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miércoles, 15 de enero de 2025

La Paz que Encuentras en Ti Transforma Todo

Imagina caminar sobre las nubes, suspendido entre el cielo y la tierra, donde el tiempo se detiene y solo existe el ahora. En ese instante, el mundo se vuelve ligero. El aire acaricia tus pensamientos, y cada respiro parece susurrar que todo está bien. Es un momento donde el silencio habla, y tú escuchas tu esencia más pura.
En la cima de una montaña, dentro de una burbuja, te sumerges en la lectura de un libro, explorando mundos internos que reflejan tu propia esencia. Cada página es un paso hacia la paz interior, un viaje que te invita a desconectar del ruido externo y conectar con tu ser más profundo. Al tocar las teclas de un piano rodeado de nubes, cada nota resuena con la melodía de tu alma, armonizando pensamientos y emociones en una sinfonía de serenidad. La paz que buscas no está en el exterior, sino dentro de ti. En el aquí y en el ahora, en la quietud de tu mente y en la profundidad de tu corazón. Respira, siente y sé consciente: la paz interior es tu naturaleza esencial. #PazInterior #AquíYAhora #Mindfulness #ViajeInterior #Serenidad #ConexiónProfunda #PresenciaPlena #ArmoníaInterna #Meditación #BienestarEmocional La Paz que Encuentras en Ti Transforma Todo Locución, edición, guión y música de Victor Rodríguez Imagina caminar sobre las nubes, suspendido entre el cielo y la tierra, donde el tiempo se detiene y solo existe el ahora.

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lunes, 22 de abril de 2024

En las noches de luna llena...❣️

En las noches en que la luna llena adorna el cielo con su manto plateado, encuentro un refugio de serenidad y belleza. Su resplandor suave y misterioso ilumina el mundo con una magia que parece traer consuelo a los corazones inquietos. Pero entre todos los destellos de esa noche radiante, hay uno que sobresale con un brillo especial: mi princesa, mi ángel de luz. Su presencia transforma la noche en un cuento de hadas, donde cada rayo lunar parece danzar a su alrededor. Ella es la personificación de la belleza y la gracia, con ojos que reflejan la profundidad del universo y una sonrisa que ilumina incluso la noche más oscura. En su aura, encuentro paz y esperanza, y en sus palabras, la melodía de un amor eterno. Bajo el manto de la luna llena, me siento afortunado de tenerla a mi lado, como un faro que guía mi camino en medio de la oscuridad. Su amor es mi refugio, su luz, mi guía, y en su abrazo encuentro el verdadero significado de la felicidad. Que cada noche de luna llena sea un recordatorio de la belleza de su presencia, y que su luz siga brillando en mi vida como un faro de amor y esperanza eterna.
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lunes, 5 de septiembre de 2016

¿Cómo recuperas la serenidad introduciendo pequeñas rutinas en el día a día?, vídeo de Elsa Punset.


Elsa explica cómo recuperar la serenidad introduciendo pequeñas rutinas en el día a día en el programa "A punto con la2" de TVE.


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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Radiografía de los perfeccionistas


De todos los defectos que existen, el perfeccionismo es uno de los mejor considerados por la sociedad. 

En el ámbito laboral, por ejemplo, ser una persona que persigue la excelencia está tan bien visto que muchos candidatos, al ser entrevistados para un puesto de trabajo, suelen destacar este rasgo de personalidad como su principal área de mejora. De este modo consiguen dos objetivos: primero, ocultar sus verdaderas carencias. Y segundo, tratar de impresionar a su interlocutor.

No en vano, tener este rasgo en el carácter implica comprometerse con imprimir un sello de calidad en todo lo que se hace. La Real Academia Española define esta conducta como una “tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”. De ahí que, en un primer momento, se relacione con productividad, eficiencia y excelencia. Pero tal como dice un refrán español, “no es oro todo lo que reluce”.
Para analizar este comportamiento, utilicemos como analogía los icebergs. Al observar uno de estos enormes pedazos de hielo, tan solo vemos la pequeña punta que sobresale por encima del agua. El grueso restante –que representa el 85%– queda por debajo, oculto. Hay que sumergirse para poderlo ver. Del mismo modo, al hablar de perfeccionismo solemos quedarnos con los atributos positivos que se encuentran en la superficie, sin vislumbrar la parte inconsciente que queda escondida.


Insuficiencia y autoexigencia

“Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”. Erich Fromm
Y entonces, ¿qué hay detrás de la búsqueda constante de perfección? ¿Por qué en muchas ocasiones esta característica del carácter suele generar insatisfacción? A los miembros de este club puede que les resulte incómodo reconocer que el motor de sus acciones es la permanente sensación de insuficiencia que sienten en su interior. De ahí que nada nunca les parece lo suficientemente perfecto.
En un nivel muy profundo e inconsciente, los perfeccionistas consideran que no está bien ser como son. Sienten que hay algo erróneo que han de corregir. No saben exactamente el qué, pero esta sensación de imperfección interna les mueve a querer cambiar y les fuerza a comprometerse con mejorar. Esencialmente porque creen que actuando de este modo, volverán a sentirse bien consigo mismos. Es entonces cuando, sin darse cuenta, crean un ideal subjetivo, que determina cómo deberían ser.

El secreto de la serenidad es aceptar cada situación tal y como es.
Para poder alcanzar la perfección deseada, desarrollan una autoexigencia feroz e implacable. Y empiezan a escuchar a un juez interno dentro de su cabeza que juzga y critica aquellas decisiones, acciones y resultados que les alejan de dicho ideal. 

Dado que su conducta se rige por medio de un imperativo moral, suelen hablar en términos de “tengo que” o “debo”. Y cómo no, este patrón de exigencia lo acaban proyectando sobre la gente con la que se relacionan.
Así, los perfeccionistas miran el mundo a través de una lupa, mediante la cual ponen el énfasis en todo aquello imperfecto que debería ser mejor de como es ahora mismo. Pongamos por ejemplo que terminan una novela llena de pasajes narrativos memorables. En vez de apreciar lo valioso que hay en ese texto, suelen criticar los cuatro errores ortográficos que han encontrado a lo largo de las más de cuatrocientas páginas que acaban de leer. Parece como si la mirada de estos adictos a la perfección estuviese entrenada para detectar fallos.

Prepotencia y frustración

“Es muy difícil ser humilde cuando se es el mejor”. Muhammad Alí
No es un rasgo que se desarrolle con los años. El gen del perfeccionismo viene de nacimiento. De ahí que muchos perfeccionistas asocien a su infancia un sentimiento de no haber sido considerados lo suficientemente buenos por sus padres. Con el paso del tiempo, interiorizan que no está bien cometer errores. Así es como desarrollan la rigidez y la inflexibilidad. Y acostumbran a creerse en posesión de la verdad, imponiendo su punto de vista entre quienes piensan de forma diferente. Una de sus máximas aspiraciones es tener la razón. Y suelen mostrarse intolerantes y prepotentes cuando se sienten inseguros, amenazados por opiniones que discrepan de las suyas.
Uno de sus mecanismos de defensa consiste en evitar trabajar en equipo. Tienden a cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad de hacer lo que se tiene que hacer. Les cuesta muchísimo delegar en otras personas, pues no confían en nadie más que en sí mismos. ¿Cómo van a hacerlo si los demás no se esfuerzan tanto como ellos ni consiguen imprimir el nivel de calidad y excelencia que desean?
Para compensar su sensación de insuficiencia tienen que aparentar ser perfectos a los ojos de la gente. De ahí que suelan ser muy susceptibles. Tienden a irritarse con facilidad cuando se sienten criticados. No soportan que nadie les diga cómo tienen que hacer las cosas. Sin embargo, esto es lo que acostumbran a decirles a las personas con las que interactúan.
Debido a la autoexigencia, rigidez y susceptibilidad que se ocultan bajo la superficie del perfeccionismo, estas personas terminan cosechando una frustración permanente. Su emoción predominante es la ira, la cual se manifiesta como una bola de fuego en el estómago cada vez que las cosas no salen como ellos esperaban. Eso sí, debido a que enfadarse no es una conducta demasiado perfecta, tienden a reprimir su ira hacia dentro. No es ninguna casualidad que entre el colectivo de perfeccionistas muchos somaticen la rabia, el estrés y la tensión en forma de dolores de cabeza, espalda y bruxismo.


Serenidad y aceptación

“No eres la charla que oyes en tu cabeza. Eres el ser que escucha esa charla”. Jiddu Krishnamurti
La clave para que el perfeccionismo no sea fuente de insatisfacción reside en el arte de cultivar la serenidad y la aceptación. Y para ello es necesario que se den cuenta de que en su interior oyen una voz que los critica por todo lo que podrían hacer mejor. También han de tomar consciencia de las consecuencias que les está reportando seguir los dictados de dicha vocecita. Comprender que ellos no son ese juez interno tan exigente, es el primer paso para recuperar el equilibrio perdido en su afán de ser perfectos.
Una práctica muy recomendable consiste en reírse de dicha vocecita cada vez que comience a resaltar lo que debería mejorarse. A la hora de concluir con alguna actividad, en vez de preguntarse si es intachable –lo cual nunca lo será a los ojos de un perfeccionista– pueden verificar si es “digna”, algo que sí está a su alcance. Más que nada porque el secreto de la serenidad consiste en aceptar cada situación tal y como es, en vez de esperar que sea como ellos quieren.
Al recuperar el contacto con la serenidad, los perfeccionistas asumen que los errores que cometen no son buenos ni malos, sino necesarios para aprender y evolucionar. También comprenden que todo es perfecto –incluidos ellos–, porque todo lo que sucede está en su proceso hacia la perfección. Que, por cierto, es invisible a los ojos. No tiene tanto que ver con los acontecimientos externos como con lo que uno siente por dentro al relacionarse consigo mismo.
En la medida que estas personas profundizan en aceptarse tal como son, comienzan a hacer lo mismo con los demás y sus circunstancias. Aceptar no es resignarse ni ser indiferente; es comprender que todo tiene su razón de ser y que de nada sirve luchar o tratar de cambiarlo. Lo paradójico es que cuando se aceptan de verdad, surge la transformación. Aparentemente nada ha cambiado. Pero al modificar su forma de mirar, cambia por completo su manera de vivir y de relacionarse. Y el único indicador fiable para saber si han conquistado dicha aceptación es la paz interior
Fuente: Borja Vilaseca – El Pais.com
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