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El que conoce el arte de vivir consigo mismo, ignora el aburrimiento

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Disfruta con lo que haces, sin que sea un sacrificio

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La mejor forma de predecir el futuro es creándolo

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La fuerza no proviene de la capacidad física, si no de la voluntad del alma

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La vida son los lugares que nos quitan la respiración

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jueves, 4 de septiembre de 2025

¿Elegir Tanto… te hace Libre o te Encadena?

¿De verdad más opciones significan más libertad? 🤯 La paradoja es que, cuando todo está frente a ti, tu mente se bloquea. Elegir parece imposible. La paz llega cuando simplificas. Cuando entiendes que no necesitas todo… solo lo que de verdad conecta contigo. ✨ 💬 ¿Tú también sientes a veces que demasiadas elecciones te pesan más de lo que te liberan? Bienvenido a Inspiraciónen60s, el canal de YouTube donde cada palabra puede transformar tu día. Aquí encontrarás Shorts motivacionales, frases inspiradoras y reflexiones que despiertan gratitud, fe y esperanza. En solo un minuto, recibirás la dosis de motivación que necesitas para avanzar, creer en ti y agradecer incluso en los momentos difíciles.
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domingo, 14 de abril de 2024

La consciencia espiritual...❣️

A través de la exploración profunda de la mente, y el conocimiento interno, podemos encontrar la consciencia espiritual que yace en lo más profundo de nuestro ser,
descubrimos un entendimiento que trasciende nuestras percepciones cotidianas, y nos conecta con algo más grande, la consciencia espiritual nos guía hacia la comprensión de nosotros mismos, del mundo que nos rodea, es un recordatorio de nuestra capacidad de tomar decisiones conscientes, y de vivir en plenitud, abraza tu consciencia espiritual y deja que te lleve a un camino de autosuperación y equilibrio...

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viernes, 12 de agosto de 2016

Interesante Corto Animado Educativo: La toma de decisiones


La toma de decisiones es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre las alternativas o formas para resolver diferentes situaciones de la vida. 

 

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jueves, 11 de agosto de 2016

Extraordinario vídeo sobre el Cerebro emocional: Equipados para la supervivencia y felicidad


Se analiza el valor de las emociones frente a los desafíos de la vida y su papel en la toma de decisiones.

Los sentimientos positivos propiamente humanos como el amor, la alegría o el interés nos ayudan a llevar una conducta más creativa y emprendedora, y con mayor confianza en el futuro. 


La calidad de nuestra vida personal depende de la capacidad de sentir y expresar las emociones de acuerdo con el valor real que las despierta, de regularlas y generar sentimientos que suplanten a los no deseables. 

"Cerebro emocional: equipados para la supervivencia y la felicidad" trata de analizar el papel de las emociones en la elaboración de la propia identidad, en el comportamiento, en la salud mental y cómo influyen en la toma de decisiones.


 

Fuente: Universidad de Navarra
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miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Cuáles son los 9 hábitos de las personas emocionalmente inteligentes?, Interesante miniserie de 3 vídeos.


La inteligencia emocional es la característica que marca la diferencia entre las personas felices y las personas amargadas, entre quienes tienen éxito y quienes se pasan la vida deseando el éxito ajeno.

La inteligencia emocional es la cualidad de l@s mejores líderes, tanto a nivel empresarial como a nivel social. 

Porque una persona emocionalmente inteligente se siente a gusto en sí misma, tiene la vida que desea y desea la vida que tiene… y no la cambiaría por ninguna otra; vive rodeada de otras personas positivas y felices y sabe cómo influir en su entorno. 

En este primer vídeo conocerás los 3 primeros hábitos y tendrás la posibilidad de aceptar un reto personal que te acercará un poco más a tu propio “yo” emocionalmente inteligente. 

Hábito 1: Se conocen a sí mismas 

Hábito 2: Toman decisiones 

Hábito 3: Gestionan sus emociones


En el segundo vídeo vamos a ver 3 hábitos más de esas personas emocionalmente inteligentes.  

Hábito 4: Empatizan 

Hábito 5: Abren sus corazones 

Hábito 6: Se comunican bien


Acabamos con el tercer vídeo donde vamos a ver los últimos 3 hábitos que poseen las personas emocionalmente inteligentes y que, seguro, querrás adquirir tú también… si no los posees ya. 

Hábito 7: Resuelven sus problemas 

Hábito 8: Se aceptan a sí mismas 

Hábito 9: Se responsabilizan de su vida 


Fuente: Sandra Burgos
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viernes, 15 de julio de 2016

Interesante vídeo sobre ¿Cómo podemos elegir mejor?: La toma de decisiones.


¿Eres un maximizador o un optimizador?, con Elsa Punset.



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viernes, 27 de mayo de 2016

¿Qué preguntas tienes que hacerte para afrontar los momentos difíciles (como el desempleo, familia, amigos...)?


De vez en cuando, todos afrontamos momentos difíciles, estos forman parte del ciclo de la vida. En algunas ocasiones esas dificultades provienen de situaciones que escapan de nuestro control, otras veces son una consecuencia directa de nuestras decisiones.

En ambos casos nuestra respuesta suele ser la misma: nos sumimos en la preocupación. Sin embargo, cuando nos hundimos en las experiencias negativas, pensamos únicamente en la respuesta que debemos dar en ese momento y es como si el resto de nuestra identidad desapareciera. 

Más allá de la situación que debemos afrontar, nos convertimos en nuestro peor obstáculo y nuestra principal fuente de preocupación.


Es evidente que hay muchas situaciones que no podemos cambiar, no tenemos control sobre lo que ya ha ocurrido. No obstante, podemos elegir cómo reaccionamos, podemos determinar el significado que le damos a la situación. De hecho, el principio 90/10 nos indica que “el 10% de la vida está relacionado con lo que nos pasa, y el 90% restante con la forma en que reaccionamos ante ello”.

Si no reflexionamos sobre la importancia de aprender a manejar nuestras emociones, pasaremos toda la vida reaccionando como unos autómatas, dejando que sean las circunstancias quienes dicten nuestro estado de ánimo y, por ende, nuestro bienestar. Por eso, la próxima vez que tengas que afrontar un momento difícil, es conveniente que te hagas una serie de preguntas que te permitirán cambiar tu perspectiva de la situación.

Cuando las circunstancias nos desbordan...

1. ¿Estás respirando? En algunas ocasiones, lo único que puedes hacer es respirar. Cuando el estrés y la angustia son tan grandes que te paralizan, concentrarse en la respiración es el primer paso para reencontrar la serenidad. De hecho, ¿sabías que a través de una respiración acompasada y profunda puedes incidir sobre el sistema nervioso autónomo y hacer que la presión arterial y el latido cardíaco vuelvan a la normalidad? Si te sientes muy estresado, busca 10 minutos al día y respira profundamente.

2. ¿Cómo te sientes? Tomar decisiones, cuando estamos desbordados emocionalmente, no es sabio. Sin embargo, cuando tenemos que enfrentar situaciones difíciles, solemos sumergirnos en el agujero negro de las emociones negativas, y a veces ni siquiera somos conscientes de ello. Por eso, es importante concienciar las emociones. El simple hecho de saber que están ahí ya les resta parte de su impacto negativo y te permite tomar mejores decisiones. 

3. ¿Qué grado de responsabilidad tienes? No se trata de buscar culpables sino de determinar responsabilidades. No es una mera disquisición terminológica sino que implica un profundo cambio de perspectiva. Céntrate en la responsabilidad que te corresponde, de esa forma podrás reducir el desafío y encontrar la parte de la situación sobre la cual puedes incidir realmente.

4. ¿Qué puedes controlar? Una de las mayores fuentes de ansiedad y agobio es pensar que todo depende de nosotros, que tenemos el control. Sin embargo, en realidad muchas cosas escapan de nuestro control, así que cuando te sientas desbordado por las circunstancias, pregúntate qué puedes controlar realmente de la situación que te preocupa. Céntrate en lo que puedes cambiar, por pequeño que sea.

5. ¿Qué cosas no puedes controlar? Se trata de identificar todas las cosas que escapan a nuestro control y aceptar que, por mucho que nos esforcemos, es normal que existe cierto grado de entropía. Toma el tiempo que necesites para evaluar la situación y después, deja ir todas las cosas que te preocupan pero que no puedes controlar. En este sentido, la técnica de visualización “las hojas del río”. Recuerda que preocuparte por cosas que no puedes resolver implica una pérdida de energía considerable que te impide centrarte en lo que realmente puedes solucionar.


6. ¿Qué es lo más importante que puedes hacer inmediatamente? Cuando una situación nos desborda y no sabemos cómo comportarnos, tenemos la tendencia a procrastinar. Sin embargo, mientras procrastinamos, el problema aumenta y las preocupaciones se agigantan. Por eso es tan importante actuar. En este sentido, no importa cuán pequeño sea el paso, basta que lo demos. Pregúntate qué puedes hacer ahora mismo y, sin dilaciones, hazlo. El simple hecho de ser proactivo mejorará tu estado de ánimo y aumentará tu autoconfianza.

7. ¿Cuáles son tus opciones? Ante una situación complicada, es comprensible que las emociones tomen el control y acallen a nuestro lóbulo frontal. Sin embargo, desbordados por las emociones no podemos pensar con claridad y no somos capaces de vislumbrar los posibles caminos. En esa bruma mental, no puede sino crecer la desesperación y el sufrimiento. Por eso, es fundamental preguntarse cuáles son nuestras opciones. Crea una lista de alternativas que puedan arrojar luz sobre las posibles soluciones que tienes a tu alcance.

8. ¿Te estás cuidando? Cuando estamos demasiado preocupados, estresados o agobiados, solemos descuidar nuestra salud física y mental. Dormimos mal, comemos mal y hacemos menos actividad física. Sin embargo, es en esos momentos cuando necesitamos estar al 100% de nuestra capacidad. Por eso, cuando los problemas toquen a tu puerta, asegúrate de que te estás cuidando, sigue una rutina saludable cada día. Recuerda que mente y cuerpo representan una unidad indisoluble y si descuidas uno, es probable que el otro se resienta.



9. ¿Lo que te preocupa, seguirá siendo importante dentro de 5 años? Ensimismados en nuestras preocupaciones actuales, perdemos la perspectiva de futuro. Cuando estamos ahogados en el mar de la desesperanza o el agobio, nos resulta difícil pensar que encontraremos una orilla para ponernos a salvo. Sin embargo, en realidad la mayoría de los problemas que nos preocupan hoy, no serán significativos dentro de 5 años, cuando seamos capaces de poner las cosas en perspectiva. Recuerda que somos especialistas en crear una tormenta en un vaso de agua así que siempre debes preguntarte si lo que te preocupa hoy, seguirá siendo igual de importante en el futuro. 

10. ¿Qué puedes aprender? Cada dificultad viene con una lección. Quizás en un primer momento no la veas pero cuando vaya pasando el tiempo te darás cuenta de que ese problema probablemente te ha servido para convertirte en una persona más resiliente. En vez de lamentarte y preguntarte por qué ha tenido que pasarte justo a ti, intenta centrarte en la enseñanza, en lo que puedes aprender de ese contratiempo.

Recuerda que los desafíos, los cambios y los problemas forman parte de la vida, no podemos evitarlos, pero podemos elegir cómo afrontarlos y qué importancia conferirles.

Fuente: Jennifer Delgado (Rinconpsicologia)
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miércoles, 4 de mayo de 2016

Excelente Vídeo sobre el Autoconocimiento para el éxito (Inteligencia Emocional)


¿Qué factores nos condicionan a la hora de tomar decisiones? ¿Sabes qué hacer para neutralizar aquellos pensamientos que te producen sufrimiento?.

Las personas nos encontramos en un constante proceso de toma de decisiones y elección de caminos.

Nuestras decisiones (conscientes e inconscientes) influyen a todo lo que nos rodea. Son las primeras las que nos permiten avanzar, todo dependiendo del grado de autoconocimiento de la persona y la reflexión.

Saber qué es lo que nos conforma es esencial vivir con autenticidad, de manera saludable y sin ponernos obstáculos en el camino.


En éste vídeo se dan las herramientas para conocerse mejor, de manera que pueda tomar decisiones útiles para su crecimiento personal y profesional.

 

Fuente:  Rosa Quintana (Coach especialista en Motivación, Autoestima y Gestión de Hábitos).
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viernes, 8 de abril de 2016

Interesante Infografía: ¿Qué es el Neuromárketing?

 




Fuente: Monica Salvador
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jueves, 7 de abril de 2016

Interesante Corto animado educativo sobre la toma de decisiones.


Una estrategia correcta puede hacer sobrevivir a una empresa mediocre, pero incluso una empresa brillante puede desaparecer si la estrategia es errónea. 

Corto de animación de 1997 de la factoría Pixar y ganador del Premio de la Academia al Mejor Corto Animado



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miércoles, 30 de marzo de 2016

Excelente video: Las 10 claves de la empleabilidad


¿Conoces las 10 claves fundamentales 
para conseguir la empleabilidad?
 Peridis nos lo cuenta del mejor modo posible: 
con sus dibujos.


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lunes, 8 de febrero de 2016

Interesante vídeo sobre Técnicas de Comunicación: Elevator Pitch

El Elevator Pitch se utiliza en el discurso de presentación sobre un proyecto o emprendimiento, ante potenciales clientes o accionistas cobrando especial relevancia para este segundo colectivo que se supone que busca proyectos y emprendedores con ideas claras, concisas y sintéticas para tomar decisiones sobre si invertir o no. 

No es un discurso de venta y recibe su nombre, en referencia al poco tiempo empleado para utilizarlo, asemejando a un viaje en ascensor. 
El principal objetivo es posicionar primero la imagen sobre la empresa y producto. El elevator pitch (elevador) es una herramienta muy importante en una compañía Startup.
La idea básica y resumida del elevator pitch es condensar un mensaje que llame la atención de alguien en pocos segundos o minutos, obteniendo como resultado una entrevista o reunión con esa persona para más adelante.


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domingo, 7 de junio de 2015

Interesante Cortometraje de animación para que medites: Tú tienes el control (Control Bear)


Un inocente oso de peluche que se quita la cabeza como manifestación de libertad es lo que esta animación transmite metafóricamente. 

Tú eres dueño de tu pensamiento, vida y acciones.

Nadie más tiene el control sobre tus decisiones, triunfos o fracasos. 

Nunca te dejes controlar por los demás o lo que los demás esperen que hagas. 

 

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domingo, 14 de diciembre de 2014

Montaje Audiovisual: ¿Qué es el Empoderamiento?


El Empoderamiento o Empowerment se utiliza en el contexto de la ayuda al desarrollo económico y social para hacer referencia a la necesidad de que las personas objeto de la acción de desarrollo se fortalezcan en su capacidad de controlar su propia vida. 

Sólo se logra un cambio significativo en el desarrollo de las sociedades si se cuestionan directamente los patrones de poder existentes. 

Una definición positiva concibe este término como el poder de hacer, de ser capaz, así como de sentirse con mayor control de las situaciones. Según este enfoque, el individuo tiene un rol activo y puede actuar en cualquier programa de cooperación gracias a la actitud crítica que ha desarrollado. Esta noción rompe con la idea de que el individuo es un ser pasivo de la cooperación y pasa a convertirse en un actor legítimo. 


El empoderamiento se incentiva cuando se fomentan la autoconfianza, seguridad en sí mismo y asertividad; el poder para tener autoridad para tomar decisiones, realizar cambios y resolver problemas, y la capacidad de organizarse con otras personas para alcanzar una meta común.

El empoderamiento se ha convertido en el paradigma de las teorías del desarrollo.

Este concepto ha permitido que los individuos y sociedades que hasta ahora estaban marginados de la toma de decisiones sean ahora el eje central de las intervenciones. 

 

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viernes, 17 de octubre de 2014

¿Cómo puedes cambiar un mal hábito diario en 3 pasos?.


Hay dos factores que influyen esencialmente en el bienestar. Uno tener una ilusión o meta, y el otro tener buenos hábitos que faciliten alcanzarlo. Todos realizamos comportamientos repetidos fruto de las rutinas aprendidas no deliberadas o meditadas por nuestro consciente, que dañan o limitan nuestro bienestar.

¿Sabías que representan casi el 50% de las decisiones diarias? El hábito bueno nos predispone para la realización de una tarea o actividad de forma óptima, pero el malo la limita, pospone, dificulta y en muchos casos impide su realización.

Nuestras experiencias, sentimientos, creencias y valores dan forma a los hábitos aprendidos que pueden volverse en necesidades llevándonos a realizar acciones automatizadas, aunque nos dañen.
 

Hay hábitos negativos que producen dolor, y otros que proporcionan placer, como fruto de decisiones inconscientes implantadas durante años en nuestro cerebro. Todos los hábitos son difíciles de eliminar, por este motivo es mejor sustituirlo por otro que proporcione bienestar.

IDENTIFICAR
 

Lo primero que hay que realizar, es identificar un hábito negativo. Hay miles de hábitos negativos, que influyen en la vida diaria: “actuar o no actuar por miedo”, “dejarlo todo para después”, “no mirar a los ojos a nuestro interlocutor”, “levantase o acostarse tarde”, etc. 

Hay otros hábitos que afectan directamente a nuestra salud: “fumar, beber o tomar algún tipo de droga” “ausencia de deporte”, pero tambien muchos pensamientos asociados a los malos hábitos como “echarle la culpa a otros”, y expresiones como “debería”, “tengo que hacer” , “yo soy (en negativo)” “el quejarse de forma constante” o “criticar a los demás” son algunos pocos hábitos y pensamientos negativos asociados que tendríamos que eliminar de nuestras vidas.
 

Para identificar el hábito, es esencial reconocer el impulso, estímulo o deseo que aparece antes de actuar. Algunas opciones, son prestar nuestra atención para ser consciente durante este trabajo personal, porque los procesos automáticos como un hábito pueden ser controlados, cuando forman parte de un objetivo.
 

Una vez has reconocido el hábito negativo que deseas cambiar, identifica como actúas normalmente, observa tu comportamiento asociado al hábito (ej. si es pereza para levantarte. Mantén la atención de forma que permitan el reconocimiento de pensamientos y emociones en el momento presente. Reconoce el impulso/s sensorial que experimenta tu cuerpo, o el estímulo que ocurre justo antes de que actúes (sentir somnolencia, aturdimiento, pereza, etc.). Una buena ayuda es prestar atención a la hora, dónde estás, con quién estas, lo que acabas de realizar o que emociones sientes antes de actúes.
RECOMPENSA
 

La mayoría de los hábitos buenos o malos proporcionan una recompensa, así que una vez identificado el hábito. Debes de identificar la recompensa, muchas veces asociada al placer que nos proporciona. Como eliminar un hábito es muy difícil, es mucho mejor cambiarlo por otro positivo o beneficioso. Como por ejemplo: sustituye el café por un zumo de naranja, un té, etc. Si no consigues reducir el deseo, sigue intentándolo con otros hábitos saludables hasta conseguirlo.

RUTINA
 

Una vez identificado el hábito y la recompensa, necesitarás un tiempo para establecerse, depende de muchos factores, pero algunos estudios hablan de al menos 60 días para que este hábito bueno forme parte siempre de tu vida. Ejemplo: si has empezado a ducharte todas las mañanas, transcurrido este tiempo te encontrarás a disgusto si no lo realizas.

ALGUNOS HÁBITOS BUENOS.
 

Practicar deporte a menudo. Sonreír de verdad, la vida es un espejo, que te lo devolverá con sonrisas (neuronas espejo, emociones asociadas, etc.). Alimentación equilibrada y sana. Realiza una actividad estimulante y excitante que te permita escapar a la noción del tiempo. Escucha sin criticar y con empatía a los demás, crearás amigos y aliados. Mira el lado positivo de las cosas, de todo se aprende. 

Utiliza el pensamiento creativo o alternativo en los problemas con aptitud positiva, encontrarán más soluciones. Cultiva la resiliencia aprendiendo de los errores, porque equivocarse está permitido, pero nunca ser derrotados por ellos. Practica un poco la compasión, incrementarás tus expectativas, mejorará tu salud física y mental. Intenta ver las pequeñas cosas buenas que hay en tu vida y aliméntalas para que crezcan. 

Intenta ser feliz, para ello ten metas y objetivos realizando lo que te gusta, e imagínate siempre lo mejor, aceptando los cambios y siendo consciente que eres el responsable de tu vida.




Fuente: Adela Amado & Javier Santana
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viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Por qué no me ayudas...?


Desde niños siempre se nos ha enseñado que debemos ser buenos y ayudar a los demás. Al principio no entendemos muy bien por qué, pero poco a poco vamos comprobando que ayudar a otros no está tan mal, uno se siente bien cuando consigue que otro deje de sentirse mal, pero ¿por qué unas veces actuamos para resolver el problema de otra persona y en cambio hay ocasiones en que nos mostramos pasivos ante la necesidad del que tenemos al lado?


Proceso en la toma de decisiones a la hora de ayudar

La decisión de ayudar pasa por  un proceso que se puede resumir en cinco pasos que conducen a tomar la elección de ayudar o mostrarse indiferente ante una persona que necesita ayuda.

Paso 1: Lo primero que tiene que ocurrir para que se de la conducta de ayuda es darse cuenta de que alguien la necesita. 

Al no poder anticipar cuándo o dónde puede surgir un problema inesperado, no estamos atentos a la situación, estamos haciendo o pensando otra cosa, no nos damos cuenta de que el problema existe. Debido a la atención selectiva, muchas escenas, sonidos u otro tipo de señal, la podemos ignorar porque no son significativas ni relevantes, o porque estamos preocupados por otros asuntos ya que si no lo hiciéramos así, estaríamos abrumados por una sobrecarga de información, de manera que si no te das cuenta, el problema no existe y como consecuencia, no actúas. Por lo tanto, una persona que está demasiado ocupada para prestar atención a los estímulos que existen a su alrededor no se da cuenta ni siquiera de una emergencia obvia. En este caso, no se ofrece ayuda porque no hay ninguna conciencia de que la demanda de esta exista.

Paso 2: Ver a alguien que necesite ayuda y que lo interpretemos así. 

A veces ocurre que aunque estemos prestando atención a lo que ocurre a nuestro alrededor, la información que tenemos de una persona o acción  es extraña para nosotros, limitada e incompleta. También podemos interpretar que eso no nos importa o que no es asunto nuestro.

Por ejemplo, si escuchamos gritos entre un hombre y una mujer, podemos pensar que es una simple pelea de novios  o que puede tratarse de un caso de violencia de género.Lo más acertado en este caso y también lo más probable, es esperar a tener más información ya que pensar otra cosa sería menos usual y suele ser poco probable (violencia)  y tendemos a dar una explicación rutinaria (pelea de novios). Si percibimos que necesita ayuda, pasamos al paso siguiente, si no, inhibimos la respuesta y no ayudamos, esperamos  a tener más información ya que no estamos seguros de lo que está pasando. Cuando somos testigos de algo, ya sea un problema serio o algo sin trascendencia y la información que tenemos es ambigua, tendemos a aceptar una interpretación tranquilizadora y no estresante que nos indique que no hay necesidad de hacer nada. (Wilson y Petruska, 1984), ya que puede resultar realmente embarazoso interpretar erróneamente una situación y actuar inapropiadamente y pueden etiquetar nuestra conducta como estúpida, exagerada o absurda.


Paso 3: Para poder ayudar, tienes que asumir que es tu responsabilidad hacerlo.

Una vez que  prestamos atención a algún evento externo y lo interpretamos como que es necesario ayudar, se llevará a cabo la acción  sólo si la persona toma la responsabilidad de ayudar.
Cuando una persona está sola ante una situación que requiere su ayuda es más probable que actúe ya que no hay nadie más que pueda hacerse responsable.
Sin embargo, si los espectadores de una escena son un grupo, hay difusión de la responsabilidad, es decir, la responsabilidad asumida  se comparte así; si hay sólo un espectador, éste tiene total responsabilidad. Si hay dos espectadores, cada uno tiene el 50 por ciento de la responsabilidad. Si hay cien espectadores, cada uno tiene sólo el 1 por ciento de la responsabilidad. A mayor número de espectadores, menos responsable a actuar se siente cada uno de ellos.
Puede ocurrir también que si otras personas no parecen estar alarmadas por lo que ocurre y no están haciendo nada para intervenir, es más seguro seguir su ejemplo y así evitan dar una respuesta que puede ser inapropiada, hacer el ridículo o parecer que han perdido la calma ante los demás. Así, estar con otras personas que no responden parece ser un poderoso inhibidor de la conducta de ayuda. La tendencia de aquellos que están en un grupo de extraños a dudar y no hacer nada se basa en lo que se conoce como ignorancia pluralista, es decir, como ninguno de los espectadores sabe con seguridad lo que está ocurriendo, cada uno depende del ejemplo de los demás, y como resultado, nadie responde. Muy a menudo, los espectadores se refrenan y se comportan como si no hubiera ningún problema, y utilizan esta «información» para justificar el hecho de que no actúen.

Paso 4: Tenemos que saber cómo ayudar.  

Incluso si un espectador alcanza el Paso 3 y asume la responsabilidad, nada útil puede hacerse a menos que esa persona sepa cómo ayudar.
A veces, las situaciones que requieren ayuda  son lo suficientemente simples que casi cualquier persona tiene las destrezas necesarias: si ves a un niño que se cae en la calle, tienes la destreza necesaria para ayudarlo a levantarse o si eres testigo de un robo, puedes encontrar la forma de llamar a la policía, pero hay otras situaciones que   requieren de un conocimiento y destrezas especiales que la mayoría de los espectadores no poseemos. Por ejemplo, tú puedes ayudar a alguien que se está ahogando sólo si  sabes nadar o a alguien que se está atragantando, sólo si tienes conocimiento en primeros auxilios.

Paso 5: Tomar la decisión de ayudar.

Incluso si la respuesta  a los primeros cuatro pasos es sí, la ayuda no ocurrirá a menos que  tomes la decisión final de actuar. La ayuda en este último paso puede verse inhibida por miedo (a menudo realista) a las posibles consecuencias negativas. Los costes potenciales son muchos. Por ejemplo, si te paras a ayudar a una persona que se está ahogando, puede que te ahogues  tú también en el intento, o que  la persona que parece necesitar ayuda sea un criminal que sólo está fingiendo que tiene un problema. Ted Bundy, el asesino en serie, era bien parecido, un hombre bien educado que se aprovechó en repetidas ocasiones de las simpatías de mujeres confiadas. Algunas veces cojeaba, le pedía a una mujer joven que lo ayudara a llegar hasta su coche y luego la secuestraba, pasando a ser su próxima víctima (Byrne, R. L., 2001).

¿Cómo influyen los costes y beneficios de ayudar?

Desde un enfoque de la conducta humana, que supone que el individuo sopesa los pros y los contras antes de actuar, y está movido fundamentalmente por su propio interés. Si suponemos que   los costes de proporcionar ayuda a otro ( tiempo y esfuerzo empleado, peligro, sensación embarazosa ante la presencia de otros observadores, etc.) tienen más peso que los beneficios (reconocimiento social, sentimiento de orgullo, agradecimiento de la víctima, posibilidad de entablar una relación reforzante o el placer intrínseco por haber ayudado a otro), decidiremos  no actuar, a menos que los costes de no ofrecer ayuda, tales como el sentimiento de culpabilidad, la sensación desagradable al saber que otro está sufriendo, la amenaza a la propia imagen o la desaprobación social, sean todavía mayores.
Cuando los costes de no intervenir en ayuda de la persona necesitada son altos y los de proporcionar ayuda son bajos, la respuesta más probable será ayudar directamente. Cuando ambos costes son altos, el observador se encuentra ante un grave dilema y para resolverlo tiene varias opciones:

La ayuda indirecta: buscando a otra persona que pueda asistir a la víctima. Reduce cognitivamente los costes de no ayudar reinterpretando la situación. Aquí entrarían las estrategias de difusión de la responsabilidad (si no ayudo, otro lo hará) y de atribución de responsabilidad a la víctima (se merece lo que   le está pasando). El resultado de estos mecanismos es un descenso de los costes de no intervenir, con lo cual podemos abandonar la escena sin muchos escrúpulos de conciencia. La situación más difícil es aquella en que tanto los costes de ayudar como de no hacerlo son bajos. Aquí tienen mucho más peso otros factores como las normas sociales y personales, las diferencias de personalidad, las relaciones entre el observador y la víctima y otras variables situacionales.
Un tipo especial de consecuencia desagradable puede surgir cuando observas a un individuo que está siendo amenazado por alguien de su propia familia. El desconocido bien intencionado que intenta ayudar a menudo sólo provoca ira. Es posible que esto explique por qué los espectadores rara vez ofrecen ayuda cuando creen que una mujer está siendo atacada por su pareja o que un niño está siendo maltratado físicamente por uno de los padres. Incluso la policía se muestra recelosa cuando se les llama para lidiar con una airada escena doméstica. 

 
Entonces, por algunas muy buenas razones, los espectadores pueden decidir refrenarse y evitar los riesgos que pueden estar asociados con llevar a cabo acciones de ayuda.

Más allá de los cinco pasos de toma de decisiones que influyen en la conducta prosocial, hay otros factores adicionales que también tienen un efecto en la probabilidad de que un espectador ayude o no. Los más importantes de ellos son:

Ayudar a aquellos que te agradan. 

Si la persona que se está ahogando en lugar de un extraño, fuera un gran amigo, hijo o hermano tuyo hace  que estés más dispuesto a ir en su ayuda. Esto es obvio. Los riesgos que uno está dispuesto a correr por alguien querido, inhiben las consecuencias que comentábamos anteriormente.
Si la víctima es un extraño pero debido a la similitud, atractivo físico y otros factores  tú sientes que es alguien que te agrada, influye en tu tendencia a prestarle ayuda. Cualquier factor que incremente la atracción del espectador hacia la víctima aumenta la probabilidad de una respuesta  si ésta necesita ayuda (Clark et al., 1987). La apariencia es un ejemplo: una víctima atractiva físicamente recibe más ayuda que una no atractiva (Benson, Karabenick y Lerner, 1976). Igualmente, no te sorprenderá saber que es más probable que los espectadores ayuden a una víctima que es similar a ellos que a una disímil (Dovidio y Morris, 1975; Hayden, Jackson y Guydish, 1984)..

Las atribuciones influyen en las emociones, y éstas en la conducta. 

Por ejemplo, si vemos a  un hombre tendido inconsciente en la acera, tu tendencia a ayudar  se verá influida por la atribución que hagas sobre esa situación, es decir,  ¿Por qué creo que este hombre está tendido ahí?. Lo primero que hacemos es observar  las señales que le rodean, (si su ropa está sucia o rota, si hay presencia de una botella al lado de él, etc.) y empezamos a hacer atribuciones (bebió demasiado y como consecuencia perdió el conocimiento, está en ese estado por su culpa y se podría haber evitado). En este caso, lógicamente estarás menos motivado a ayudarlo, ya que atribuyes este estado a su propia responsabilidad.  Si por el contrario, ves a este mismo desconocido bien vestido, con un golpe y con señales de haber sido atacado, tendrás más tendencia a ayudarlo ya que parece ser una víctima inocente de un accidente o atraco y no atribuyes que la responsabilidad sea suya. Culpar a la víctima es una de las maneras de recuperar tu propio sentido de control percibido sobre los hechos y así aliviar tus sentimientos de ansiedad en caso de no ayudar. Las personas escogen muy a menudo ignorar a la víctima por una variedad de razones,  tales como «no es mi responsabilidad» y «es su culpa».

El poder del ejemplo en la conducta de ayuda.
En una situación de emergencia,  la presencia de otros espectadores que no ayudan inhibe la ayuda. La mayoría de nosotros no escogería deliberadamente ser cruel y poco compasivo, pero podemos vernos impulsados en esa dirección si nos convencemos a nosotros mismos de que no hay razón para ayudar.
Sin embargo, también es verdad que la presencia de un espectador que ayuda provee un fuerte modelo social que da como resultado un aumento en la conducta de ayuda entre los otros espectadores.
Así mismo, los modelos que muestran conductas de ayuda en los medios de comunicación también contribuyen a la creación de una norma social que estimula la conducta de ayuda.

¿Y si existe un dilema moral, cuáles son los motivos que nos impulsan a ayudar?

Hay tres motivos principales que son relevantes cuando una persona se enfrenta con un dilema moral: Interés propio, integridad moral e hipocresía moral.

Interés propio (algunas veces llamado egoísmo): nuestro comportamiento se basa en la búsqueda de lo que nos proporciona la mayor satisfacción. Las personas para quienes este es el motivo principal no se preocupan por cuestiones relacionadas con el bien y el mal o con lo justo y lo injusto simplemente hacen lo que es mejor para ellos.
Integridad moral; los que están motivados por la integridad moral, toman en cuenta la bondad y la justicia, sacrificando el interés propio con el fin de hacer “lo correcto”. Las posibilidades de tomar una decisión moral aumentan si el individuo reflexiona sobre sus valores o alguien se los recuerda. Algunas veces el motivo de comportarse con integridad moral se ve derrotado en una situación específica si el interés propio es suficientemente fuerte.
Hipocresía moral; quieren parecer morales pero evitando los costes de ser morales en realidad, estas personas están motivadas por la hipocresía moral, es decir, están impulsadas por el interés propio pero también están preocupadas por las apariencias externas. Esta combinación significa que para ellos es importante parecer que se preocupan por hacer lo correcto, cuando en realidad continúan guiándose por sus propios intereses.

La conducta de ayuda desde el punto de vista del que la recibe

Si damos por supuesto que ayudar a alguien es siempre beneficioso para él, cometemos un error, ya que en muchos casos puede ser contraproducente.
Hay que distinguir entre la ayuda que alguien pide y la que se ofrece sin haber sido solicitada.
Pedir ayuda
La petición de ayuda a otra persona es el resultado de un proceso de decisión en el que el individuo se plantea tres cuestiones:

El problema que tengo ¿se solucionaría si alguien me ayuda?. En la decisión de pedir ayuda o no, sopesamos dos factores: los beneficios que se esperan de la ayuda, como mejorar nuestra situación personal, resolver el problema que tenemos o sentirnos mejor, y los costes de pedir ayuda, que pueden ser personales, como sentimientos de pérdida de autoestima, o sociales, relacionados con la imagen que damos a los demás.
¿Pido ayuda a alguien o no? El simple reconocimiento de que existe un problema no es suficiente para motivar a la gente a pedir ayuda. Según Nadles, (1991) el que una persona decida pedir ayuda o no pedirla depende de 1) sus características personales (edad, género, rasgos de personalidad), 2) la naturaleza del problema y el tipo de ayuda que se necesita, y 3) las características del potencial donante de ayuda.
¿A quién pido ayuda?. Muchas veces preferimos pedir  ayuda a alguien que pueda ayudar sin ser demasiado amenazante  para nuestra autoestima, antes que a la persona más competente. Otras veces, la conducta se mueve por consideraciones de estricta reciprocidad: el que hace algo por otro espera que el favor le sea devuelto, y si recibe algo de otro sabe que debe corresponder. También no poder devolver el favor al otro cuando creemos que se espera de nosotros que lo hagamos es un factor disuasor a la hora de pedir ayuda.



Reacción ante la ayuda recibida si no ha sido solicitada.

Aunque lo normal según el sentido común es que la persona que necesita ayuda la pida y la que la recibe la agradezca, la realidad no siempre es así de sencilla. Cuando ofrecemos nuestra ayuda a alguien, en especial si no nos la ha pedido, deberemos tener cuidado con la forma en que lo hacemos ya que puede derivar en un sentimiento de amenaza para quien la recibe. Recibir ayuda puede disminuir la autoestima, especialmente si quien ayuda es un amigo o alguien similar a nosotros en edad, educación u otras características Cuando la autoestima se ve amenazada, el afecto negativo que resulta crea un sentimiento de desagrado hacia la persona que la ofrece.
En general, la persona tenderá a percibir una ayuda como amenazante para su autoestima cuando:
Procede de alguien socialmente comparable a ella (es decir, alguien semejante en alguna característica relevante).
Cuando amenaza la propia libertad y autonomía (al quedar obligada a corresponder).
Cuando además de implicar una obligación de devolver el favor no da ninguna oportunidad para hacerlo (impidiendo al receptor cumplir las normas de reciprocidad y equidad).
Cuando sugiere que la persona que recibe la ayuda es inferior a la que la ofrece y dependiente de ella.
Cuando se refiere a un problema central para la identidad del receptor (por su repercusión en la imagen de sí mismo y hacia los demás).
Cuando no coincide con los aspectos positivos del autoconcepto del receptor.
En todos estos casos, la persona experimentará sentimientos negativos hacia la ayuda y hacia el que la ofrece.
Por lo tanto, una persona que recibe ayuda puede experimentar emociones negativas como incomodidad y sentirse resentida hacia la persona que la ayudó. Otras pueden sentirse deprimidas como consecuencia de recibir ayuda (las personas mayores discapacitadas físicamente, por ejemplo.)
La ayuda también puede ser percibida como un insulto (cuando un miembro de un grupo estigmatizado  recibe ayuda no solicitada de un miembro de un grupo no estigmatizado).

El recibir ayuda de amigos, familiares o vecinos en el caso de problemas serios (por ejemplo, dificultades financieras) puede conducir a sentimientos de inadecuación y resentimiento.
Cuando una persona responde negativamente a recibir ayuda, hay también un aspecto positivo que no es obvio. Cuando recibir ayuda es lo suficientemente desagradable como para que la persona quiera evitar volver a parecer incompetente, de nuevo, ella estará motivada a autoayudarse en el futuro (Fisher, Nadler y Whitcher- Alagna, 1982; Lehman et al., 1995). Esta motivación puede reducir los sentimientos de dependencia, entre otros beneficios (Daubman, 1995).
Si consideras que ayudar no está tan mal, has superado los cinco pasos en la toma de decisiones a la hora de prestar tu ayuda , has puesto en una balanza los costes y beneficios y aún así quieres ayudarme………..

Autora: María Teresa Vallejo Laso



Referencias Bibliográficas
Robert A. Baron; Donn Byrne Psicología Social 10ª Edición Pearson Educación, S.A., Madrid, 2005
Expósito, F. (1998), “Observando la conducta altruista” en M. Moya y cols. (eds.). Prácticas de Psicología Social, Madrid, UNED, PP.199-207.
J.F., Morales, Huici, C., Moya, M.; Gaviria, E.; López-Sáez, M.; Nouvillas, E. en Psicología Social. Mc Graw Hill, 2001.
Wright, R. (1994). The moral animal:The new science of evolutionary psychology. New York: Pantheon.
Gladwell, M. (Eds.) (2000). The tipping point: How little things can make a difference. New York: Little, Brown

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