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martes, 6 de septiembre de 2016

¿Cuáles son las heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos?


Los problemas vividos en la infancia vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estos pueden influir significativamente en como nuestros niños de hoy actuarán mañana y en como nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.

Así, de alguna forma, a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas de la infancia, conformaremos una parte de nuestra personalidad. Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas….

1- El miedo al abandono


La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Habrá una constante vigilancia hacia esta carencia, lo que ocasionará que quien la haya padecido abandone a sus parejas y a sus proyectos de forma temprana, por temor a ser ella la abandonada. Sería algo así como “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.
Las personas que han tenido experiencias de abandono en la infancia, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.
La herida causada por el abandono no es fácil de curar. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.

2- El miedo al rechazo


Es una herida muy profunda, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.
En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo. 
La persona que padece esta dolorosa experiencia no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior por el miedo de ser rechazado. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.
Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mism@. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

3- La humillación


Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.
El tipo de personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.
Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.


4- La traición o el miedo a confiar


Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.
Haber padecido estos problemas en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.
Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.



5- La injusticia


Se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.
Las consecuencias directas en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.
Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.
Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

Fuente: Raquel Aldana 
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martes, 16 de junio de 2015

Magnífico Corto educativo: A más competencias, más empleo y bienestar.


Las personas con bajo nivel de competencias son más propensas que otras a estar en el paro, tener mala salud y ganar mucho menos, de acuerdo con la Evaluación de Competencias de Adultos de la OCDE.

Los países con mayor desigualdad en competencias también tienen una mayor desigualdad en los ingresos.


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miércoles, 14 de enero de 2015

El valor del juego como herramienta de aprendizaje

El juego tiene gran valor como instrumento de aprendizaje: Lo natural es aprender jugando.

Los niños y niñas emplean el juego de forma innata y natural para construir múltiples aprendizajes. Lo hacen de forma inconsciente, sin esfuerzo, divirtiéndose y disfrutando en la construcción de sus aprendizajes. El juego es por lo tanto una de las herramientas de aprendizaje más poderosas, siendo la forma natural que tienen los pequeños para aprender.

Aprovechemos la actividad lúdica para crear aprendizajes, en lugar de intentar forzar esta creación con escenarios y técnicas poco motivacionales y menos naturales.

¿POR QUÉ EL JUEGO ES IMPORTANTE?
El juego es la actividad más importante de los niñ@s, no sólo se divierten y se distraen, sino que constituye además su principal  instrumento  de aprendizaje y de desarrollo. Los beneficios del juego son los siguientes:
  1. Contribuye al desarrollo
Psicomotriz
Cognitivo
Social y afectivo.
Moral
  1. Adquieren experiencia sobre sí mismos y el mundo que les rodea, entrenan destrezas y habilidades, practican rutinas y secuencias de comportamiento que les serán útiles en la vida adulta. Mediante el juego están ensayando roles y formas de actuación de la vida de los adultos.
  1. El juego proporciona una oportunidad de que creen sus propios significados y entiendan de esta forma el mundo que les rodea.
  2. Contribuye a estrechar los vínculos afectivos. A través del juego nos conectamos con otros, compartimos experiencias que nos hacen sentir bien, colaboramos con los otros y configuramos un fuerte vínculo afectivo.
  3. A través del juego nos distendimos y nos relajamos. Es muy importante entender que las personas necesitamos diversión, relax y entretenimiento.
  4. Sirve para estimular al niño, por su carácter lúdico y motivador. Es un modo ideal de crear aprendizajes, ya que los pequeños estarán interesados y motivados con la actividad.

EL PAPEL DEL ADULTO EN EL JUEGO. PAUTAS

El juego es fundamental para el desarrollo del niñ@, y es una herramienta muy valiosa para construir aprendizajes. Es muy importante que fomentemos el juego en los niños y niñas.
  1. Si quieres que aprendan y que se estimulen procura convertir cualquier actividad en un juego, crea un mundo aparte de espontaneidad y diversión.
  1. Participa en el juego no solo hagas de espectador, pero los protagonistas deben ser ellos. Es importante que sean los niños los que creen el juego, los que lo inventen, sin que el adulto obstaculice su creatividad y capacidad de pensar. Puedes aportar ideas, pero entra en su mundo.
  1. Ponte a su altura, en el juego todos somos iguales, procura que tus ojos estén a su nivel.
  1. Facilita las condiciones necesarias para que el juego se desarrolle de forma natural y espontanea.
  1. Emplea la expresividad, la claridad y lenguaje sencillo, y ten disposición corporal.

  1. Presenta los aprendizajes como un juego, no como una obligación. Disfruta con ello y transmite el pensamiento positivo a los niños y niñas.
  1. El juego ha de ser distendido y divertido, no fuerces los tiempos, o las reglas. Da lugar a la espontaneidad, nos puede llevar a nuevos aprendizajes no previstos.
  1. Permite y fomenta que los pequeños exploren diferentes posibilidades con los juegos. No se lo des todo cerrado y programado, permíteles que inventen y creen nuevas posibilidades.
  1. Ríe con ellos mientras jugáis. El juego tiene que ser diversión.
  2. Fomenta la reflexión sobre los posibles aprendizajes creados con el juego. Los niños y niñas construyen aprendizajes con el juego de forma inconsciente, es bueno que después del juego hables con ello, de esta forma reflexionan sobre el aprendizaje que han creado y lo hacen más significativo.


Fuente: Celia Rodríguez Ruiz (educapeques)
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martes, 26 de agosto de 2014

Los niños que juegan libres serán adultos con mayor autoestima y capacidad de adaptación

Un estudio señala que el juego no estructurado resulta beneficioso a largo plazo 

Una encuesta realizada en Alemania refleja que las personas que tuvieron tiempo libre de niños, para jugar de forma no estructurada, son más flexibles y adaptables a las circunstancias de adultos. Tienen mejores relaciones sociales aquellos que hacían más cosas por su cuenta, como explorar el barrio, sin un control tan exhaustivo de sus padres.

 

Con una abundancia cada vez mayor de actividades extraescolares, está creciendo la idea de que los niños están perdiéndose algo importante si no tienen tiempo para jugar libremente, sin una estructura. 

Una nueva investigación realizada en Alemania, informa la revista estadounidense Pacific Standard, sugiere que estos temores son justificados: las personas que recuerdan haber tenido un montón de tiempo libre en la infancia disfrutan de altos niveles de éxito social como adultos.  

 

Un equipo de tres psicólogos de la Universidad de Hildesheim, dirigido por Werner Greve, realizó una encuesta a 134 personas. A los participantes se les presentó una lista de siete afirmaciones, y tuvieron que decir el grado en que se ajustaban a sus propias experiencias de la infancia (es decir, de tres a 10 años). 

Entre las afirmaciones figuraban estas: "Mirando hacia atrás, probé muchas cosas y experimenté mucho por mí mimo"; "de vez en cuando, me daba una vuelta solo o con amigos para conocer el barrio"; y "mis padres siempre estaban con miedo de que algo pudiera pasarme, así que no me dejaban hacer muchas cosas por mí mismo." 

Los voluntarios también expresaron su grado de acuerdo o desacuerdo con 10 afirmaciones diseñadas para medir el "éxito social": "Mis amigos vienen a pedirme consejo"; "mi trabajo es apreciado por los demás"; y "si algo sale mal, tengo amigos a mi lado que me apoyan." Pruebas adicionales midieron su capacidad para ser flexibles ante los reveses de la vida, y su nivel general de autoestima.

 

 

Resultados:

Los investigadores encontraron una correlación positiva significativa entre haber tenido tiempo suficiente para jugar libremente en la infancia y el éxito social del adulto.

También se halló un vínculo entre el tiempo libre de los niños y una alta autoestima y la flexibilidad para ajustar las metas personales.

Con todo, "no hace falta decir que el juego infantil no es el único ni quizás el más importante predictor del éxito social... la correlación que encontramos en este estudio fue sorprendentemente alta", escriben los investigadores en la revista online Evolutionary Psychology.
El juego libre, argumentan, permite a los niños desarrollar la flexibilidad necesaria para adaptarse a las circunstancias y ambientes cambiantes, una habilidad que es muy útil cuando la vida se vuelve impredecible en la edad adulta.

Así que puede que a los padres les interese que sus hijos tengan el tiempo y la libertad para jugar y explorar a su propio ritmo. Tutelarlos y orientarlos puede ser estupendo, pero como esta investigación nos recuerda, hay muchos tipos de experiencias de aprendizaje, y algunas de las menos formales pueden valer la pena a largo plazo.

Referencia bibliográfica: 

Werner Greve et al.: Does playing pay? The fitness-effect of free play during childhoodEvolutionary Psychology(2014).
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