es una cuestión de confianza, aceptación, generosidad, espontaneidad… Cuando se es pequeño cuesta muy poco hacer amigos, compartir, jugar, divertirse, explorar juntos. Es una actitud alegre y despreocupada que hace que el mundo sea un lugar menos solitario. ¡Con lo poco que nos cuesta pedir amistad en Facebook y lo duro que se hace decir “¿amigos?” en la vida real! A ellos no.
11. Yo creo. Los niños creen.
En los Reyes Magos, en las hadas y en cualquier tipo de magia, incluso la propia. ¿Nos suena cuando vienen y tratan de convencernos de que este objeto o este otro tiene propiedades mágicas? Claro, es posible que piensen que eso les hace vulnerables, ingenuos tal vez. Pero ya nos advertía Roald Dahl, el famoso escritor de libros infantiles: “El que no cree en la magia nunca la encontrará”. Sea como sea, la verdadera cuestión es mantenerse despierto a lo desconocido, a las posibilidades, al misterio, a lo que no entendemos. Por ejemplo, abrirnos a la magia de volver a ser niños.
Pequeña lección histórica
Cuando Donato d’Angelo Bramante hubo terminado por fin los planos de la basílica de San Pedro, envió a su hijo de siete años para que se los entregara al papa Julio II. El Papa, satisfecho por el trabajo, puso ante el niño una caja llena de monedas de oro y dijo: “Mete la mano y toma todas las monedas que puedas”. “Creo que será mejor que usted tome las que pueda y se las dé a mi padre”, contestó el niño. “¿Por qué no crees que eres capaz de hacer esto?”. “Sí que me creo capaz, pero usted tiene las manos más grandes”.
martes, 13 de octubre de 2015
Excepcional corto: ¿Hasta donde estarías dispuest@ a cambiar?
Cambios de actitud ante la vida, la rutina, etc...
¿Lo vas hacer toda tu vida?
¿Te has preguntado si serías feliz realizando otras cosas?
No importa lo que hagas, siempre y cuando te sientas lleno de felicidad.
sábado, 21 de febrero de 2015
¿Cómo superar con éxito tu periodo de adaptación y prueba en una empresa?
14:46:00adaptación, empleo, empresa, evaluación, éxito, expectativas, favores, memoria, Oportunidad, periodo, preguntar, proceso, prueba, superar, tareas, trabajo
Progresa adecuadamente. Siempre recuerdo el PA y el NM (necesita mejorar) de las calificaciones cuando cursaba EGB, si porque soy de EGB, la ESO no me pilló, nunca dos palabras calificaron tanto. ¿Por qué recurro a ellas como primera idea? Muchos candidatas/os superan el período de selección y creen que se acabó, que ya está todo hecho. Iniciar un período de prueba es marcarse un progresa adecuadamente cada día, ya que muchos de los/las “elegidos/as para la gloria” sacan el “lado más deplorable de su personalidad” y se olvidan que ese período también está siendo objeto de evaluación (en realidad es un contínuo)
Donde fueres haz lo que vieres. Los primeros días tienes que ser como Bob Esponja, ni amarillo, ni “apalancarte” en la máquina del café sino absorber, investigar todos los elementos del “nuevo ecosistema” en el que vas a moverte. Dress code, dónde tiene lugar las reuniones informales, cómo son los procesos, qué tipo de actividades hacen después… Se trata de adaptarte a su rutina y procedimientos, no pretendas convertirte en el más listo/a del lugar, se trata de hacer amigos, no enemigos…
Cultura del detalle. Tu trabajo, tus tareas hazlas con sumo cuidado y mimo, repasa tus proyectos, comunicaciones, relaciones… La primera impresión es la que cuenta y es muy difícil de borrar. No obstante, por mucho que te empeñes en parecer profesional, es tu trabajo el que te dotará de las competencias a ojos de tus compañeros/as y superiores.
No te metas en charcos y aguas procelosas. Tus compañeros/as llevan ya mucho tiempo relacionándose y conociéndose, evita participar en escarnios públicos, rumores, cotilleos u otra información de dudosa procedencia. Se trata de adaptarse al entorno, pero no de incluirse en la “manada” a cualquier precio.
Entrena tu memoria. Apréndete los nombres de las personas con las que trabajas. Si, ya sé que puede que tengas “memoria pez”, pero a todos nos gusta que nos llamen por nuestro nombre, rompemos barreras y damos importancia a los que nos rodean, son personas, no “departamentos”.
Ofrece más, supera sus expectativas. Una de las frases que he oido muchas veces es: no me han contratado para esto (salvo excepciones, que las hay por aquello de sobrepasar ciertos límites) tu disposición a resolver problemas, tu capacidad para asumir nuevas responsabilidades están en asumir nuevas tareas y salir de tu “zona de confort”. Ya tendrás tiempo de marcar cuáles son tus funciones, cuando sea necesario.
Pregunta, pregunta, pregunta ¿te he dicho que preguntes?. Muchos candidatos/as salen con ese mal vicio universitario de no preguntar por aquello de parecer tonto/a, por qué pensarán los demás sobre si pregunto algo que no sé. ¡Albricias!, resulta que no sabes algo, es normal ¿no? Todos/as estamos en continuo aprendizaje tanto en nuestros trabajos como en la vida, por tanto, preguntar es mejor que pasar por “sabihondo/a” y hacer las cosas mal, te aseguro que la cara que se te queda es mucho peor.
Los últimos serán los primeros. Olvídate del “síndrome del boli caído a las siete de la tarde en punto”, no salgas de tu trabajo como alma que lleva el diablo, como si te hubiesen prendido fuego en los pantalones…
Pedir de más… Que tus superiores o compañeros/as sean educados y corteses, no es motivo de “barra libre” para solicitar o pasarse de “frenada”. Olvídate de pedir favores, permisos para salir antes (en la medida de lo posible). No se trata de que te cojas el pie en lugar de la mano.
Pedir de más… Que tus superiores o compañeros/as sean educados y corteses, no es motivo de “barra libre” para solicitar o pasarse de “frenada”. Olvídate de pedir favores, permisos para salir antes (en la medida de lo posible). No se trata de que te cojas el pie en lugar de la mano.
Si te equivocas, no hagas una tragedia. Es normal que en los primeros meses, tengas algún traspiés o te equivoques en algo, repite: “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”. Si hasta “Él” se equivoca …
No te centres en el error, sino en cómo solucionarlo, no se trata de pedir disculpas, sino de cómo te enfrentas a situaciones de error o difíciles.
En definitiva, piensa que es una gran oportunidad, que has conseguido el trabajo al que te presentabas, pero que el proceso aún no ha terminado, en realidad, no termina nunca.
Fuente: Belén Claver
lunes, 29 de diciembre de 2014
Idealizar el trabajo, causa de infelicidad
17:05:00ascenso, causa, comunicar, cultura, empleo, empresas, equipos, feliz, idealizar, infelicidad, oficina, preguntar, trabajadores, trabajo
¿Sientes que aunque sales temprano de la oficina y recibes formación, no eres feliz en el trabajo?.
Quizá esto sea porque estás basando tu felicidad en una expectativa equivocada. El 70% de las veces la insatisfacción se da por idealizar el empleo y el concepto de ascenso, según Jenn Lim, directora de Delivering Happiness.
Para hablar de felicidad laboral, hay que preguntarse qué aspecto de tu trabajo es vital para ti si cambiaras de empleo.
Si no sabes definir tu propósito, un ejercicio es pensar en los buenos y malos momentos en la trayectoria de trabajo. Esto representa un valor que buscarás encontrar en los futuros trabajos, detalló la psicóloga Liliana Soria, adscrita al Instituto Humanista Gestalt.
Pero es imposible pensar que la infelicidad laboral sólo es tema del empleado que “idealiza” y no sabe clarificar metas. Las empresas deben conectar con su gente, “si los valores de una y otra parte se alinean entonces hay felicidad laboral”.
A nivel mundial, 13% de los colaboradores se sienten comprometidos y felices con su trabajo, según una encuesta de Gallup entre 180 millones de trabajadores en 142 países.
¿Qué debe hacer una organización para tener equipos más contentos?
Primero, romper con el mito de que los empleados son leales porque eres la “gran empresa”. Ser más práctico y menos etéreo ayuda, ellos estarán más dispuestos si tienen un lugar en el futuro de la empresa, ejemplificó Carlos Piera, consultor corporativo en Delivering Happiness.
Puntos para trabajar ese concepto:
1. Crear cultura
Cultura es lo que diferencia a una empresa de otras respecto al trabajo con la gente, y según lo que considera valioso.
Ejemplo: ¿cómo enseñar a un empleado a perder el miedo a innovar? Hay que definir esos conceptos en un libro, como hacen las empresas con su código de familia, que les indica cómo actuar si se presentan ciertos problemas.
2. Armar buenos equipos
Las firmas en busca de felicidad sustentable invierten más tiempo en contratar, ven que el perfil del empleado encaje con lo que ellos consideran valioso, pero también despiden rápido, un empleado que no encaja ni cree en los valores de la empresa enrarece el clima laboral.
3. Preguntar y comunicar
Un fallo de las empresas es asumir que lo que decide un grupo de personas hará feliz al resto. “Pongo una cafetera, eso los tendrá contentos”, hay que tener canales de comunicación por grupos de empleados para hacer partícipes a todos.
4. Impulsar otras pasiones
Permitir a la gente que traiga sus aficiones al lugar de trabajo también impulsa felicidad. Si alguien ama cocinar, invítalo a dar un taller, señaló Jenn Lim.

























