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miércoles, 14 de enero de 2015

Niños, móvil y redes sociales: ¿Educar o prohibir?

El gran dilema con los niños y el uso de Internet 

Los llamados nativos digitales tienen a muchos padres, que no son nativos ni tan digitales, en un dilema constante para el que no tienen referencias dentro de su propia generación. Niños de solo dos o tres años tienen una destreza que ya la quisiera más de un adulto a la hora de manejar, por pura intuición, una tablet o cualquier otro dispositivo táctil y el uso del teléfono móvil empieza a una edad cada vez más temprana. Y con ello el uso de redes sociales, juegos online y de servicios de mensajería como Whatsapp o Line.

Si antes decían que los niños llegaban con un pan debajo del brazo, el cuento ha cambiado bastante porque ahora llegan directamente con Internet y un sinfín de avances tecnológicos. Y ante este dilema, ¿qué es mejor: educar o prohibir?.

Por supuesto que cada caso es personal y que cada padre o madre sabrá (o no) cómo quiere orientar a su hijo en este terreno pantanoso, pero lo que no se puede negar es que Internet, los dispositivos móviles y las redes sociales han llegado para quedarse. Están en nuestro día y día y prácticamente desde que tienen un mínimo uso de razón los más pequeños ven cómo los adultos vivimos casi permanentemente conectados entre unas cosas y otras y llegamos a consultar nuestros smartphones hasta 150 veces al día de media, según revelaba un reciente estudio de la Fundación Telefónica.

¿Cedo o resisto? ¿Y hasta cuándo?

El dilema no es para menos: si no cedes y prohíbes que tu hijo de, por ejemplo, 10 años tenga un teléfono móvil cuando todos sus amigos lo tienen, quizá estás promoviendo que de alguna manera se sienta excluido y que vaya a generar un “ansia” mucho mayor (ya sabemos que lo prohibido, atrae más todavía). Por otro lado, ¿realmente un niño de 10 años está preparado para hacer un uso responsable de todas las posibilidades que le brinda tener su propio teléfono inteligente?.

Como he dicho, se trata de una decisión muy personal de cada uno. Pero el hecho es que este dilema es una realidad muy grande, a la que eso sí ya no tendrán que enfrentarse los nativos digitales de hoy en día cuando sean padres porque, al menos, tendrán una mínima referencia y habrán sido como se suele decir “cocineros antes que frailes”.

Bueno, dejando el refranero de lado, y sin pretender dar con la solución universal a este dilema, lo que sí que quiero compartir contigo es un caso, no personal, pero sí muy cercano y que me parece bastante interesante.


Un caso real: Cómo resolvió mi hermana la papeleta 

Te pongo en antecedentes: mi sobrino Miguel, de hoy 11 años, llevaba ya casi dos años sometiendo a su madre, mi hermana, a un pressing constante: quiero un teléfono móvil, quiero un teléfono móvil, todos mis amigos ya tienen, soy el único de todos mis amigos que no tiene teléfono,… Así decía la canción. Un día tras otro. Quizá hasta te suena, porque es muy pegadiza.

Mi hermana iba aguantando el pressing estoicamente: “no, aún eres muy pequeño” y tiraba también de eso tan socorrido de que “me da igual que tus amigos ya tengan teléfono, tú no, porque si tus amigos se tiran de un puente, ¿tu vas a ir detrás solo por eso?.

En estos casos, con una diferencia generacional tan abismal, a lo que uno sí que no puede recurrir es a lo de “yo a tu edad no tenía un smart phone y no me ha pasado nada“, porque más bien habría que decir “yo a tu edad ni me hubiera podido mínimamente imaginar que íbamos a poder acceder a ¿¿¿Internet??? desde un teléfono móvil que tiene casi mejor resolución que una pantalla de televisión“.

Bueno, el caso es que, tarde o temprano, llega el momento de dar el brazo a torcer, y ese momento fue finalmente estas pasadas Navidades. Cuando ya mi sobrino empezaba a pensar que iba a pasar a la historia por ser el último ser humano en tener su propio teléfono móvil, Papá Noel le trajo lo que llevaba meses, meses y más meses pidiendo. El ansiado teléfono inteligente que recibió con una mezcla de súper emoción e incredulidad a partes iguales.

Eso sí, mi hermana, que no suele dar puntada sin hilo (o al menos lo intenta) se encargó de ponerle los pies en la tierra antes de que ni pudiera sacar el teléfono móvil de la caja. Y a las primeras de cambio le advirtió de que sí, ya tenía teléfono, pero con condiciones. Y no precisamente un par de reglas no escritas de las que se lleva el viento.

Previamente, antes de decidirse a dar su brazo a torcer, había estado investigando por la Red (¿dónde si no?) y dio con algo que le pareció interesante: una madre americana había hecho firmar a su hijo un contrato en toda regla para asegurarse de que iba a usar, en este caso su iPhone, de forma responsable. Lo leyó de cabo a rabo, lo tradujo y lo adaptó a sus propias necesidades. Y, ni corta ni perezosa, imprimió el citado contrato que, por supuesto, le hizo firmar a mi sobrino, que se quedó flipando no, lo siguiente. Sí, atado ya por un contrato a la tierna edad de 11 años.

Le he pedido a mi hermana el contrato para que me dejara reproducirlo y me ha dado su autorización. Eso sí, me ha insistido en que es una idea que tomó a su vez de una madre americana. Así que, aquí te dejo el contrato que mi hermana le hizo firmar a mi sobrino antes de empezar a usar su nuevo teléfono móvil con acceso a Internet. Y, aviso a navegantes, el contrato incluye alguna cláusula que no estaría mal que también nos aplicáramos los adultos (me incluyo):

Contrato para usar responsablemente el móvil  

1. Yo he comprado el móvil. Pero yo te lo presto porque te quiero y confío en ti.
2. Yo siempre sabré la contraseña.
3. Si suena y conoces el número, cógelo. Sé educado. Coge siempre, siempre, la llamada de  papá y mamá.
4. Me entregarás el teléfono cada mañana antes de ir al cole y estará apagado toda la noche y los fines de semana el teléfono se apagará a las 22h.
Si no llamarías al teléfono fijo de alguien porque sabes que no es una hora apropiada y sabes que podrían responder sus padres, tampoco llames o envíes mensajes al móvil. Respeta a las otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
5. No te llevarás el móvil al colegio. Habla con la gente y con tus amigos en persona. Los días de media jornada, las excursiones y las actividades extraescolares requerirán consideraciones especiales.
6. Si el móvil se cae, se golpea o se estropea, tú eres el responsable y la reparación la tendrás que pagar tú. Para ello, ahorra dinero de tu cumpleaños o realiza otros trabajos.
7. No uses el móvil para mentir, hacer tonterías o engañar a otra persona. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.
8. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas nada a través del móvil que no dirías en persona o en presencia de papá y mamá..
9. Nada de pornografía. Busca en la web información que compartirías abiertamente conmigo. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona mayor, preferiblemente, de tu familia.
10. Apágalo o siléncialo cuando estés en lugares públicos. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otra persona. No eres una persona mal educada, no dejes que el móvil cambie eso.
11. No envíes ni recibas imágenes íntimas tuyas ni de otras personas. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida de adolescente, joven y adulto. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.
12. No hagas millones de fotos o vídeos. No hay necesidad de documentarlo  todo.  Almacena recuerdos  en tu memoria para toda la eternidad.
13. A veces conviene dejar el móvil en casa. Hay que saber vivir sin él, no es necesario estar siempre conectado.
14. Es genial poder escuchar música en tu móvil pero no tengas miedo de bajarte música nueva o diferente de la que millones de chicos como tú escuchan, que es siempre lo mismo. Tienes que tener tu propia personalidad.
15. Es genial poder jugar en tu móvil pero recuerda que también existen juegos que te ayudan a aprender jugando como los juegos de palabras, puzzles y rompecabezas.
16. Meterás la pata y te quitaré el teléfono. Hablaremos sobre ello y volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Somos un equipo. Estamos juntos en esto.

¿Qué te parece? Un contrato de lo más completito, ¿verdad?. En estos meses transcurridos desde Navidad, el resultado de todo esto es que mi sobrino está acatando las normas y que no está tan “obsesionado” con el móvil como lo estaba cuando todavía no lo tenía. En principio, el contrato está cumpliendo su papel.

¿Tú como lo ves? ¿Es mejor prohibir o educar? ¿Incluirías alguna cláusula más en el contrato?

Fuente: Paula Guzman (enredandoporlared)
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miércoles, 31 de diciembre de 2014

La educación en valores: la principal asignatura de la vida

Hay que educar a los hijos y conseguir que en el equipo de trabajo se deje de decir ‘es que’ y se traduzca en ‘hay que’.

La educación en valores

Educar en valores es una misión que tenemos todos los que educamos, amamos, jugamos o interactuamos con niños, adolescentes y adultos. La educación en valores no se limita a la educación de niños, sino que es un eje transversal para el resto de nuestras vidas.

Cada vez que alguien se convierte en padre inicia su labor de educar en valores. Es el momento de responsabilizarse de la educación para minimizar el impacto de otras fuentes de influencia sobre el niño. Profesores y entrenadores también tendrán en este campo una gran responsabilidad.

No siempre coincidirán las escalas de valores que compartimos en casa con las que los niños reciben en otros ámbitos educativos. Los valores son frutos de la educación, el ambiente, las amistades o las circunstancias que nos rodean a todos.

En una familia, lo que es importante es decidir qué valores quieres para tu hijo y poder construir y cimentar vuestra escala de valores.

Crisis de valores

Estamos ante una crisis en la que padres y educadores conviven con las consecuencias nocivas de una educación sin valores.

Faltas de respeto o de disciplina, denuncias en el propio seno familiar, violencia física y verbal, acoso por las redes sociales y un largo etcétera describen una vida sin límite. Límites o ausencia de los mismos, cuyas consecuencias pueden condicionar la vida desde una edad temprana.

Debemos alejarnos de los estilos autoritarios o sobreprotectores que impiden educar con paciencia, rigor y rutina.

Los niños necesitan una misma dirección y que todos eduquemos con una base similar. La coherencia es importante para no despistar y desorientar al niño con lo que sí o con lo que no está permitido. Tenemos que tener claro qué queremos y hacia dónde vamos. Si no sabemos “el qué” no podemos practicar “el cómo”.

Acompañar y apoyar como padres a nuestros hijos en su crecimiento personal, educativo, deportivo y emocional implica la educación práctica de los valores que posibilitarán ese crecimiento.

De la misma manera que os preocupáis de que lleven los deberes hechos, de que se laven las manos antes de comer o de que se abriguen en invierno, os tenéis que preocupar diariamente de la educación en valores.

No vale con decir “tienes que ser respetuoso”. Debemos animar al niño y educarle en lo que hace mal, y reforzar todas las conductas apropiadas con el fin de que las repita. Tiene que ver, en sus figuras adultas de referencia -padres, hermanos y abuelos-, esa coherencia entre lo que se les pide a ellos y lo que hacen.

¿Cuántas veces se ha dicho que los niños son esponjas? Una forma de educar, además del ejemplo, es la lectura de cuentos sobre valores que les hagan pensar.

Es una propuesta abierta para que, con iniciativa, decidáis, según vuestras necesidades, qué valores y en qué orden se trabajan. Tenéis además que adaptarlos a la edad de cada miembro de la familia. El reto es trabajar los valores en familia.

Tipos de valores

Es importante tener en cuenta que existen:

-Valores intrapersonales, que analizan el propio comportamiento y sus consecuencias. Por ejemplo, el respeto o la perseverancia.

-Valores interpersonales, que favorecen la convivencia con los demás. Por ejemplo, ser tolerante o generoso.

-Valores ambientales, que fomentan la responsabilidad y el respeto con el entorno. Por ejemplo, la responsabilidad con conductas de reciclado, no mal usar recursos como el agua, la luz o la calefacción o no dejar residuos en la naturaleza.

12 meses, 12 valores

A partir de esta clasificación, preparad vuestra lista de valores.

Os proponemos 12 valores: uno para cada mes de este nuevo año.

Enero: Respeto
Febrero: Cooperación
Marzo: Diálogo
Abril: Humildad
Mayo: Paciencia
Junio: Sinceridad
Julio: Responsabilidad
Agosto: Tolerancia
Septiembre: Esfuerzo
Octubre: Creatividad
Noviembre: Amistad
Diciembre: Generosidad

Quedan muchos más: prudencia, justicia, igualdad, honestidad, autonomía, gratitud…

Utilizad la creatividad: podéis diseñar tablas, cartulinas, collages. Tratad de que el resultado esté a la vista para que facilite el entrenamiento del valor.

Pasos para elaborar la tabla

- Anota el valor que hay que trabajar.
- Dedica espacio a cada miembro de la familia, incluidos vosotros, los padres.
- Define el valor y pon ejemplos para que el niño lo asimile.
- Id anotando cada paso que dais en relación al valor. Apuntad los logros.
- Si queréis reforzar el trabajo, pintad o pegad recortes que ilustren cómo se ha sentido el niño cuando cumple con el valor elegido.
- Anotad el refuerzo que se da a cada miembro de la familia. Se puede hacer una lista de palabras de agradecimientos, gestos o premios conseguidos.
- Hablad en el día a día de ejemplos de personas que practican los valores. Cuéntales historias que ocurren y pregúntales cómo actuarían ellos. No en grandes sermones, porque no los escuchan.

Los padres deseamos hijos que sean personas de bien, y para ello tienes que implicarte en la educación en valores. No olvidemos que sin valores no se puede vivir ni convivir.

Alguna bibliografía de interés sobre valores

A continuación os dejamos títulos de libros que educan en valores que os pueden ayudar en vuestra labor, ésta lista está abierta a otros libros.

- Valores para la convivencia.
- Valores de oro.
- El gran libro de Cuentos con valores.
- Cuentos para educar niños felices.
- Cuentos para sentir: educar en emociones.
- Cuentos para sentir: educar en sentimientos.
- Cuentos para educar con Inteligencia emocional.


Fuente: Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas (elportaldelhombre.com)
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