En un diálogo inventado, David Pulido expone las razones por las que
deberíamos mirar con otros ojos la moda del 'coaching' y sus milagrosas
recetas para resolver los problemas de la vida cotidiana
Ante el emergente negocio del coaching, que ha irrumpido con fuerza
en la manera de tratar los problemas, los psicólogos nos hemos visto
envueltos en el
debate sobre su aparición y eficacia, cuestionados por
pacientes y también por allegados que no entienden por qué no se nos ha
ocurrido antes esta manera tan productiva de hacer terapia.
En este
diálogo ficticio
se exponen tanto los motivos por los que se ha popularizado el coaching
como las respuestas que damos los psicólogos que defendemos la
rigurosidad de nuestro trabajo. ¡Ojo, no es un debate imparcial!: El
título del artículo ya deja claro la postura que defiendo pero espero
que al terminar de leerlo se entienda también el por qué.
- ¿Qué tiene de malo que surja un nuevo método psicológico para tratar los problemas?
- Dejando para más adelante que ni es nuevo ni es un método, me llama
la atención que uses el término psicológico cuando la mayor crítica es
que
un coach no necesita ser psicólogo. Puede haber
estudiado empresariales o informática, hacerse un cursillo de meses de
duración (ni siquiera tiene que ser presencial) y empezar a ejercer de
“coach”. Eso sí; el término en inglés que queda mucho más sofisticado
que el de “entrenador”.
-
¡Qué manía con el intrusismo laboral! Yo no creo que un problema tenga que ser tratado obligatoriamente desde una única perspectiva profesional. No veo por qué su aparición es una amenaza a la terapia tradicional.
- No es un tema únicamente de intrusismo profesional, sino de cómo
complica la divulgación científica de nuestro trabajo.
Te lo planteo de otra manera:
¿Puedes explicarme tú qué tiene el
coaching de diferente respecto a lo que llamas “terapia tradicional”?
El eclecticismo ha hecho ya mucho daño a la psicología como disciplina científica como para que encima se considere una virtud
-
Está bien. De entrada lo que nos llega es que el coaching es para gente que no tiene problemas mentales serios sino problemas en su vida cotidiana.
-
Volvemos de nuevo a esa falsa línea divisoria que antes se trazaba
entre los psiquiatras y los psicólogos y que en nada se ajusta a lo que
vemos en consulta ni a la vivencia de cada persona: ¿Es que acaso un
problema de ansiedad o un trastorno obsesivo compulsivo no es grave? ¿Es
que una relación de pareja cotidiana o las habituales broncas con
nuestro hijo adolescente no merecen ser tratadas con toda la seriedad
posible? Tan erróneo es pensar que un psicólogo no puede tratar con
cuadros clínicos complejos como
inventarse una nueva categoría profesional si el problema es considerado “más mundano”.
-
A
lo que me refería es que el coaching es un tratamiento práctico, de dar
consejos concretos, mientras que la terapia tradicional es más un
proceso de escucha y de introspección.
- Eso es un error
clásico ya. Es cierto que existen corrientes terapéuticas, como el
psicoanálisis, que no dan pautas de manera directa pero
los tratamientos cognitivos conductuales son cortos,
dando un papel activo al paciente en el propio diseño de la
intervención, y empezando a trabajar sobre objetivos y técnicas
concretas desde la cuarta o quinta sesión. No hay nada más práctico que
eso. Y además de tener respaldo científico, los estudios demuestran que
los pacientes mejoran y lo hacen de manera permanente.
-
¿Ves? Ya hablas de diferentes corrientes dentro de la psicología. ¡Normal que la gente no se aclare! En cambio el coaching es ecléctico. Utiliza técnicas de diferentes corrientes; lo mejor de cada una; lo que en cada momento se necesite.
-
¡Me niego! El eclecticismo ha hecho ya mucho daño a la psicología como
disciplina científica como para que encima se considere una virtud. ¿Qué
pensarías de un traumatólogo que, dependiendo de la parte del cuerpo
que se te hubiera roto, te aplicara un antiinflamatorio, homeopatía o
te hiciera la danza de la lluvia?
¿Creerías que es un profesional serio que domina un campo? ¿Confiarías
siquiera que la medicina es una ciencia si cambia su marco teórico en
función del criterio de quien la aplica? La psicología lleva décadas
investigando, experimentando y reuniendo evidencia empírica para
explicar cualquier tipo de problema con los mismos principios
psicofisiológicos del aprendizaje.
-
¿Entonces sólo quien ha estudiado biología, aprendizaje, y los procesos cognitivos puede asesorar a alguien? Siempre han existido mentores,
sabios, gente que da buenos consejos ¡y no son psicólogos! Para poder
ser un modelo de conducta o guiar a alguien en la toma de decisiones no
hace falta siquiera estudiar una carrera.
- Con ese mismo argumento tampoco haría falta estudiar cursos de coaching. ¿O
te enseñan a ser sabio en los meses que dura la formación?. Ah no, para ser coach tienes que tener tu título de coach. ¡Menuda contradicción!.
Por
supuesto que existe gente que por su experiencia vital sabe aconsejar a
los demás. Puede que incluso no sean sabios y sepan decirte lo que
necesitas desde el apoyo o el cariño.
Todos tenemos un amigo que
sabe de informática al que pedimos consejo, o una madre a la que
preguntar por un guiso sin necesidad de que haya estudiado cocina, pero
cuando contratamos los servicios de alguien, exigimos a cambio
unos mínimos de profesionalidad que garanticen unos principios éticos y metodológicos.
-
Hablas de los coaches como si fueran directamente estafadores. Eso es injusto. Si se dedican a esto son personas que tienen vocación de servicio a los demás.
-
No, perdona, esos son los voluntarios, los activistas… las personas que
no cobran por ayudar. Los “gorrillas” que te dicen cómo aparcar un
coche no lo hacen para que les des las gracias.
Los coaches, con
mejor o peor intención, con mayor o menor calidad humana que los
psicólogos, eso es irrelevante, van a cobrarte unas tarifas por hacerte
de guía en tu vida ¿Es tan ilógico que exijamos saber de dónde vienen y
que garanticen saber
hacia dónde van?.
El coaching nace del fracaso de la psicología a la hora de explicar qué hacemos los psicólogos en terapia
-
Hablando de tarifas: Tal vez esa sea otra razón de peso: El coaching es más barato y mucho más accesible que la mayoría de terapias.
-
No hay nada más caro que pagar por algo que no funciona. O que no
sabemos si lo hace al no poder hacer un estudio riguroso dada la
inexistencia de un marco teórico. Si de verdad existe una intención de
aportar nuevas vías terapéuticas
se debería emplear más recursos en respaldar empíricamente lo que hacen
y menos en tratar de vender sus servicios o acabarán convirtiéndose en
el “Todo a cien” de la psicología.
-
Pero entonces… si el
coaching lo aplicaran psicólogos que quieran aplicar un enfoque más
práctico y directo a sus pacientes ¿te parecería bien que se hiciera?
- Por supuesto. ¡Pero eso ya existe desde hace décadas! Se llama
consultoría conductual o terapia breve.
Los psicólogos lo usan si al acabar la evaluación ven que el paciente
no tiene que aprender nuevas conductas sino usar de manera más óptima
sus propios recursos. Por eso es de una duración menor el tratamiento
sin salirse del marco científico y aplicado por profesionales que tienen
una visión general de la psicología.
-
Entiendo. Pero hay una
última cuestión que me perturba: Si todo es como dices, ¿por qué existe
el coaching?, ¿por qué existe entonces tanta demanda de un nuevo servicio si no es tan nuevo, ni tiene respaldo teórico ni una metodología clara ni una garantía en sus resultados?
-
Tienes toda la razón: El coaching nace del fracaso de la psicología a
la hora de explicar qué hacemos los psicólogos en terapia. Hemos
banalizado tanto nuestro trabajo que la gente no es capaz de ver que
tras cada pauta dada existe una disciplina científica detrás. Con cada
aparición televisiva con un polígrafo, con cada libro de auto ayuda por
autores que no ha visto un solo paciente, con cada fracaso a la hora de
aunar criterios metodológicos, hemos aupado a que cualquiera se vea con
la capacidad de tratar problemas psicológicos. Tras tantos mitos que
hemos tenido que desmontar para acercar a la gente a las consultas ahora
tenemos que coexistir con una nueva corriente terapéutica no
científica. La única manera de acabar con esta penitencia es la
divulgación y la ejemplaridad con la que hemos de ejercer nuestra
maravillosa profesión.
Fuente: David Pulido (elconfidencial) , compagina
la actividad clínica con la docente, siendo profesor del Máster de
Terapia de Conducta en el Instituto de Terapia de Madrid y profesor
honorario del Prácticum de la facultad de Psicología de la Universidad
Autónoma de Madrid. Su actividad profesional se ha desarrollado en
diversos ámbitos clínicos como centros de salud, centros de acogida de
menores o gabinetes de psicología. Ejerce como divulgador de la
psicología en programas de de televisión como 'Las mañanas de la 1',
'España Directo' o 'Las Mañanas de Cuatro'.