Capacity.es

El que conoce el arte de vivir consigo mismo, ignora el aburrimiento

Capacity.es

Disfruta con lo que haces, sin que sea un sacrificio

Capacity.es

La mejor forma de predecir el futuro es creándolo

Capacity.es

La fuerza no proviene de la capacidad física, si no de la voluntad del alma

Capacity.es

La vida son los lugares que nos quitan la respiración

Mostrando entradas con la etiqueta vocación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vocación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de abril de 2016

¿Cuáles son las diferentes formas de vivir el trabajo?


Independientemente del tipo de trabajo que desempeñemos, existen cuatro actitudes distintas de afrontar el día a día laboral. 

Es cierto que no podemos cambiar a nuestro jefe ni a nuestros compañeros de trabajo. Tampoco podemos hacer mucho para que varíen nuestras condiciones laborales. Sin embargo, nuestro grado de satisfacción e insatisfacción no tiene tanto que ver con nuestras circunstancias, sino con la actitud que tomamos frente a ellas.

El primer nivel de actitud engloba a quienes “odian lo que hacen”. Es decir, a todos aquellos que no solo detestan su empleo, sino también la cantidad de dinero que perciben por sus servicios. No intentan disimular su descontento para con la empresa en la que trabajan. Debido a su malestar, tampoco podrían. Su lenguaje corporal es de lo más elocuente, y la expresión de su rostro, completamente transparente. Están enfadados con el mundo y convencidos de que son víctimas del sistema.

"Al ser humano se le puede arrebatar todo salvo la actitud con la que enfrenta sus circunstancias" Viktor Frankl

El segundo nivel de actitud representa a quienes “cumplen con lo que hacen”. Sin duda alguna, es el perfil mayoritario en nuestra sociedad. En este caso, las emociones predominantes son la impotencia, la resignación o la indiferencia. En general no saben qué les gustaría hacer con su vida laboral. O simplemente no se atreven a dar pasos en la dirección de sus sueños por miedo a salir de la zona de comodidad en la que llevan años instalados. Durante ocho horas al día se dedican a cumplir con sus obligaciones laborales. Ni más ni menos. Sin embargo, la rutina termina alienándoles, marchitando su ilusión y consumiendo su energía vital.




Si pudieran permitírselo, no trabajarían. Conciben el trabajo como un trámite necesario para ganar dinero con el que pagar sus facturas. Suelen mirar el reloj mientras están en la oficina y su mayor deseo es que llegue el viernes para poder desconectar. Mientras, algunos suelen rellenar quinielas o jugar a la lotería, esperando que un boleto ganador les libere del estado de esclavitud económica en el que se encuentran. Pero dado que ese cupón nunca llega, su grado de enajenación aumenta de forma exponencial conforme van pasando los años.

Al llegar las vacaciones, quieren hacer tantas cosas que las terminan viviendo con estrés y ansiedad. Y una vez de vuelta a la rutina laboral, casi todos sufren el denominado “síndrome posvacacional”. Así, durante los primeros días de septiembre padecen insomnio, pérdida de apetito y falta de concentración. Si bien estos síntomas surgen como consecuencia de un desajuste temporal de los hábitos, también acostumbran a sentir ­desasosiego y vacío existencial, lo que pone de manifiesto la insatisfacción que vienen acumulando durante todo el año.


Cuenta una historia que tres albañiles estaban desempeñando la misma tarea a las afueras de un pueblo. De pronto apareció un niño, que se acercó a ellos con curiosidad. Estaba intrigado por el tipo de obra que estaban construyendo. Al observar al primer obrero, se dio cuenta de que no paraba de negar con la cabeza. Parecía molesto y enfadado. Sin embargo, el chaval se armó de valor y le preguntó: 

“¿Qué está usted haciendo?”. El albañil, incrédulo, lo miró despectivamente y le respondió: “¿Qué pregunta más tonta es esa? ¿Acaso no lo ves? ¡Estoy apilando ladrillos!”.

Aquella respuesta no fue suficiente para el niño. Por eso se dirigió al segundo operario, cuya mirada irradiaba resignación e indiferencia. “Perdone que le interrumpa, señor”, dijo el chaval con cautela. “Si es tan amable, ¿me podría decir que está usted haciendo?”. Cabizbajo, el albañil se limitó a contestarle: “Nada importante. Tan solo estoy levantando una pared”.

Finalmente, el niño se acercó hasta el tercer obrero, quien silbaba mientras disfrutaba de su tarea. Tanto es así que el chaval se acercó con más tranquilidad y confianza. Y nada más verlo, el albañil le saludó: “¡Buenos días, jovencito! ¿Qué te trae por esta obra?”. Sorprendido por su buen humor, el chaval le contestó: “Tengo mucha curiosidad por saber qué está usted haciendo”. Aquel comentario provocó que el operario irradiara una enorme sonrisa. Y, con cierto tono de satisfacción, le respondió: “¡Estoy construyendo el hospital infantil del pueblo!”.

A pesar de que solemos asociar el trabajo con el cumplimiento de un deber o una obligación, podemos convertir nuestra dimensión profesional en una forma de expresar lo mejor de nosotros mismos. 

"Elije un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida" Confucio


Esta es precisamente la principal característica del tercer nivel de actitud, que agrupa a quienes “aman lo que hacen”. Es decir, a aquellos que, a pesar de no dedicarse –ni mucho menos– a su profesión soñada, tratan de poner al mal tiempo buena cara. De hecho, se caracterizan por la energía positiva que desprenden mientras trabajan. Y no precisamente porque ejerzan tareas divertidas. Se trata de una actitud.

Las personas que aman lo que hacen cuentan con una desarrollada inteligencia emocional. Saben cómo convertir los problemas laborales en oportunidades de aprendizaje. En vez de quejarse o protestar por lo que les falta o por lo que no tienen, suelen valorar y agradecer aquellas cosas provechosas que les aporta actualmente su trabajo.

Como consecuencia de este cambio de actitud, irradian un buen humor contagioso, creando a su alrededor un clima agradable, que además revierte en su propia satisfacción. De manera natural, fomentan relaciones basadas en la confianza y la complicidad. Están a gusto consigo mismas y con su vida profesional. Y así es como suelen sentirse aquellos con los que interactúan, sean jefes, compañeros, clientes o proveedores.



En esta misma línea viven su profesión las personas que se agrupan en el cuarto nivel de actitud: los que “hacen lo que aman”. En este colectivo se encuentran quienes se han alineado con una misión y un propósito que va más allá de ellos mismos. Es decir, aquellos que desarrollan una actividad útil, creativa y con sentido, que verdaderamente contribuye a mejorar la vida de los demás. Se nota que respetan el trabajo que han escogido y hablan de ella con pasión y entusiasmo.

Las personas no deciden movidas por la lógica ni la razón. Por el contrario, sus opciones son fruto de escucharse a sí mismas. Así, la palabra “vocación” procede del verbo latino vocare, que significa “una llamada que viene desde nuestro interior para poner nuestra voz en acción”. Al seguir nuestra vocación, lo que hacemos en la vida se convierte en un fiel reflejo de quienes hemos descubierto que somos. Y el 100% de las veces nos conecta con valores como el altruismo y la generosidad.

Hacer lo que se ama está vinculado con el descubrimiento y el desarrollo de los talentos innatos. De hecho, es una inmejorable oportunidad para desplegar el potencial que reside en cada uno. Tanto es así que estas personas no conciben su función profesional como un trabajo. Para ellas, no tiene sentido hablar de horarios. De hecho, ninguna siente que trabaja. Y sin importar el dinero que ganen, se sienten inmensamente ricas.

Aunque no lo han buscado, suelen disfrutar de una cierta abundancia económica, la cual nunca es un objetivo en sí mismo, sino que siempre viene como resultado de su contribución a la sociedad. 

Curiosamente, todas ellas –sin excepción– se sienten inmensamente afortunadas y agradecidas por el aprendizaje derivado de todo lo que han experimentado a lo largo de la vida, especialmente de los hechos más adversos y dolorosos. Principalmente porque han sido los que han necesitado para descubrir su lugar en el mundo.
"¿A qué estás esperando? Encuentra tu propia voz. Cuanto más tardes en empezar a buscarla, más difícil te será encontrarla" Walt Whitman

Para saber más

Libro 
‘Vivir sin jefe’. Sergio Fernández, (Plataforma). El libro describe los errores que cometen aquellos que deciden trabajar por su cuenta, emprendiendo sus propios proyectos, dándole un nuevo sentido a su dimensión profesional.

Película
‘Jerry Maguire’. Cameron Crowe. Una película que narra la historia de un representante de deportistas de élite cuyo trabajo le ha llevado a olvidar lo que de verdad importa, así como el viaje de reinvención para volver a amar lo que hace.

 


Fuente: Borja Vilaseca (elpais)
Share:

domingo, 14 de junio de 2015

¿Por qué debemos desconfiar del “Coaching” como forma de terapia?

En un diálogo inventado, David Pulido expone las razones por las que deberíamos mirar con otros ojos la moda del 'coaching' y sus milagrosas recetas para resolver los problemas de la vida cotidiana

Ante el emergente negocio del coaching, que ha irrumpido con fuerza en la manera de tratar los problemas, los psicólogos nos hemos visto envueltos en el debate sobre su aparición y eficacia, cuestionados por pacientes y también por allegados que no entienden por qué no se nos ha ocurrido antes esta manera tan productiva de hacer terapia.

En este diálogo ficticio se exponen tanto los motivos por los que se ha popularizado el coaching como las respuestas que damos los psicólogos que defendemos la rigurosidad de nuestro trabajo. ¡Ojo, no es un debate imparcial!: El título del artículo ya deja claro la postura que defiendo pero espero que al terminar de leerlo se entienda también el por qué.

- ¿Qué tiene de malo que surja un nuevo método psicológico para tratar los problemas?

- Dejando para más adelante que ni es nuevo ni es un método, me llama la atención que uses el término psicológico cuando la mayor crítica es que un coach no necesita ser psicólogo. Puede haber estudiado empresariales o informática, hacerse un cursillo de meses de duración (ni siquiera tiene que ser presencial) y empezar a ejercer de “coach”. Eso sí; el término en inglés que queda mucho más sofisticado que el de “entrenador”.

- ¡Qué manía con el intrusismo laboral! Yo no creo que un problema tenga que ser tratado obligatoriamente desde una única perspectiva profesional. No veo por qué su aparición es una amenaza a la terapia tradicional.

- No es un tema únicamente de intrusismo profesional, sino de cómo complica la divulgación científica de nuestro trabajo. Te lo planteo de otra manera: ¿Puedes explicarme tú qué tiene el coaching de diferente respecto a lo que llamas “terapia tradicional”?




El eclecticismo ha hecho ya mucho daño a la psicología como disciplina científica como para que encima se considere una virtud


- Está bien. De entrada lo que nos llega es que el coaching es para gente que no tiene problemas mentales serios sino problemas en su vida cotidiana.

- Volvemos de nuevo a esa falsa línea divisoria que antes se trazaba entre los psiquiatras y los psicólogos y que en nada se ajusta a lo que vemos en consulta ni a la vivencia de cada persona: ¿Es que acaso un problema de ansiedad o un trastorno obsesivo compulsivo no es grave? ¿Es que una relación de pareja cotidiana o las habituales broncas con nuestro hijo adolescente no merecen ser tratadas con toda la seriedad posible? Tan erróneo es pensar que un psicólogo no puede tratar con cuadros clínicos complejos como inventarse una nueva categoría profesional si el problema es considerado “más mundano”.

- A lo que me refería es que el coaching es un tratamiento práctico, de dar consejos concretos, mientras que la terapia tradicional es más un proceso de escucha y de introspección.

- Eso es un error clásico ya. Es cierto que existen corrientes terapéuticas, como el psicoanálisis, que no dan pautas de manera directa pero los tratamientos cognitivos conductuales son cortos, dando un papel activo al paciente en el propio diseño de la intervención, y empezando a trabajar sobre objetivos y técnicas concretas desde la cuarta o quinta sesión. No hay nada más práctico que eso. Y además de tener respaldo científico, los estudios demuestran que los pacientes mejoran y lo hacen de manera permanente.

- ¿Ves? Ya hablas de diferentes corrientes dentro de la psicología. ¡Normal que la gente no se aclare! En cambio el coaching es ecléctico. Utiliza técnicas de diferentes corrientes; lo mejor de cada una; lo que en cada momento se necesite. 

- ¡Me niego! El eclecticismo ha hecho ya mucho daño a la psicología como disciplina científica como para que encima se considere una virtud. ¿Qué pensarías de un traumatólogo que, dependiendo de la parte del cuerpo que se te hubiera roto, te aplicara un antiinflamatorio, homeopatía o te hiciera la danza de la lluvia? ¿Creerías que es un profesional serio que domina un campo? ¿Confiarías siquiera que la medicina es una ciencia si cambia su marco teórico en función del criterio de quien la aplica? La psicología lleva décadas investigando, experimentando y reuniendo evidencia empírica para explicar cualquier tipo de problema con los mismos principios psicofisiológicos del aprendizaje.

- ¿Entonces sólo quien ha estudiado biología, aprendizaje, y los procesos cognitivos puede asesorar a alguien? Siempre han existido mentores, sabios, gente que da buenos consejos ¡y no son psicólogos! Para poder ser un modelo de conducta o guiar a alguien en la toma de decisiones no hace falta siquiera estudiar una carrera.

- Con ese mismo argumento tampoco haría falta estudiar cursos de coaching. ¿O te enseñan a ser sabio en los meses que dura la formación?. Ah no, para ser coach tienes que tener tu título de coach. ¡Menuda contradicción!.

Por supuesto que existe gente que por su experiencia vital sabe aconsejar a los demás. Puede que incluso no sean sabios y sepan decirte lo que necesitas desde el apoyo o el cariño.
Todos tenemos un amigo que sabe de informática al que pedimos consejo, o una madre a la que preguntar por un guiso sin necesidad de que haya estudiado cocina, pero cuando contratamos los servicios de alguien, exigimos a cambio unos mínimos de profesionalidad que garanticen unos principios éticos y metodológicos.

- Hablas de los coaches como si fueran directamente estafadores. Eso es injusto. Si se dedican a esto son personas que tienen vocación de servicio a los demás.

- No, perdona, esos son los voluntarios, los activistas… las personas que no cobran por ayudar. Los “gorrillas” que te dicen cómo aparcar un coche no lo hacen para que les des las gracias.
Los coaches, con mejor o peor intención, con mayor o menor calidad humana que los psicólogos, eso es irrelevante, van a cobrarte unas tarifas por hacerte de guía en tu vida ¿Es tan ilógico que exijamos saber de dónde vienen y que garanticen saber hacia dónde van?.




El coaching nace del fracaso de la psicología a la hora de explicar qué hacemos los psicólogos en terapia

- Hablando de tarifas: Tal vez esa sea otra razón de peso: El coaching es más barato y mucho más accesible que la mayoría de terapias.

- No hay nada más caro que pagar por algo que no funciona. O que no sabemos si lo hace al no poder hacer un estudio riguroso dada la inexistencia de un marco teórico. Si de verdad existe una intención de aportar nuevas vías terapéuticas se debería emplear más recursos en respaldar empíricamente lo que hacen y menos en tratar de vender sus servicios o acabarán convirtiéndose en el “Todo a cien” de la psicología.

- Pero entonces… si el coaching lo aplicaran psicólogos que quieran aplicar un enfoque más práctico y directo a sus pacientes ¿te parecería bien que se hiciera?

- Por supuesto. ¡Pero eso ya existe desde hace décadas! Se llama consultoría conductual o terapia breve. Los psicólogos lo usan si al acabar la evaluación ven que el paciente no tiene que aprender nuevas conductas sino usar de manera más óptima sus propios recursos. Por eso es de una duración menor el tratamiento sin salirse del marco científico y aplicado por profesionales que tienen una visión general de la psicología.

- Entiendo. Pero hay una última cuestión que me perturba: Si todo es como dices, ¿por qué existe el coaching?, ¿por qué existe entonces tanta demanda de un nuevo servicio si no es tan nuevo, ni tiene respaldo teórico ni una metodología clara ni una garantía en sus resultados?

- Tienes toda la razón: El coaching nace del fracaso de la psicología a la hora de explicar qué hacemos los psicólogos en terapia. Hemos banalizado tanto nuestro trabajo que la gente no es capaz de ver que tras cada pauta dada existe una disciplina científica detrás. Con cada aparición televisiva con un polígrafo, con cada libro de auto ayuda por autores que no ha visto un solo paciente, con cada fracaso a la hora de aunar criterios metodológicos, hemos aupado a que cualquiera se vea con la capacidad de tratar problemas psicológicos. Tras tantos mitos que hemos tenido que desmontar para acercar a la gente a las consultas ahora tenemos que coexistir con una nueva corriente terapéutica no científica. La única manera de acabar con esta penitencia es la divulgación y la ejemplaridad con la que hemos de ejercer nuestra maravillosa profesión.  

Fuente: David Pulido (elconfidencial) , compagina la actividad clínica con la docente, siendo profesor del Máster de Terapia de Conducta en el Instituto de Terapia de Madrid y profesor honorario del Prácticum de la facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid. Su actividad profesional se ha desarrollado en diversos ámbitos clínicos como centros de salud, centros de acogida de menores o gabinetes de psicología. Ejerce como divulgador de la psicología en programas de de televisión como 'Las mañanas de la 1', 'España Directo' o 'Las Mañanas de Cuatro'.
Share:

Vistas de página en total

Entrada destacada

Maravilloso Corto Educativo: Hazlo todos los días, porque mañana...? (HD)

Extraordinario Video de 2 minutos que nos dá simples pautas para vivir cada día, sin mirar el mañana, para poner la motivación que s...

¿Te gusta éste blog? Compartelo!

Etiquetas

Archivo del blog

Siguenos en Google

Facebook

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *