Hay momentos que no se explican...
Solo se sienten.
Como el roce del viento entre los árboles.
O esa calma profunda que aparece cuando nadie te mira,
y te das permiso para simplemente... existir.
Hay días que no se llenan de palabras,
sino de instantes pequeños que acarician el alma.
Un paseo sin destino,
una sonrisa a solas,
o una lágrima que baja sin hacer ruido.
No siempre necesitas entender.
A veces, basta con estar.
Con respirar lento.
Y dejar que todo — absolutamente todo —
pase por ti,
como una ola que no quieres atrapar.
Hoy no hagas nada.
Solo mira.
Solo siente.
Porque hay instantes que no necesitan palabras.
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