Capacity.es

El que conoce el arte de vivir consigo mismo, ignora el aburrimiento

Capacity.es

Disfruta con lo que haces, sin que sea un sacrificio

Capacity.es

La mejor forma de predecir el futuro es creándolo

Capacity.es

La fuerza no proviene de la capacidad física, si no de la voluntad del alma

Capacity.es

La vida son los lugares que nos quitan la respiración

Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de junio de 2024

"Transforma Tu Vida con las 12 Leyes del Karma: Siembra Buenas Acciones y Cosecha Bienestar"

El karma es un concepto que se refiere a la idea de que nuestras acciones tienen consecuencias. Aquí te explico brevemente las 12 leyes del karma: 1. Causa y Efecto: Recoges lo que siembras. Cada acción tiene una consecuencia. 2. Creación: Creas tu propia realidad con tus pensamientos y acciones. 3. Humildad: Acepta las cosas tal como son, deja ir el pasado y enfócate en el futuro. 4. Conexión: Todo en la vida está interconectado y tiene un propósito. 5. Responsabilidad: Tu vida es el resultado directo de tus propias acciones. 6. Crecimiento: Para crecer y mejorar, debes cambiar tú mismo, no a los demás.
7. Enfoque: No puedes concentrarte en lo bueno y lo malo al mismo tiempo. Elige tu enfoque. 8. Dar y Hospitalidad: Cómo tratas a los demás refleja tus verdaderas intenciones. 9. Aquí y Ahora: El momento presente es lo único que tienes. Vive en el presente. 10. Cambio: La vida repetirá las lecciones hasta que aprendas de ellas. 11. Paciencia y Recompensa: Las cosas buenas requieren trabajo duro, fe y determinación. 12. Importancia e Inspiración: Recibes de la vida lo que pones en ella. Tus esfuerzos y dedicación te llevan a los resultados que obtienes. Estas leyes del karma nos enseñan a ser conscientes de nuestras acciones y a vivir de una manera que promueva el bienestar personal y colectivo.
Share:

lunes, 27 de mayo de 2024

Yo conozco una flor que es única en el mundo...❣️

Precioso fragmento de la novela de El principito... Importante... Hace millones de años que las flores echan espinas y también hace millones de años que las ovejas se comen las flores y tú crees que eso no es importante. Pues claro que lo es. Yo conozco una flor que es única en el mundo y solamente crece en mi planeta, pero cualquier mañana puede llegar una oveja y destruirla de un solo bocado y tú crees que eso no es importante.
Supongo que sí. Lo que tú no comprendes es que haya alguien que ame una flor que sólo crece en una estrella entre los millones y millones de estrellas que hay en el cielo, que le baste con mirar a las estrellas para sentirse feliz y se diga en alguna parte de ahí arriba está mi flor, pero si una oveja se come la flor para él se han apagado todas las estrellas y tú crees que eso no es importante, a ti no te preocupa, te tiene sin cuidado, verdad?...

Share:

miércoles, 24 de abril de 2024

TODO LLEGA A TU VIDA...❣️

Todo llega en el momento preciso, todo llega en el momento adecuado, todo llega cuando estás preparada, cuando estás preparado para vivir esa experiencia y ¿de qué depende, estar preparados o no? De tu nivel de conciencia, ¿has observado que hay personas a las que todo le va mal? y por otro lado, hay personas a las que todo le va bien, ¿sabes cuál es la diferencia?, el nivel de conciencia. A los que va todo mal, están en modo víctima, culpando de todo lo que sucede a otras personas o al entorno, a las personas que les va bien, son personas que están en modo empoderado, son personas que se hacen responsables de su vida. Ésta es la diferencia, cuando te responsabilizas de todo lo que sucede en tu vida, se eleva tu nivel de conciencia y llega a ti aquello que estás preparada, que estás preparado para vivir.
Share:

lunes, 8 de abril de 2024

Cinco lamentaciones antes de morir...❣️

La vida siempre nos pone delante señales, para no dejar las cosas para el final, es nuestra responsabilidad prestarles atención o mirar para el otro lado. A lo largo de la vida, tenemos pistas que nos recuerdan la dirección a la que se supone debemos dirigirnos. Si te mantienes enfocado, entonces aprenderás las lecciones...
Share:

jueves, 14 de julio de 2016

¿Como cambias tu vida y tomas el control sin echarle la culpa a los demás?, interesante Video.

Todo el mundo puede reinventar su vida a cualquier edad. Solamente hay que conocer cuáles son las estrategias más eficaces y el camino más corto para lograrlo.

En este vídeo se explica cómo puedes tomar control de tus circunstancias, responsabilizándote de tus acciones en lugar de echarle la culpa a los demás.

Mira este vídeo para entender qué necesidades estás intentando cubrir cuando le echas la culpa a los demás. 



 


Fuente: Mariana Ferrari
Share:

viernes, 27 de mayo de 2016

¿Qué preguntas tienes que hacerte para afrontar los momentos difíciles (como el desempleo, familia, amigos...)?


De vez en cuando, todos afrontamos momentos difíciles, estos forman parte del ciclo de la vida. En algunas ocasiones esas dificultades provienen de situaciones que escapan de nuestro control, otras veces son una consecuencia directa de nuestras decisiones.

En ambos casos nuestra respuesta suele ser la misma: nos sumimos en la preocupación. Sin embargo, cuando nos hundimos en las experiencias negativas, pensamos únicamente en la respuesta que debemos dar en ese momento y es como si el resto de nuestra identidad desapareciera. 

Más allá de la situación que debemos afrontar, nos convertimos en nuestro peor obstáculo y nuestra principal fuente de preocupación.


Es evidente que hay muchas situaciones que no podemos cambiar, no tenemos control sobre lo que ya ha ocurrido. No obstante, podemos elegir cómo reaccionamos, podemos determinar el significado que le damos a la situación. De hecho, el principio 90/10 nos indica que “el 10% de la vida está relacionado con lo que nos pasa, y el 90% restante con la forma en que reaccionamos ante ello”.

Si no reflexionamos sobre la importancia de aprender a manejar nuestras emociones, pasaremos toda la vida reaccionando como unos autómatas, dejando que sean las circunstancias quienes dicten nuestro estado de ánimo y, por ende, nuestro bienestar. Por eso, la próxima vez que tengas que afrontar un momento difícil, es conveniente que te hagas una serie de preguntas que te permitirán cambiar tu perspectiva de la situación.

Cuando las circunstancias nos desbordan...

1. ¿Estás respirando? En algunas ocasiones, lo único que puedes hacer es respirar. Cuando el estrés y la angustia son tan grandes que te paralizan, concentrarse en la respiración es el primer paso para reencontrar la serenidad. De hecho, ¿sabías que a través de una respiración acompasada y profunda puedes incidir sobre el sistema nervioso autónomo y hacer que la presión arterial y el latido cardíaco vuelvan a la normalidad? Si te sientes muy estresado, busca 10 minutos al día y respira profundamente.

2. ¿Cómo te sientes? Tomar decisiones, cuando estamos desbordados emocionalmente, no es sabio. Sin embargo, cuando tenemos que enfrentar situaciones difíciles, solemos sumergirnos en el agujero negro de las emociones negativas, y a veces ni siquiera somos conscientes de ello. Por eso, es importante concienciar las emociones. El simple hecho de saber que están ahí ya les resta parte de su impacto negativo y te permite tomar mejores decisiones. 

3. ¿Qué grado de responsabilidad tienes? No se trata de buscar culpables sino de determinar responsabilidades. No es una mera disquisición terminológica sino que implica un profundo cambio de perspectiva. Céntrate en la responsabilidad que te corresponde, de esa forma podrás reducir el desafío y encontrar la parte de la situación sobre la cual puedes incidir realmente.

4. ¿Qué puedes controlar? Una de las mayores fuentes de ansiedad y agobio es pensar que todo depende de nosotros, que tenemos el control. Sin embargo, en realidad muchas cosas escapan de nuestro control, así que cuando te sientas desbordado por las circunstancias, pregúntate qué puedes controlar realmente de la situación que te preocupa. Céntrate en lo que puedes cambiar, por pequeño que sea.

5. ¿Qué cosas no puedes controlar? Se trata de identificar todas las cosas que escapan a nuestro control y aceptar que, por mucho que nos esforcemos, es normal que existe cierto grado de entropía. Toma el tiempo que necesites para evaluar la situación y después, deja ir todas las cosas que te preocupan pero que no puedes controlar. En este sentido, la técnica de visualización “las hojas del río”. Recuerda que preocuparte por cosas que no puedes resolver implica una pérdida de energía considerable que te impide centrarte en lo que realmente puedes solucionar.


6. ¿Qué es lo más importante que puedes hacer inmediatamente? Cuando una situación nos desborda y no sabemos cómo comportarnos, tenemos la tendencia a procrastinar. Sin embargo, mientras procrastinamos, el problema aumenta y las preocupaciones se agigantan. Por eso es tan importante actuar. En este sentido, no importa cuán pequeño sea el paso, basta que lo demos. Pregúntate qué puedes hacer ahora mismo y, sin dilaciones, hazlo. El simple hecho de ser proactivo mejorará tu estado de ánimo y aumentará tu autoconfianza.

7. ¿Cuáles son tus opciones? Ante una situación complicada, es comprensible que las emociones tomen el control y acallen a nuestro lóbulo frontal. Sin embargo, desbordados por las emociones no podemos pensar con claridad y no somos capaces de vislumbrar los posibles caminos. En esa bruma mental, no puede sino crecer la desesperación y el sufrimiento. Por eso, es fundamental preguntarse cuáles son nuestras opciones. Crea una lista de alternativas que puedan arrojar luz sobre las posibles soluciones que tienes a tu alcance.

8. ¿Te estás cuidando? Cuando estamos demasiado preocupados, estresados o agobiados, solemos descuidar nuestra salud física y mental. Dormimos mal, comemos mal y hacemos menos actividad física. Sin embargo, es en esos momentos cuando necesitamos estar al 100% de nuestra capacidad. Por eso, cuando los problemas toquen a tu puerta, asegúrate de que te estás cuidando, sigue una rutina saludable cada día. Recuerda que mente y cuerpo representan una unidad indisoluble y si descuidas uno, es probable que el otro se resienta.



9. ¿Lo que te preocupa, seguirá siendo importante dentro de 5 años? Ensimismados en nuestras preocupaciones actuales, perdemos la perspectiva de futuro. Cuando estamos ahogados en el mar de la desesperanza o el agobio, nos resulta difícil pensar que encontraremos una orilla para ponernos a salvo. Sin embargo, en realidad la mayoría de los problemas que nos preocupan hoy, no serán significativos dentro de 5 años, cuando seamos capaces de poner las cosas en perspectiva. Recuerda que somos especialistas en crear una tormenta en un vaso de agua así que siempre debes preguntarte si lo que te preocupa hoy, seguirá siendo igual de importante en el futuro. 

10. ¿Qué puedes aprender? Cada dificultad viene con una lección. Quizás en un primer momento no la veas pero cuando vaya pasando el tiempo te darás cuenta de que ese problema probablemente te ha servido para convertirte en una persona más resiliente. En vez de lamentarte y preguntarte por qué ha tenido que pasarte justo a ti, intenta centrarte en la enseñanza, en lo que puedes aprender de ese contratiempo.

Recuerda que los desafíos, los cambios y los problemas forman parte de la vida, no podemos evitarlos, pero podemos elegir cómo afrontarlos y qué importancia conferirles.

Fuente: Jennifer Delgado (Rinconpsicologia)
Share:

miércoles, 11 de mayo de 2016

¿Qué habilidades sociales harán que triunfes tanto en lo profesional como en lo personal?


Las habilidades sociales nos ayudan a relacionarnos con los demás, integrarnos y comunicarnos de manera efectiva. Son muchas las facetas de la vida diaria en las que las habilidades sociales marcan la diferencia.
Puede que no seas el más listo, el más guapo, el más preparado o el más titulado, pero si tienes habilidades sociales es mucho más fácil triunfar, tanto en lo personal como en lo profesional.
Afortunadamente, las habilidades sociales pueden ser aprendidas y desarrolladas con la práctica, de la misma manera que puedes aprender un idioma nuevo. En este sentido, da igual cuánto talento tengas, porque con la práctica todo se logra. A unos les costará más que a otros, pero eso no significa que no sea posible.

¿Quieres saber cuáles son esas habilidades sociales que te harán triunfar en todos los aspectos de la vida?.
Muchas de estas habilidades seguro que ya las posees, y seguramente solo tengas que practicarlas un poco más.

1 – Optimismo




Ser optimista te ayudará a ver la vida con buenos ojos y a no cargarte con pensamientos negativos. Esto funciona en lo personal, en lo social, en lo laboral y en los estudios. Y lo mejor: ser positivo atrae a los otros como un imán.

2 – Compasión (Empatía)



La compasión implica tener conciencia del sufrimiento de otro, junto con el deseo de aliviarlo. Esta es otra habilidad social que te ayudará a triunfar en todos los aspectos de tu vida, porque a todo el mundo le gusta rodearse de gente que se preocupa de los demás.

3 – Disciplina



Ser disciplinado implica comportarse de una manera que esté de acuerdo con un conjunto de normas, costumbres, leyes, políticas u otras directrices impuestas o socialmente aceptadas. Una persona disciplinada cumple voluntariamente con un método sistemático en un entorno determinado. Esto muestra autocontrol y promueve la aceptación por otros miembros de la sociedad o del grupo.


4 – Diligencia



Como dijo una vez  Benjamin Franklin, “la diligencia es la madre de toda la buena suerte”Dar a tu trabajo la debida diligencia es la única manera de recibir la credibilidad por lo que haces. La gente sabe cuándo se ha trabajado muy duro para conseguir algo, y solo con eso se puede ganar el respeto y el reconocimiento de muchos.

5 – Paciencia



La mayoría de las molestias a los que nos enfrentamos a diario, están de alguna manera u otra relacionadas con otras personas. Atascos, retrasos, problemas con la red eléctrica o con internet, ruidos a nuestro alrededor… Pero estas son cosas normales que pasan en todos los sitios.
¿Podrían ser evitables? Algunas veces, tal vez, pero eso no quita que en ese momento estés siendo molestado, ni que no te vayan a molestar otras cosas. Así que, en vez de jugar al juego de la culpa, relájate y no tenses más el ambiente haciendo más ruido y molestando más aún a los otros. Ten paciencia.

6 – Afabilidad



Ser afable implica ser accesible a los demás y escuchar con benevolencia. No cabe duda de que esta habilidad es imprescindible para relacionarse con los demás. La gente que va por la vida mirando por encima del hombro a los demás y hablando con suficiencia, creyéndose mejor que los demás, no llegará socialmente muy lejos.

7 – Cortesía

La cortesía es algo que puede parecer pasado de moda, pero, como suele decirse, “lo cortés no quita lo valiente”. Este proverbio tan español lo dice todo. Porque la educación y el respeto a los demás es perfectamente compatible con todo lo demás. Y la gente educada siempre tiene más posibilidades de triunfar, porque ser cortés implica valorar y respetar a los demás.  

8 – Saber escuchar



Las personas exitosas no son sólo grandes conversadores. También son grandes oyentes que dan importancia a lo que el otro tiene que decir. Sin la capacidad de escuchar con atención, no solo no serás capaz de aprender ni de intercambiar información, sino que tampoco será capaz de entender una crítica constructiva que te ayude a mejorar.

9 – Saber perdonar



Perdonar puede ser difícil a veces. Sin embargo, las personas de éxito tratan de no tomarse las cosas de manera demasiado personal. Ten en cuenta, que el rencor reduce las oportunidades para profundizar en una relación y para relacionarse de manera positiva con los demás.


10 – Resiliencia



La resiliencia es la capacidad de sobreponerse al dolor emocional y a las situaciones adversas. Esta habilidad nos da el poder de sobrevivir y prosperar, sin importar el ambiente en el que nos movamos. En este contexto, el fracaso es solamente una información valiosa, no un callejón sin salida.

11 – Responsabilidad



Las personas exitosas son dueñas de sus problemas y errores, asumen la responsabilidad de sus propias acciones y trabajan para mejorarlos. Y esto le gusta a los demás, en cualquier ámbito de la vida, porque todo el mundo valora que cada uno se haga cargo de lo que le toca y se preocupe por solucionarlo. Lo contrario supone una carga adicional que nadie desea.

12 – Honestidad



La honestidad  implica decir la verdad, razonable, justo,  honrado e íntegro.  La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás. Además, implica no solo decir la verdad, sino asumirla.  Esta habilidad nos hace más confiables, y por eso es tan importante. Si la gente confía en ti, tendrás mucho más éxito en todo lo que te propongas y ganarás en credibilidad.

Fuente: Eva Maria Rodríguez (lamenteesmaravillosa)
Share:

lunes, 18 de abril de 2016

Interesante visión del Coaching para la búsqueda de empleo

El coaching no solamente sirve para desarrollar el potencial del individuo y que éste alcance sus metas, supere los obstáculos y dé un nuevo rumbo en su vida sino también para ganar autoestima, confianza en uno mismo y focalización.


Si bien depende de la casuística y del coach existen aspectos transversales de trabajo en un proceso de coaching para la búsqueda de empleo.

 1º El autoconocimiento:

Más allá de los test actitudinales y vocacionales, es fundamental conocernos bien a nosotros mismos para poder ofrecer al mercado laboral lo que espera de nosotros. Conocernos como personas y también como profesionales va a ayudarnos a hablar con fluidez y confianza sobre nuestras aptitudes y a vendernos mejor en una entrevista de trabajo.


2º Definir nuestro objetivo profesional

Conocer nuestros valores, saber cuáles son nuestros talentos y capacidades no solamente es fundamental para abordar más efectivamente una entrevista de trabajo sino también para elaborar efectivamente nuestro objetivo profesional – otra habilidad esencial que puede ayudarnos muchísimo para que nuestra búsqueda de empleo sea más efectiva - pues un objetivo profesional alineado con nuestros talentos, capacidades y valores no solamente va a convertirnos en trabajadores más productivos y rentables para la empresa, sino que además, va a aumentar nuestra eficiencia, compromiso emocional con la misma y por tanto, va a incrementar nuestra felicidad profesional y también personal.

3º  Mantener una actitud positiva y nuestra autoestima profesional

Esto es esencial pues cuando nuestra autoestima ésta es baja, la percepción de las cualidades personales y profesionales a la hora de elegir un empleo suele estar por debajo de nuestras posibilidades. Y no solamente eso sino que además es algo que por mucho que intente evitarse se acaba transmitiendo al entrevistador.

4º La atribución que hacemos de nuestro éxitos

La atribución que hacemos de nuestro éxitos también es algo a tener en cuenta, pues si uno achaca sus éxitos y fracasos exclusivamente a causas externas no se siente responsable y por tanto, no mejora su situación. Por el contrario, si uno admite y asume su responsabilidad se dan las condiciones para cambiar la situación y mejorarla.




Finalmente, es importante que cuando elijamos a un Coach tengamos en cuenta los siguientes aspectos:
  • La metodología que el “coach” va a aplicar a lo largo del proceso.
  • Background y trayectoria profesional del coach.
  • Formación del coach.
  • El grado de conexión que se establece con el coach “feeling o química”
  • Y su compromiso ético / confidencialidad.
El definitiva, el coaching es una potente herramienta que puede ayudarnos mucho durante un proceso de búsqueda de empleo. El quid de la cuestión está en escoger bien a nuestro coach, definir bien aquello que queremos trabajar e implicarnos al 100% en el proceso.


Fuente: Núria Tomàs (Turijobs)
Share:

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Por qué no me ayudas...?


Desde niños siempre se nos ha enseñado que debemos ser buenos y ayudar a los demás. Al principio no entendemos muy bien por qué, pero poco a poco vamos comprobando que ayudar a otros no está tan mal, uno se siente bien cuando consigue que otro deje de sentirse mal, pero ¿por qué unas veces actuamos para resolver el problema de otra persona y en cambio hay ocasiones en que nos mostramos pasivos ante la necesidad del que tenemos al lado?


Proceso en la toma de decisiones a la hora de ayudar

La decisión de ayudar pasa por  un proceso que se puede resumir en cinco pasos que conducen a tomar la elección de ayudar o mostrarse indiferente ante una persona que necesita ayuda.

Paso 1: Lo primero que tiene que ocurrir para que se de la conducta de ayuda es darse cuenta de que alguien la necesita. 

Al no poder anticipar cuándo o dónde puede surgir un problema inesperado, no estamos atentos a la situación, estamos haciendo o pensando otra cosa, no nos damos cuenta de que el problema existe. Debido a la atención selectiva, muchas escenas, sonidos u otro tipo de señal, la podemos ignorar porque no son significativas ni relevantes, o porque estamos preocupados por otros asuntos ya que si no lo hiciéramos así, estaríamos abrumados por una sobrecarga de información, de manera que si no te das cuenta, el problema no existe y como consecuencia, no actúas. Por lo tanto, una persona que está demasiado ocupada para prestar atención a los estímulos que existen a su alrededor no se da cuenta ni siquiera de una emergencia obvia. En este caso, no se ofrece ayuda porque no hay ninguna conciencia de que la demanda de esta exista.

Paso 2: Ver a alguien que necesite ayuda y que lo interpretemos así. 

A veces ocurre que aunque estemos prestando atención a lo que ocurre a nuestro alrededor, la información que tenemos de una persona o acción  es extraña para nosotros, limitada e incompleta. También podemos interpretar que eso no nos importa o que no es asunto nuestro.

Por ejemplo, si escuchamos gritos entre un hombre y una mujer, podemos pensar que es una simple pelea de novios  o que puede tratarse de un caso de violencia de género.Lo más acertado en este caso y también lo más probable, es esperar a tener más información ya que pensar otra cosa sería menos usual y suele ser poco probable (violencia)  y tendemos a dar una explicación rutinaria (pelea de novios). Si percibimos que necesita ayuda, pasamos al paso siguiente, si no, inhibimos la respuesta y no ayudamos, esperamos  a tener más información ya que no estamos seguros de lo que está pasando. Cuando somos testigos de algo, ya sea un problema serio o algo sin trascendencia y la información que tenemos es ambigua, tendemos a aceptar una interpretación tranquilizadora y no estresante que nos indique que no hay necesidad de hacer nada. (Wilson y Petruska, 1984), ya que puede resultar realmente embarazoso interpretar erróneamente una situación y actuar inapropiadamente y pueden etiquetar nuestra conducta como estúpida, exagerada o absurda.


Paso 3: Para poder ayudar, tienes que asumir que es tu responsabilidad hacerlo.

Una vez que  prestamos atención a algún evento externo y lo interpretamos como que es necesario ayudar, se llevará a cabo la acción  sólo si la persona toma la responsabilidad de ayudar.
Cuando una persona está sola ante una situación que requiere su ayuda es más probable que actúe ya que no hay nadie más que pueda hacerse responsable.
Sin embargo, si los espectadores de una escena son un grupo, hay difusión de la responsabilidad, es decir, la responsabilidad asumida  se comparte así; si hay sólo un espectador, éste tiene total responsabilidad. Si hay dos espectadores, cada uno tiene el 50 por ciento de la responsabilidad. Si hay cien espectadores, cada uno tiene sólo el 1 por ciento de la responsabilidad. A mayor número de espectadores, menos responsable a actuar se siente cada uno de ellos.
Puede ocurrir también que si otras personas no parecen estar alarmadas por lo que ocurre y no están haciendo nada para intervenir, es más seguro seguir su ejemplo y así evitan dar una respuesta que puede ser inapropiada, hacer el ridículo o parecer que han perdido la calma ante los demás. Así, estar con otras personas que no responden parece ser un poderoso inhibidor de la conducta de ayuda. La tendencia de aquellos que están en un grupo de extraños a dudar y no hacer nada se basa en lo que se conoce como ignorancia pluralista, es decir, como ninguno de los espectadores sabe con seguridad lo que está ocurriendo, cada uno depende del ejemplo de los demás, y como resultado, nadie responde. Muy a menudo, los espectadores se refrenan y se comportan como si no hubiera ningún problema, y utilizan esta «información» para justificar el hecho de que no actúen.

Paso 4: Tenemos que saber cómo ayudar.  

Incluso si un espectador alcanza el Paso 3 y asume la responsabilidad, nada útil puede hacerse a menos que esa persona sepa cómo ayudar.
A veces, las situaciones que requieren ayuda  son lo suficientemente simples que casi cualquier persona tiene las destrezas necesarias: si ves a un niño que se cae en la calle, tienes la destreza necesaria para ayudarlo a levantarse o si eres testigo de un robo, puedes encontrar la forma de llamar a la policía, pero hay otras situaciones que   requieren de un conocimiento y destrezas especiales que la mayoría de los espectadores no poseemos. Por ejemplo, tú puedes ayudar a alguien que se está ahogando sólo si  sabes nadar o a alguien que se está atragantando, sólo si tienes conocimiento en primeros auxilios.

Paso 5: Tomar la decisión de ayudar.

Incluso si la respuesta  a los primeros cuatro pasos es sí, la ayuda no ocurrirá a menos que  tomes la decisión final de actuar. La ayuda en este último paso puede verse inhibida por miedo (a menudo realista) a las posibles consecuencias negativas. Los costes potenciales son muchos. Por ejemplo, si te paras a ayudar a una persona que se está ahogando, puede que te ahogues  tú también en el intento, o que  la persona que parece necesitar ayuda sea un criminal que sólo está fingiendo que tiene un problema. Ted Bundy, el asesino en serie, era bien parecido, un hombre bien educado que se aprovechó en repetidas ocasiones de las simpatías de mujeres confiadas. Algunas veces cojeaba, le pedía a una mujer joven que lo ayudara a llegar hasta su coche y luego la secuestraba, pasando a ser su próxima víctima (Byrne, R. L., 2001).

¿Cómo influyen los costes y beneficios de ayudar?

Desde un enfoque de la conducta humana, que supone que el individuo sopesa los pros y los contras antes de actuar, y está movido fundamentalmente por su propio interés. Si suponemos que   los costes de proporcionar ayuda a otro ( tiempo y esfuerzo empleado, peligro, sensación embarazosa ante la presencia de otros observadores, etc.) tienen más peso que los beneficios (reconocimiento social, sentimiento de orgullo, agradecimiento de la víctima, posibilidad de entablar una relación reforzante o el placer intrínseco por haber ayudado a otro), decidiremos  no actuar, a menos que los costes de no ofrecer ayuda, tales como el sentimiento de culpabilidad, la sensación desagradable al saber que otro está sufriendo, la amenaza a la propia imagen o la desaprobación social, sean todavía mayores.
Cuando los costes de no intervenir en ayuda de la persona necesitada son altos y los de proporcionar ayuda son bajos, la respuesta más probable será ayudar directamente. Cuando ambos costes son altos, el observador se encuentra ante un grave dilema y para resolverlo tiene varias opciones:

La ayuda indirecta: buscando a otra persona que pueda asistir a la víctima. Reduce cognitivamente los costes de no ayudar reinterpretando la situación. Aquí entrarían las estrategias de difusión de la responsabilidad (si no ayudo, otro lo hará) y de atribución de responsabilidad a la víctima (se merece lo que   le está pasando). El resultado de estos mecanismos es un descenso de los costes de no intervenir, con lo cual podemos abandonar la escena sin muchos escrúpulos de conciencia. La situación más difícil es aquella en que tanto los costes de ayudar como de no hacerlo son bajos. Aquí tienen mucho más peso otros factores como las normas sociales y personales, las diferencias de personalidad, las relaciones entre el observador y la víctima y otras variables situacionales.
Un tipo especial de consecuencia desagradable puede surgir cuando observas a un individuo que está siendo amenazado por alguien de su propia familia. El desconocido bien intencionado que intenta ayudar a menudo sólo provoca ira. Es posible que esto explique por qué los espectadores rara vez ofrecen ayuda cuando creen que una mujer está siendo atacada por su pareja o que un niño está siendo maltratado físicamente por uno de los padres. Incluso la policía se muestra recelosa cuando se les llama para lidiar con una airada escena doméstica. 

 
Entonces, por algunas muy buenas razones, los espectadores pueden decidir refrenarse y evitar los riesgos que pueden estar asociados con llevar a cabo acciones de ayuda.

Más allá de los cinco pasos de toma de decisiones que influyen en la conducta prosocial, hay otros factores adicionales que también tienen un efecto en la probabilidad de que un espectador ayude o no. Los más importantes de ellos son:

Ayudar a aquellos que te agradan. 

Si la persona que se está ahogando en lugar de un extraño, fuera un gran amigo, hijo o hermano tuyo hace  que estés más dispuesto a ir en su ayuda. Esto es obvio. Los riesgos que uno está dispuesto a correr por alguien querido, inhiben las consecuencias que comentábamos anteriormente.
Si la víctima es un extraño pero debido a la similitud, atractivo físico y otros factores  tú sientes que es alguien que te agrada, influye en tu tendencia a prestarle ayuda. Cualquier factor que incremente la atracción del espectador hacia la víctima aumenta la probabilidad de una respuesta  si ésta necesita ayuda (Clark et al., 1987). La apariencia es un ejemplo: una víctima atractiva físicamente recibe más ayuda que una no atractiva (Benson, Karabenick y Lerner, 1976). Igualmente, no te sorprenderá saber que es más probable que los espectadores ayuden a una víctima que es similar a ellos que a una disímil (Dovidio y Morris, 1975; Hayden, Jackson y Guydish, 1984)..

Las atribuciones influyen en las emociones, y éstas en la conducta. 

Por ejemplo, si vemos a  un hombre tendido inconsciente en la acera, tu tendencia a ayudar  se verá influida por la atribución que hagas sobre esa situación, es decir,  ¿Por qué creo que este hombre está tendido ahí?. Lo primero que hacemos es observar  las señales que le rodean, (si su ropa está sucia o rota, si hay presencia de una botella al lado de él, etc.) y empezamos a hacer atribuciones (bebió demasiado y como consecuencia perdió el conocimiento, está en ese estado por su culpa y se podría haber evitado). En este caso, lógicamente estarás menos motivado a ayudarlo, ya que atribuyes este estado a su propia responsabilidad.  Si por el contrario, ves a este mismo desconocido bien vestido, con un golpe y con señales de haber sido atacado, tendrás más tendencia a ayudarlo ya que parece ser una víctima inocente de un accidente o atraco y no atribuyes que la responsabilidad sea suya. Culpar a la víctima es una de las maneras de recuperar tu propio sentido de control percibido sobre los hechos y así aliviar tus sentimientos de ansiedad en caso de no ayudar. Las personas escogen muy a menudo ignorar a la víctima por una variedad de razones,  tales como «no es mi responsabilidad» y «es su culpa».

El poder del ejemplo en la conducta de ayuda.
En una situación de emergencia,  la presencia de otros espectadores que no ayudan inhibe la ayuda. La mayoría de nosotros no escogería deliberadamente ser cruel y poco compasivo, pero podemos vernos impulsados en esa dirección si nos convencemos a nosotros mismos de que no hay razón para ayudar.
Sin embargo, también es verdad que la presencia de un espectador que ayuda provee un fuerte modelo social que da como resultado un aumento en la conducta de ayuda entre los otros espectadores.
Así mismo, los modelos que muestran conductas de ayuda en los medios de comunicación también contribuyen a la creación de una norma social que estimula la conducta de ayuda.

¿Y si existe un dilema moral, cuáles son los motivos que nos impulsan a ayudar?

Hay tres motivos principales que son relevantes cuando una persona se enfrenta con un dilema moral: Interés propio, integridad moral e hipocresía moral.

Interés propio (algunas veces llamado egoísmo): nuestro comportamiento se basa en la búsqueda de lo que nos proporciona la mayor satisfacción. Las personas para quienes este es el motivo principal no se preocupan por cuestiones relacionadas con el bien y el mal o con lo justo y lo injusto simplemente hacen lo que es mejor para ellos.
Integridad moral; los que están motivados por la integridad moral, toman en cuenta la bondad y la justicia, sacrificando el interés propio con el fin de hacer “lo correcto”. Las posibilidades de tomar una decisión moral aumentan si el individuo reflexiona sobre sus valores o alguien se los recuerda. Algunas veces el motivo de comportarse con integridad moral se ve derrotado en una situación específica si el interés propio es suficientemente fuerte.
Hipocresía moral; quieren parecer morales pero evitando los costes de ser morales en realidad, estas personas están motivadas por la hipocresía moral, es decir, están impulsadas por el interés propio pero también están preocupadas por las apariencias externas. Esta combinación significa que para ellos es importante parecer que se preocupan por hacer lo correcto, cuando en realidad continúan guiándose por sus propios intereses.

La conducta de ayuda desde el punto de vista del que la recibe

Si damos por supuesto que ayudar a alguien es siempre beneficioso para él, cometemos un error, ya que en muchos casos puede ser contraproducente.
Hay que distinguir entre la ayuda que alguien pide y la que se ofrece sin haber sido solicitada.
Pedir ayuda
La petición de ayuda a otra persona es el resultado de un proceso de decisión en el que el individuo se plantea tres cuestiones:

El problema que tengo ¿se solucionaría si alguien me ayuda?. En la decisión de pedir ayuda o no, sopesamos dos factores: los beneficios que se esperan de la ayuda, como mejorar nuestra situación personal, resolver el problema que tenemos o sentirnos mejor, y los costes de pedir ayuda, que pueden ser personales, como sentimientos de pérdida de autoestima, o sociales, relacionados con la imagen que damos a los demás.
¿Pido ayuda a alguien o no? El simple reconocimiento de que existe un problema no es suficiente para motivar a la gente a pedir ayuda. Según Nadles, (1991) el que una persona decida pedir ayuda o no pedirla depende de 1) sus características personales (edad, género, rasgos de personalidad), 2) la naturaleza del problema y el tipo de ayuda que se necesita, y 3) las características del potencial donante de ayuda.
¿A quién pido ayuda?. Muchas veces preferimos pedir  ayuda a alguien que pueda ayudar sin ser demasiado amenazante  para nuestra autoestima, antes que a la persona más competente. Otras veces, la conducta se mueve por consideraciones de estricta reciprocidad: el que hace algo por otro espera que el favor le sea devuelto, y si recibe algo de otro sabe que debe corresponder. También no poder devolver el favor al otro cuando creemos que se espera de nosotros que lo hagamos es un factor disuasor a la hora de pedir ayuda.



Reacción ante la ayuda recibida si no ha sido solicitada.

Aunque lo normal según el sentido común es que la persona que necesita ayuda la pida y la que la recibe la agradezca, la realidad no siempre es así de sencilla. Cuando ofrecemos nuestra ayuda a alguien, en especial si no nos la ha pedido, deberemos tener cuidado con la forma en que lo hacemos ya que puede derivar en un sentimiento de amenaza para quien la recibe. Recibir ayuda puede disminuir la autoestima, especialmente si quien ayuda es un amigo o alguien similar a nosotros en edad, educación u otras características Cuando la autoestima se ve amenazada, el afecto negativo que resulta crea un sentimiento de desagrado hacia la persona que la ofrece.
En general, la persona tenderá a percibir una ayuda como amenazante para su autoestima cuando:
Procede de alguien socialmente comparable a ella (es decir, alguien semejante en alguna característica relevante).
Cuando amenaza la propia libertad y autonomía (al quedar obligada a corresponder).
Cuando además de implicar una obligación de devolver el favor no da ninguna oportunidad para hacerlo (impidiendo al receptor cumplir las normas de reciprocidad y equidad).
Cuando sugiere que la persona que recibe la ayuda es inferior a la que la ofrece y dependiente de ella.
Cuando se refiere a un problema central para la identidad del receptor (por su repercusión en la imagen de sí mismo y hacia los demás).
Cuando no coincide con los aspectos positivos del autoconcepto del receptor.
En todos estos casos, la persona experimentará sentimientos negativos hacia la ayuda y hacia el que la ofrece.
Por lo tanto, una persona que recibe ayuda puede experimentar emociones negativas como incomodidad y sentirse resentida hacia la persona que la ayudó. Otras pueden sentirse deprimidas como consecuencia de recibir ayuda (las personas mayores discapacitadas físicamente, por ejemplo.)
La ayuda también puede ser percibida como un insulto (cuando un miembro de un grupo estigmatizado  recibe ayuda no solicitada de un miembro de un grupo no estigmatizado).

El recibir ayuda de amigos, familiares o vecinos en el caso de problemas serios (por ejemplo, dificultades financieras) puede conducir a sentimientos de inadecuación y resentimiento.
Cuando una persona responde negativamente a recibir ayuda, hay también un aspecto positivo que no es obvio. Cuando recibir ayuda es lo suficientemente desagradable como para que la persona quiera evitar volver a parecer incompetente, de nuevo, ella estará motivada a autoayudarse en el futuro (Fisher, Nadler y Whitcher- Alagna, 1982; Lehman et al., 1995). Esta motivación puede reducir los sentimientos de dependencia, entre otros beneficios (Daubman, 1995).
Si consideras que ayudar no está tan mal, has superado los cinco pasos en la toma de decisiones a la hora de prestar tu ayuda , has puesto en una balanza los costes y beneficios y aún así quieres ayudarme………..

Autora: María Teresa Vallejo Laso



Referencias Bibliográficas
Robert A. Baron; Donn Byrne Psicología Social 10ª Edición Pearson Educación, S.A., Madrid, 2005
Expósito, F. (1998), “Observando la conducta altruista” en M. Moya y cols. (eds.). Prácticas de Psicología Social, Madrid, UNED, PP.199-207.
J.F., Morales, Huici, C., Moya, M.; Gaviria, E.; López-Sáez, M.; Nouvillas, E. en Psicología Social. Mc Graw Hill, 2001.
Wright, R. (1994). The moral animal:The new science of evolutionary psychology. New York: Pantheon.
Gladwell, M. (Eds.) (2000). The tipping point: How little things can make a difference. New York: Little, Brown

Share:

sábado, 26 de julio de 2014

Excelente Cortometraje: The black Hole (Agujero negro)

Es una obra que consigue sintetizar una historia y darnos una cuestión sobre la que plantear nuestra propia moralidad y una moraleja en apenas dos minutos y medio.

Es un aburrido y rutinario turno de noche en una empresa cualquiera, y en ella un aburrido oficinista va a descubrir casualmente un objeto. 
Este puede proporcionarle unas cotas de poder como nunca había soñado alcanzar, pero como bien dicen en las películas de superhéroes, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. 

¿Será capaz de controlarse, o las nuevas posibilidades que se le abren le corromperán, haciéndole caer en la codicia?...
 

Share:

Vistas de página en total

Entrada destacada

Maravilloso Corto Educativo: Hazlo todos los días, porque mañana...? (HD)

Extraordinario Video de 2 minutos que nos dá simples pautas para vivir cada día, sin mirar el mañana, para poner la motivación que s...

¿Te gusta éste blog? Compartelo!

Etiquetas

Archivo del blog

Siguenos en Google

Facebook

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *